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09/03/2016 07:07 CET | Actualizado 09/03/2016 10:00 CET

Elecciones, no

De boquilla o de verdad, todos dicen que no. No y no. Que no quieren elecciones generales porque el mandato de los ciudadanos es que se pongan de acuerdo y pacten. Sorprende escuchar a los dirigentes de los partidos. La seriedad y la contundencia con que afirman saber que están condenados a facilitar la formación de Gobierno, cuando hace solo cuatro días de la investidura fallida.

De boquilla o de verdad, todos dicen que no. No y no. Que no quieren elecciones generales porque el mandato de los ciudadanos es que se pongan de acuerdo y pacten. Sorprende escuchar a los dirigentes de los partidos. La seriedad y la contundencia con que afirman saber que están condenados a facilitar la formación de Gobierno, cuando hace solo cuatro días de la investidura fallida. Han comprendido que la falta de acuerdo penaliza, no solo porque lo digan las encuestas -de las que viven pendientes- sino porque en la calle, sus propios votantes les paran y no precisamente para piropearles, sino para exigirles.

"Percibo que la gente no quiere ir a votar, me lo han dicho nuestros propios votantes, y eso podría afectar a las fuerzas del cambio" reconoce Joan Balldoví, portavoz de Compromís en el Congreso, consciente del efecto presión que ejercen los tracking electorales en las fuerzas políticas. "En la calle nos dicen de todo, se entiende mal que no nos pongamos de acuerdo", apunta Juan Carlos Girauta, portavoz de Ciudadanos.

DEL 'Y TÚ MÁS' A 'LA CULPA ES TUYA'

Por eso han entrado en un nuevo juego: cambian el titulado "y tú más" de la vieja política, por "la culpa es tuya" si no hay acuerdo. Los cuatro grandes, tan aficionados a las citas en los platós y en las tribunas, andan estos días dándole vueltas a San Agustín con el caos que tienen montado ante los ciudadanos. "El alma desordenada lleva en su culpa la pena" decía el santo; y sus señorías, educados en la tradición católica como sus votantes, andan urdiendo trampas para repartirse la culpa del desorden en que se desenvuelven. Conscientes del castigo que impondrán los votantes, el número dos de Podemos, Iñigo Errejón, insiste en que "tenemos la obligación de que no sea por nosotros", la frase que resume la imagen con la que trabajan todas las formaciones para que nadie pueda acusarles de no haber hecho lo posible.

Iñigo Errejón y Pablo Iglesias en el Congreso

En esa vulgaridad de 'por nosotros que no quede', pesa no solo el hartazgo que perciben entre la ciudadanía, sino también las cifras. A ver cómo explican que tras gastar 160 millones de euros, los que costaron las elecciones del 20D, haya que volverlos a desembolsar el 26 de junio porque no son capaces de llevar a cabo la misión que los votantes les encomendaron. Y que acto seguido, tras las nuevas generales, el país seguirá en stand by al menos hasta las próximas Navidades. Todos coinciden en que el resultado no distará demasiado del actual y tendrán que volver a intentar ponerse de acuerdo. Tanto tiempo perdido con la de medidas urgentes que hay que abordar cuando PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos no dan más de año y medio de vida al Ejecutivo Frankenstein que finalmente se consensúe. Errejón insiste: "No sé si habrá elecciones, pero nosotros no queremos que las haya. Queremos un Gobierno con el PSOE aunque ellos no paran de poner excusas. Yo creo que lo que pasa es que no les dejan".

"Esperamos que no haya elecciones"

Idéntico mantra repite Irene Montero, su portavoz adjunta: "No queremos elecciones generales, esperamos que no las haya; por eso estamos intentando hablar con el PSOE cada día". Es como si el partido de Pablo Iglesias no hubiera estado bloqueando un pacto desde el primer momento, proponiendo ministerios y marcando como línea roja la participación de Ciudadanos. Para colmo, las cosas se les están liando por días, cuando no les revienta entre las manos Euskadi, Galicia o Cantabria, les estalla Cataluña. Así que cuando insisten en que no quieren elecciones, dan tentaciones de creerles. Cada día es más complicado pensar que mejorarían resultados en una nueva convocatoria electoral.

"No queremos nuevas elecciones. No por lo que dicen las encuestas, que incluso nos dan una subida, sino porque nos parece tremendo estar así, sin tomar una postura en temas cruciales como por ejemplo los refugiados. Como sigamos así nos vamos a Navidades sin gobierno. Nuestro pacto está abierto. No hay líneas rojas. Solo la soberanía nacional. Hasta el 1% del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) es negociable, como el resto de la parte económica" explica Girauta (PSOE) repleto de buenos propósitos, convencido de que la gente está cansada. "La gente quiere pacto", pero todo su voluntarismo se va al garete al interrogarle sobre si se sentarían con Podemos o reconsiderarían su posición anti-referendum en Cataluña. Eso sí recuerda que en ese papel -al que se pueden sumar todos en la teoría- no se dice en ningún sitio que el candidato a la presidencia tenga que ser Pedro Sánchez.

UN CHIP EN EL CEREBRO DE ALBERT RIVERA

Hasta aquí, las posiciones de almas desordenadas como Podemos y Ciudadanos, los nuevos. Pero si paramos en los viejos, el título es el mismo y el desorden parecido. "No creo que vaya a haber elecciones porque vamos a hacer un esfuerzo para llegar a un acuerdo" nos espeta Antonio Hernando, el mismo día que tiene que explicar el por qué de su cambio de actitud.

Antonio Hernando y Pedro Sánchez en el Congreso

Ahora sí que se van a sentar con el PP como quería Ciudadanos. "Lo que ha cambiado es que el reloj corre muy deprisa" pero no quiere entrar al trapo cuando le interrogan sobre la posibilidad de que los socialistas apoyen a Rivera en caso de que este surgiera como figura en un pacto PP (sin Rajoy), Ciudadanos y PSOE. "Esa es una hipótesis que no se ha planteado ni Rivera" remata Hernando, como si tuviera un chip dentro del cerebro del líder de Ciudadanos.

"La corrupción ha pasado a ser la segunda preocupación de los españoles"

Lo único que comparte el Partido Popular con los otros tres en cuanto a actitud se refiere, es el título: "Nosotros no queremos elecciones. No sé si las va a haber, pero en el PP lo que queremos es que haya Gobierno" explica José Luis Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, mano derecha de Soraya Saénz de Santamaría. Ayllón se agarra a la urgencia repetida por el jefe Rajoy el mismo día en que han salido los resultados del CIS hasta febrero. Anuncian que la corrupción ha pasado a ser la segunda preocupación de los españoles, solo por detrás del paro. Ha subido ocho puntos con respecto al anterior sondeo y, aunque tratan de envolver en la misma sábana sucia a los socialistas, no hay que ser una lumbrera para adivinar que el grueso del castigo a los corruptos recae sobre los populares. De seguir así las cosas -y no parece que los casos de corrupción vayan a pararse- el otro martilleo desde el 21D, que las elecciones generales favorecen al PP, también puede resquebrajarse.

Los más claros y ligeros sobre si quieren unas nuevas elecciones o creen que las habrá, son los nacionalistas. Carles Campuzano, portavoz adjunto de Democracia y Libertad en el Parlamento, tiene muy presente lo que sucedió en Cataluña cuando afirma que "no va a haber elecciones" con una seguridad que resulta pasmosa en un contexto de mareo como el de esta semana. "Mi partido considera que no es bueno -añade Campuzano- porque la sociedad lo que esta esperando es que nos pongamos de acuerdo. ¿Hay líneas rojas? En política no hay lineas rojas, pero es primordial abordar la cuestión catalana, sentarnos con los demás partidos para entender lo que significa el referéndum".

Aitor Esteban, portavoz del PNV

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, una de las voces que más aúna parabienes en cuanto al sentido común que acumula en su cabeza y en su comportamiento, es rotundo. "No quiero que haya elecciones. Debemos de evitarlas a toda costa". Responde a la pregunta, a pesar de que sale escopetado de la Mesa del Congreso hacía otra reunión y ha tenido que abandonar unos minutos antes que los demás. Es el primero que confirma que pedirán a Rajoy que acuda al Congreso a explicar las jornadas de Bruselas sobre el Brexit y la cumbre del Consejo de Europa sobre los refugiados.

EL TERCER HOMBRE

Jugadas quedan más de las que se airean, susurran quienes no quieren dar su nombre, pero si están encantados de enredar. Unos cuantos estos días. Además del movimiento hacia el acuerdo PP y Ciudadanos -sin Rajoy claro- con una abstención del PSOE, está El Tercer Hombre, la jugada más atractiva sobre el papel por lo que entraña de evocación a novela negra, Graham Green y Orson Wells. Sólo que el guión lo escriben de diferente manera. Para Pablo Iglesias, el tercer hombre sería una "figura independiente de prestigio" que presidiera un Gobierno de izquierdas. Él y los suyos han recuperado el mensaje estos días, pero ya lo lanzó dos días después del 20-D.

Por contra, para los populares, socialistas y Ciudadanos, esa "figura" independiente que llevará a un gobierno quasi de concentración, estaría encarnada por el correspondiente burócrata consensuado con Bruselas, como ya pasó con Mario Monti en Italia o Lucas Papademos en Grecia. Todo, susurran, antes que llegar a unas elecciones generales con la que está cayendo dentro y fuera de la Unión Europea.

Verdad o mentira lo que gritan y lo que cuentan en voz baja, lo cierto es que la ciudadanía empieza a pensar que la diferencia entre los nuevos y los viejos se diluye, el desapego cunde y eso también les asusta.