Ferran Torres y el triunfo de la fe: el 'héroe improbable' corona a España con la segunda estrella de campeona del mundo por justicia
Un gol del valenciano en la prórroga da el Mundial a la selección de Luis de la Fuente, infinitamente superior a una Argentina desaparecida y agarrada únicamente al sueño de los penaltis con la ayuda de un arbitraje escandaloso.

España, esta noche, suena a claxon y vuvuzela. España, esta noche, no tiene sueño. España, esta noche, brilla más que nunca y lo hace gracias a su segunda y más rutilante estrella. Porque España es CAMPEONA DEL MUNDO.
Es el triunfo del fútbol, del deporte frente a las maniobras. Del juego limpio frente a las marrullerías revestidas de la palabra 'canchero' que tanto y tan bien practica Argentina. Es, también, el triunfo del héroe más inesperado, Ferran Torres, del que nunca dejó de buscarlo y del que posiblemente ni esperase ser el protagonista de la historia que todos soñamos contar. Un gol del delantero valenciano en la prórroga le ha dado la Copa del Mundo a la mejor selección del mundo.
Argentina no quiso, pero tampoco pudo. España agobió y monopolizó el juego como pocas veces se ha visto en una final, anulando durante los 120 minutos a la campeona en ejercicio, que hizo de la 'nada' su argumento para resistir hasta los penaltis, ayudada por un arbitraje escandaloso. Triste despedida de la élite para Leo Messi.
El fútbol reservaba su hueco en los libros a Ferran Torres. Su fe y una volea con el alma pusieron la firma a una segunda estrella que, en el fondo, es de todos. Porque esta noche, al menos esta noche, España se mueve bajo un mismo sentir.
Las cartas, al descubierto
Scaloni reservaba tres 'sorpresas', dentro de que en Argentina toda sorpresa es menor siempre que esté Messi al frente. De la Fuente, en cambio, desveló sus cartas hace tiempo, incluido un Fabián estelar ya inamovible del once titular. En cuanto se puso el balón en juego, el vértigo fue inmediato.
Dos acciones seguidas de Lamine, previas genialidades de Olmo y Rodri, 'abrieron' de verdad la final obligando al 'Dibu' a presentarse de inmediato, como tuvo que hacer acto seguido Unai Simón con una salida salvadora casi al medio campo para arreglar un error de Cubarsí. Algo nervioso el central del Barça, fueron varios sus balones no del todo expeditivos. Por fortuna, el meta del Athletic es tan portero como líbero y a eso jugó buena parte del primer tiempo.
Argentina mostró pronto la intensidad que todos esperaban, no tanto el talento que se les reconoce a pesar de su evidente caída con respecto a la plenitud de 2022. Sin ese brillo, el plan pasaba por meter la pierna fuerte, aprovechando la permisividad arbitral vivida en todo el torneo —clamorosa la amarilla que libró Mac Allister por su entrada a Olmo— y trabajar la protesta como nadie sabe hacer. Futbolísticamente, poco. En el previsible duelo de estrellas Messi-Lamine, a los puntos ganaba claramente el extremo español, tanto por su banda derecha como por todas partes por donde pudiera 'oler' balón.
A Lamine seguía sin salirse 'su' acción, pero su omnipresencia obligó en todo momento a recolocarse a la defensa rival. En el otro lado, Messi se mostraba en 'modo ahorro', pendiente de cualquier mínimo error de la zaga española para correr y buscar el hueco. Más allá de su nombre, el astro mundial apenas apareció en los primeros 45 minutos. Julián Álvarez, menos aún.

Y fue en buena medida, por la agobiante presión española, que apretó su desafío físico tras la pausa de hidratación. La subida de líneas incomodó de forma constante la salida de balón de los de Scaloni. Con Rodri siempre como cerebro, la polivalencia de Olmo y las incorporaciones de Cucurella por banda izquierda dieron pie a varias situaciones de peligro, que Argentina repelió acumulando efectivos atrás. Cuando no fue la zaga, fue el Dibu, como en un tiro centrado de Oyarzabal.
La más clara la tuvo antes del descanso Cucurella con un disparo cruzado rozando el poste, antes de la lesión de Lisandro, que obligó a Scaloni a mover el banquillo antes del medio tiempo para sacar al veteranísimo —y curtido en mil batallas— Otamendi. De todos los que podían lesionarse, fue la noticia menos mala para la campeona, porque minutos antes Lisandro había recibido una amarilla que amenazaba con condicionar su prestación.
Argentina, tocada; España crece
España parecía tener el partido en un punto favorable, pero Argentina tampoco terminaba de verse sometida. El descanso llegó para dar paso a la prescindible actuación musical y ofrecer muchos minutos de análisis a ambos equipos. Especialmente a la albiceleste, que retocó el equipo para equilibrar su desaparecido centro del campo con Paredes.
De la Fuente mantuvo nombres y esquema. Un susto de Lamine a la espalda de la zaga y una recuperación de Baena renovaron los sustos en el área americana, mientras Argentina trataba de manejar más balón, con Messi bajando a recibir. España tardó poco en reubicarse al nuevo diseño del rival, que entre toque y toque aprovechó para calentar algo más el encuentro con varias acciones a destiempo de Paredes.
El mediocampo español comenzaba a funcionar de nuevo. Una combinación entre Fabián y Oyarzabal y una posterior incursión en velocidad de Olmo devolvieron cierta 'normalidad' a una final en la que el ritmo lo marcaba el equipo de Luis de la Fuente. Pero no era suficiente. Cumplida la hora de juego, Pedri y Ferran saltaron por Fabián y Oyarzabal, dos cambios 'hombre por hombre' para buscar, quizás, más electricidad.
El efecto fue inmediato. Escapando a las patadas gratis de la campeona, la aspirante empezó a atosigar a un 'Dibu' Martínez que mostró sus costuras con unas manos blandas a tiro inocente de Olmo. La pausa de hidratación —la última del Mundial y ojalá del fútbol profesional— le dio oxígeno a una Argentina tocada en todos los sentidos. El Cuti Romero también se fue al suelo para no detener su carrusel de cambios tempranos; España apuró algo más, con Merino y Nico Williams para el último cuarto de hora y previsión de algo más, sin olvidar una prórroga que Argentina parecía firmar con descaro mientras el Dibu multiplicaba esfuerzos y dudas.
Acoso sin derribo y puré de patadas
A España solo le faltaba concretar una de sus muchas llegadas al área, la mayoría con Ferran como obstinado protagonista en busca del gol desde que comenzó el Mundial. Y en esas nos metimos en el descuento, que dio mucho de sí. De la única verdadera ocasión albiceleste a una contra que Nico Williams no supo redondear. De la acción siguiente, una patada a destiempo de Enzo provocó su expulsión. Argentina se quedaba con 10 al filo de la prórroga y no fue con 9 porque el árbitro esloveno se la perdonó a Paredes tras un patadón al futuro héroe al filo de la media luna. Era atreverse a demasiado, quizás. Lamine tuvo el gol en una falta que hubiera pasado a la posteridad, pero esta vez Martínez estuvo certero en la estirada. Tocaba prórroga.
Argentina no disimulaba que su objetivo era llegar a penaltis y encomendarse a un Dibu Martínez creciente en sus intervenciones. Una mano suya apareció salvadora a remate sutil de Nico nada más comenzar el tiempo extra. Donde ya no llegó él sí lo hizo el árbitro esloveno. Slavko Vincic decidió anular el gol de Nico por una increíble falta de Merino sobre Otamendi que solo vio él en el césped.
Faltaba la firma
El momentum supuso el sorprendente pero necesario debut de dos jugadores de España. Zubimendi y Eric García tuvieron que sustituir a Rodri y Laporte, ambos ya muy tocados. No había hueco para nadie más, con todos los cambios hechos. Lo que no cambió fue la dinámica, con Argentina agarrada a su campo y Scaloni más pendiente de protestar sabe Dios qué que de plantear alguna variación táctica. A todo esto, Merino rozó el gol a centro de Cucurella. Al acoso solo le faltaba el derribo. Y el derribo lo firmo el que más lo buscó nada más comenzar la segunda parte de la prórroga, precisamente el que menos parecía que lo iba a encontrar.

La enésima combinación en largo sobre el área argentina llevó el balón al segundo palo. Sin obstinarse como en ocasiones previas y posteriores, Nico fue listo y se la dejó botando a Ferran Torres. El valenciano, el del Barça, el delantero más cuestionado, la empaló con el alma para clavar el 1-0. ¡Tanto lo merecía España, tanto lo merecía el de Foios!
Quedaban 15 minutos y el descuento, equivalentes en tiempo para los corazones españoles a dos años luz. Argentina, ahí sí, apareció, como lo hizo Messi, que inventó balones y pases hasta entonces desaparecidos. Los nervios en el área española eran evidentes y entendibles. El empate no llegó, nadie sabe cómo, en el marasmo de piernas, pero la fortuna jugó a nuestro favor y se tornó en justicia. ¡ESPAÑA ES CAMPEONA DEL MUNDO!
