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La creciente desconfianza de los electores

La creciente desconfianza de los electores

"Hay una creciente desconexión entre las sociedades nacionales y las clases políticas respectivas. Un síntoma grave del mal funcionamiento del sistema representativo".

El presidente estadounidense, Donald Trump, en una imagen de archivo.
El presidente estadounidense, Donald Trump, en una imagen de archivo.REUTERS/Nathan Howard

En 2024, los votantes de varias de las democracias consolidadas castigaron electoralmente a los políticos en el gobierno : el republicano Trump ganó con facilidad a los Demócratas, después de un mandato desafortunado de Biden y frente a una mala candidata como Kamala Harris. Asimismo, al otro lado del Atlántico, los británicos expulsaron con rotundidad a los conservadores, tras 14 años de estar en el poder.

Pero las mudanzas no han generado estabilidad: Trump, arbitrario, inseguro, megalómano, belicoso hasta la náusea, podría ser derrotado en las próximas elecciones de medio mandato de noviembre. Aunque tiene el poder asegurado hasta 2029, un mal resultado ahora, con la consiguiente pérdida del control de las cámaras, convertiría al provecto multimillonario en el consabido “pato cojo”·, sin posibilidad real de gobernar más allá de los asuntos corrientes. Asimismo, el actual primer ministro británico Keir Starmer, está en la cuerda floja y pocos piensan que puede llegar a finales de año. En definitiva, las mismas sociedades que hace dos años provocaron grandes cambios en el mundo anglosajón vuelven a mostrar desafección hacia los nuevos líderes.

El diario POLITICO acaba de publicar un reportaje sobre este particular, basado en sendas encuestas de Public First, una en los Estados Unidos en mayo y otra en el Reino Unido en junio, sobre sendas muestras de unos 2.000 adultos y con un margen de error de 2,2 puntos porcentuales. Y la principal conclusión ha sido la creciente desconexión entre las sociedades nacionales y las clases políticas respectivas. Un síntoma grave del mal funcionamiento del sistema representativo.

En 2024 -refiere el mencionado medio-, el rechazo a los gobernantes en ejercicio se produjo en medio de una creciente frustración por el costo de vida y una inquietud económica más amplia. Si esa reacción fue una respuesta temporal o refleja una insatisfacción arraigada con las instituciones políticas, es una pregunta que ahora se plantean los líderes a ambos lados del Atlántico, a medida que la preocupación por su futuro sigue aumentando.

De momento, en los Estados Unidos, los votantes están totalmente centrados en las prioridades domésticas y las preocupaciones cotidianas, como la alimentación, la atención médica y el costo de la vivienda. Por lo tanto, cuando el establishment y los titulares de los periódicos se centran en conflictos internacionales y perturbaciones en los mercados globales, esta desviación acentúa aún más esta desconexión. Trump, en concreto, no solo ha faltado a su palabra de no producir más conflictos exteriores sino que ha actuado como un energúmeno ante la comunidad internacional, desentendiéndose en la práctica de las demandas del electorado.

En el Reino Unido, el análisis de Public First revela una profunda desilusión. Se han utilizado indicadores para comprender ese sentimiento de "antipolítica", y se ha detectado la patología: muchos votantes creen que los políticos solo buscan su propio beneficio, que el discurso político rara vez se traduce en acciones reales y que la ciudadanía tiene poca influencia sobre lo que hacen los políticos. Los desencantados representan casi la mitad de los adultos británicos (el 45%) y el 37% de los adultos estadounidenses.

Los resultados ponen de manifiesto el desafío al que se enfrentan Starmer y los futuros contendientes por la Casa Blanca. Los nuevos datos de la encuesta de POLITICO, realizada el fin de semana pasado, muestran que casi dos tercios de los adultos británicos (el 64 %) no creen que Starmer vaya a seguir siendo primer ministro hasta las próximas elecciones generales.

Es significativo comprobar que, en sus muestras de desagrado, los electores no culpan al sistema sino a los políticos. Casi la mitad de los adultos británicos, el 45%, afirma que el país cambia constantemente de primer ministro "porque ninguno es bueno", mientras que solo el 26% culpa a "grandes problemas que ni siquiera un buen primer ministro podría resolver".

Las encuestas condenatorias son claras: En Estados Unidos, el 71% de los adultos afirma que los políticos solo se preocupan por sí mismos, incluyendo el 79% de quienes apoyaron a la exvicepresidenta Kamala Harris en 2024 y el 71% de quienes votaron por Trump. En el Reino Unido, los votantes están igualmente enfadados con los políticos, a quienes culpan de su incapacidad para abordar diversos problemas, como el costo de vida y la inmigración. Una encuesta de POLITICO realzada durante el pasado fin de semana en el Reino Unido muestra que el 56% de los adultos británicos considera que el mayor problema de la política en el Reino Unido son los políticos que no actúan correctamente, mientras que solo el 15% culpa al sistema en sí.

Esta profunda insatisfacción se ha transformado en una frustración constante contra los gobernantes y los partidos en los últimos años. En Alemania, el Partido Socialdemócrata del canciller Olaf Scholz obtuvo el peor resultado en unas elecciones nacionales en varias décadas, y Justin Trudeau, de Canadá , dimitió en medio de la creciente frustración de los votantes. Tan solo desde febrero del año pasado, los gobernantes de Alemania, Hungría, los Países Bajos y la República Checa han sido destituidos en elecciones clave.

El problema es grave y complejo y hunde sus raíces en la concepción misma de la democracia, en el arraigo de los valores imperantes, en la formación de las clases políticas y en el civismo de los ciudadanos. No hay remedios automáticos ni seguros capaces de mitigar esta situación, pero sí hay una serie de acciones urgentes que irían sin duda en la buena dirección: habría que prestigiar los partidos políticos, que deberían ser también centros de formación conectados a las Universidades y a las instituciones intelectuales y docentes. Sería necesario perfeccionar los sistemas de control del sector público, de forma que fuese prácticamente imposible la corrupción. Deberían utilizarse las modernas tecnologías para controlar el papel legítimo de los lobbies y asegurar que no realizarán tráfico de influencias. Habría que renovar y potenciar los movimientos asociacionistas, sometiendo a los vetustos sindicatos a una modernización integral y fomentando el surgimiento de instituciones filantrópicas que cooperen con los poderes públicos…

La política no es un epifenómeno aislado sino una potencia del colectivo humano. No puede, pues, disociarse del sistema social, que debe seleccionar a los mejores y más voluntariosos para las funciones más elevadas. No será fácil pero es indispensable: nos jugamos el futuro en ello.

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Mallorquín, de Palma de Mallorca, y ascendencia ampurdanesa. Vive en Madrid.

 

Antonio Papell es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos del Estado, por oposición. En la Transición, fue director general de Difusión Cultural en el Ministerio de Cultura y vocal asesor de varios ministros y del Gabinete de Adolfo Suárez. Ha sido durante más de dos décadas Director de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación). Entre 2012 y 2020 ha sido Director de Comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y director de la centenaria Revista de Obras Públicas, cuyo consejo estuvo presidido en esta etapa por Miguel Aguiló. Patrono de la Fundación Caminos hasta 2024, en la actualidad es asesor de la Fundación. Ha sido durante varios años codirector del Foro Global de la Ingeniería y Obras Públicas que se celebra anualmente en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander.

 

Fue articulista de la agencia de prensa Colpisa desde los años setenta, con Manu Leguineche; editorialista de Diario 16 entre 1981 y 1989, editorialista y articulista del grupo Vocento desde 1989 hasta el 2021; y después de unos meses como articulista del Grupo Prensa Ibérica, es articulista del Huffington Post. También publica asiduamente en el diario mallorquín Última Hora. Ha sido colaborador del Diario de Barcelona, El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Mallorca, etc. Ha participado y/o participa como analista político en TVE, RNE, Cuatro, Punto Radio, Cope, TV de Castilla-La Mancha, La Sexta, Telemadrid, etc. Ha sido director adjunto de “El Noticiero de las Ideas”, revista de pensamiento de Vocento. Ha publicado varias novelas y diversos ensayos políticos; el último de ellos, “Elogio de la Transición”, Foca/Akal, 2016.

 

Asimismo, ha publicado para la Ed. Deusto (Planeta) sendas biografías profesionales de los ingenieros de Caminos Juan Miguel Villar Mir y José Luis Manzanares. También es autor de un gran libro conmemorativo sobre el Real Madrid: “Real Madrid, C.F.: El mejor del mundo” (Edit. Global Institute).

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