Europa: inmigrantes como mercancías
Opinión
Opinión

Europa: inmigrantes como mercancías

La solución al problema migratorio europeo no consiste en construir cómodos armarios para invisibilizar y almacenar inmigrantes sino en atacar los grandes desajustes estructurales. 

Una patera llegando a Tenerife.Denis Doyle via Getty Images

Después de una menguante polémica, el Parlamento y el Consejo Europeos dieron el lunes su visto bueno al reglamento de retornos de la Unión Europea, que respalda la creación de centros de deportación de inmigrantes en terceros países. Como es conocido, la primera ministra italiana, de extrema derecha, Giorgia Meloni, firmó hace meses con Albania un acuerdo por el que este país, que anhela ingresar en la Unión para redimirse de su situación tercermundista, albergará cupos de inmigrantes hasta que tenga lugar su expulsión definitiva. En su momento, la pragmática medida de Meloni, incluida en el peligroso capítulo de las "soluciones innovadoras" que plantean los ultras del continente, levantó las iras de los demócratas de toda la vida europeos, pero ahora el asunto ha sido resuelto sin alboroto alguno, y el sistema mediático ha enterrado la inhumana determinación en lugares casi inaccesibles de sus noticiarios.

A la medida se han adherido gustosamente los Países Bajos —gobernados por el liberal progresista Rob Jetten—, Dinamarca —con la socialdemócrata Mette Frederiksen al frente—, Alemania, Suecia, Malta, Austria y Grecia… algunos de cuyos gobiernos han traicionado su ideario tradicional al respecto. Muchos de estos actores se han puesto a trabajar pero todavía no se conocen los países previstos de destino, con la excepción albanesa. El acuerdo obtenido regula también las condiciones de dicho internamiento, que podría durar hasta 24 meses, prorrogable seis meses más. España, sin embargo, se comporta con la dignidad de una antigua metrópolis: está preparando una regularización de inmigrantes, necesaria para integrar a unos nuevos ciudadanos, que nos son tan gratos como necesarios: ellos salvarán la balanza demográfica y financiarán las jubilaciones de los propios españoles. No obstante, no puede negarse que es necesario organizar bien la inmigración para que sus efectos positivos se maximicen.

Algún actor europeo bien intencionado dirá que ya era hora de que la UE adoptara una política cada vez más homogénea en materia de inmigración, pero otros muchos pensamos que ante un problema tan complejo, Europa está empezando la casa por el tejado y olvidando las medidas básicas que debería emprender para orientar la cuestión migratoria en la zona de influencia internacional de la UE, que incluye Oriente Medio y África.

Cuando un territorio como el de la Unión Europea es objeto de una gran presión demográfica, que es debido a un elevado gradiente en materia de renta, lo lógico no es limitar la respuesta al levantamiento de muros materiales, políticos e intelectuales en las fronteras exteriores sino averiguar las causas de los flujos humanos y plantear, en la medida de lo posible, un panel de medidas para relajar la situación, moderar la presión y actuar de forma que las corrientes migratorias decrezcan o no se produzcan en absoluto.

Con respecto a África, las cifras son inquietantes: la población total de África es actualmente de 1.550 millones de personas, que podrían llegar a los 2.500 millones en 2050 según la ONU. Las entradas irregulares en Europa por rutas africanas son de unas 300.000 personas anuales, que llegan a 450.000 si se suman las entradas por todos los conceptos (trabajo, estudios, reunificación familiar y asilo). Entre 2014 y 2023, llegaron a Europa 4,6 millones de africanos.

Con todo, los movimientos migratorios más importantes en África no son hacia Europa sino entre países del propio continente. Por ejemplo, muchos emigrantes de África occidental se desplazan a Costa de Marfil, Nigeria o Sudáfrica, antes que a Europa.

No es en modo alguno prolijo recordar a la UE que el continente africano fue hasta hace poco colonia de los países europeos. Pero en todo caso, se acepten o no los argumentos históricos y sentimentales que hacen del sur depauperado el resultado de los desmanes del norte opulento, es claro que seria mejor para todos que ese norte rico y envejecido financiara el desarrollo ordenado del sur, lo que no solo fijaría a la población al terreno sino que proporcionaría pingües retornos a los inversores. El mecanismo de la cooperación al desarrollo, que ya está e marcha desde hace muchas décadas, resulta a todas luces insuficiente, pero podría ser la base de una acción más intensa y eficiente que la actual. Es bien conocido que los países del Sur de la UE han negociado con gobiernos africanos el control de la emigración a cambio de ciertas contrapartidas o de determinadas ventajas. No es ningún secreto que España contiene por este medio la presión demográfica de Marruecos y de Mauritania sobre nuestro país, por poner uno de los ejemplos más visibles.

La otra gran fuente de presión demográfica sobre Europa es Oriente Medio. Las sucesivas guerras de la región han generado flujos inmanejables sobre Europa a través de Turquía. Y es inevitable que las actuales guerras —la del Líbano promovida por Netanyahu y la de Irán-USA—, ulteriores al cruento genocidio cometido en Gaza que ha asolado el territorio, generen nuevos desplazamientos intensivos. Extrañamente, Europa se ha mantenido al margen de toda esta conflictividad, sin ver que el gran incendio político y material de la región acabaría contaminando la atmósfera europea. La renuncia de Bruselas a influir en Oriente Medio ha sido una dejación histórica que pagaremos muy cara los europeos.

En definitiva, la solución al problema migratorio europeo no consiste en construir cómodos armarios para invisibilizar y almacenar inmigrantes sino en atacar los grandes desajustes estructurales que vierten los efectos de los seísmos sociales y económicos sobre las tranquilas tierras de Europa. Nuestra apatía es la causa de que los grandes problemas migratorios sean, en fin, crónicos e inmanejables.

El HuffPost no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores o colaboradores de esta publicación.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Mallorquín, de Palma de Mallorca, y ascendencia ampurdanesa. Vive en Madrid.

 

Antonio Papell es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos del Estado, por oposición. En la Transición, fue director general de Difusión Cultural en el Ministerio de Cultura y vocal asesor de varios ministros y del Gabinete de Adolfo Suárez. Ha sido durante más de dos décadas Director de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación). Entre 2012 y 2020 ha sido Director de Comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y director de la centenaria Revista de Obras Públicas, cuyo consejo estuvo presidido en esta etapa por Miguel Aguiló. Patrono de la Fundación Caminos hasta 2024, en la actualidad es asesor de la Fundación. Ha sido durante varios años codirector del Foro Global de la Ingeniería y Obras Públicas que se celebra anualmente en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander.

 

Fue articulista de la agencia de prensa Colpisa desde los años setenta, con Manu Leguineche; editorialista de Diario 16 entre 1981 y 1989, editorialista y articulista del grupo Vocento desde 1989 hasta el 2021; y después de unos meses como articulista del Grupo Prensa Ibérica, es articulista del Huffington Post. También publica asiduamente en el diario mallorquín Última Hora. Ha sido colaborador del Diario de Barcelona, El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Mallorca, etc. Ha participado y/o participa como analista político en TVE, RNE, Cuatro, Punto Radio, Cope, TV de Castilla-La Mancha, La Sexta, Telemadrid, etc. Ha sido director adjunto de “El Noticiero de las Ideas”, revista de pensamiento de Vocento. Ha publicado varias novelas y diversos ensayos políticos; el último de ellos, “Elogio de la Transición”, Foca/Akal, 2016.

 

Asimismo, ha publicado para la Ed. Deusto (Planeta) sendas biografías profesionales de los ingenieros de Caminos Juan Miguel Villar Mir y José Luis Manzanares. También es autor de un gran libro conmemorativo sobre el Real Madrid: “Real Madrid, C.F.: El mejor del mundo” (Edit. Global Institute).

Más de Opinión

Comentar:
comentar / ver comentarios