Sergio Nasarre, catedrático de Derecho Civil: "Construir más casas en una urbe saturada solo atrae a más ciudadanos, creando una espiral de demanda que nunca se llega a cubrir"
Advierte que construir más viviendas no resolverá por sí solo la crisis.

Muchos jóvenes han asumido que compartir piso durante años o destinar una parte desproporcionada del sueldo al alquiler es el precio inevitable de vivir donde están las oportunidades. Sin embargo, cada vez más expertos sostienen que el problema no es solo que falten viviendas, sino que el modelo de crecimiento urbano está alimentando una demanda que parece imposible de satisfacer.
El Banco de España estima que el déficit acumulado alcanza ya las 750.000 viviendas, aunque más de la mitad de esa carencia se localiza únicamente en seis provincias: Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia y Málaga. Madrid lidera el desequilibrio con unas 120.000 viviendas de diferencia entre la oferta y la demanda, mientras que provincias como Soria presentan un excedente de inmuebles sin uso o destinados a segundas residencias.
Para el catedrático de Derecho Civil y fundador de la Cátedra Unesco de Vivienda, Sergio Nasarre, el error consiste en pensar que la solución pasa únicamente por construir más edificios en las grandes ciudades. "Construir más casas en una urbe saturada solo atrae a más ciudadanos, creando una espiral de demanda que nunca se llega a cubrir", sostiene el experto en declaraciones recogidas por El País, que considera que el verdadero problema reside en un modelo territorial que concentra empleo, inversión y servicios en unos pocos núcleos urbanos.
Más allá del sector inmobiliario
Sergio califica este modelo como una "depredación territorial". A su juicio, durante años las políticas públicas han favorecido el crecimiento de las grandes áreas metropolitanas mientras numerosas provincias perdían población, actividad económica y oportunidades. El resultado es que miles de personas continúan trasladándose hacia ciudades donde el acceso a la vivienda resulta cada vez más difícil, mientras buena parte del parque residencial del interior permanece infrautilizado.
Las consecuencias de este problema van mucho más allá del mercado inmobiliario. La falta de viviendas asequibles está dificultando que sectores esenciales encuentren trabajadores en algunas ciudades y destinos turísticos, además de reducir la capacidad adquisitiva de muchas familias. Los economistas advierten que este desajuste territorial también termina afectando al crecimiento económico al impedir una distribución más eficiente de la población y del empleo.
El propio Banco de España reconoce que el problema no responde únicamente al número de viviendas construidas, sino a dónde se levantan y a la incapacidad de la oferta para seguir el ritmo de creación de nuevos hogares en las zonas con mayor demanda. Mientras esa concentración de población continúe aumentando, los expertos advierten que la presión sobre el mercado seguirá creciendo y el acceso a una vivienda asequible continuará siendo uno de los grandes desafíos del país.
