57,5 gigatoneladas de carbono: investigadores descubren una bomba de relojería climática bajo el Ártico
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57,5 gigatoneladas de carbono: investigadores descubren una bomba de relojería climática bajo el Ártico

Investigadores alertan de que el deshielo de los deltas árticos podría liberar enormes cantidades de CO₂ y metano almacenadas durante miles de años.

Los deltas de los ríos árticos contienen 57,5 ​​gigatoneladas de carbono. El deshielo del permafrost está haciendo que estas reservas sean cada vez más vulnerables.

Anadolu via Getty Images

Durante milenios, los grandes ríos del Ártico han actuado como gigantescos congeladores naturales. Restos de plantas, sedimentos y materia orgánica quedaron atrapados en el permafrost, el suelo permanentemente congelado que cubre amplias regiones del norte del planeta. Mientras las temperaturas permanecieron bajo cero, ese material quedó inmovilizado.

Pero el calentamiento global está cambiando las reglas.

Un nuevo estudio liderado por científicos del Instituto Alfred Wegener (AWI) ha calculado por primera vez con precisión cuánta materia orgánica almacenan los deltas de los grandes ríos árticos. La cifra es enorme: alrededor de 57,5 gigatoneladas de carbono y 3,8 gigatoneladas de nitrógeno permanecen atrapadas bajo esos suelos congelados.

Los investigadores advierten de que, a medida que el permafrost se descongele, parte de ese carbono podría regresar a la atmósfera en forma de dióxido de carbono y metano, intensificando aún más el calentamiento global.

Un almacén gigantesco oculto bajo el hielo

El trabajo, dirigido por Matthias Fuchs, analizó más de 1.600 muestras procedentes de 17 deltas fluviales repartidos por todo el Ártico. Entre ellos destacan algunos de los sistemas más importantes del planeta, como Lena (Rusia), Mackenzie (Canadá) y Kobuk.

La superficie estudiada ronda los 100.000 kilómetros cuadrados, una extensión similar a la de Corea del Sur. Sin embargo, pese a representar apenas una pequeña fracción del Ártico, contiene aproximadamente el 5% de todo el carbono almacenado en el permafrost terrestre.

El equivalente a más de doce años de emisiones humanas

La magnitud del hallazgo se entiende mejor comparándola con las emisiones actuales. Las actividades humanas incrementan cada año el carbono atmosférico en aproximadamente 4,5 gigatoneladas.

Las 57,5 gigatoneladas detectadas en estos deltas equivalen a más de doce veces esa cantidad anual. No significa que todo ese carbono vaya a liberarse de golpe. Los investigadores subrayan que se trata de un proceso gradual que podría desarrollarse durante décadas o siglos. Pero el potencial climático es enorme.

Un problema que había pasado desapercibido

Hasta ahora, gran parte de la investigación sobre el permafrost se había centrado en las extensas regiones interiores del Ártico. Los deltas fluviales habían recibido mucha menos atención.

Según explica Guido Grosse, responsable de investigación sobre permafrost en el AWI, estos estuarios funcionan como auténticos almacenes naturales donde los ríos acumulan durante miles de años enormes cantidades de materia orgánica. Y precisamente por eso pueden convertirse en puntos especialmente sensibles al cambio climático. 

Cinco amenazas al mismo tiempo

Lo que preocupa a los científicos es que los deltas árticos están sufriendo múltiples transformaciones simultáneamente.

Entre ellas están el aumento de la temperatura del aire, los ríos más cálidos, la desaparición progresiva del hielo marino, la subida del nivel del mar, la erosión costera y temporadas de deshielo más largas.

La combinación de todos estos factores acelera la degradación del permafrost. "Todos los factores desestabilizadores convergen en los deltas árticos", señala Grosse en declaraciones publicadas en Smartup.

Cuando los microbios despiertan

El mecanismo es relativamente sencillo. Mientras permanece congelada, la materia orgánica queda protegida de la actividad biológica. Pero cuando el suelo se descongela, los microorganismos vuelven a tener acceso a esos restos vegetales acumulados durante miles de años.

Los microbios comienzan entonces a descomponer esa materia orgánica. Y el resultado es la liberación de dióxido de carbono (CO₂) y metano (CH₄). Ambos son gases de efecto invernadero. El metano, además, posee una capacidad de calentamiento muy superior a la del CO₂ a corto plazo.

Una concentración excepcional de carbono

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la densidad de carbono almacenada. Los investigadores calculan que aproximadamente el 5% del carbono total del permafrost mundial se concentra en apenas el 1% de su superficie.

La concentración es aún más sorprendente si se compara con todos los suelos terrestres del planeta. Los deltas árticos almacenan alrededor del 2% del carbono global del suelo ocupando únicamente el 0,08% de la superficie terrestre mundial.

Por eso los autores consideran que se trata de una de las zonas más críticas del ciclo global del carbono.

Una señal visible desde el espacio

Los efectos del deshielo ya están empezando a observarse en algunas regiones del Ártico. En partes de Alaska, varios ríos muestran tonalidades anaranjadas y rojizas asociadas a cambios químicos provocados por la degradación del permafrost y la movilización de minerales atrapados durante miles de años.

Aunque el proceso es complejo y todavía se estudia en detalle, constituye una evidencia visible de que estos ecosistemas están cambiando rápidamente.

El riesgo de una retroalimentación climática

La principal preocupación de los científicos no es únicamente la pérdida del permafrost.

El problema es que puede activarse un círculo vicioso. Más calentamiento provoca más deshielo y más deshielo libera más gases de efecto invernadero. Y esos gases contribuyen a aumentar aún más las temperaturas.

Por eso los investigadores consideran que los deltas árticos no son simplemente paisajes remotos y congelados, sino uno de los elementos más sensibles y potencialmente peligrosos del sistema climático terrestre.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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