Un estudio relaciona el aumento de las olas de calor en Europa con la reducción de la contaminación atmosférica
Pese a ello, los autores subrayan que la reducción de la contaminación sigue siendo beneficiosa para la salud pública y el medio ambiente.

La mejora de la calidad del aire en Europa durante las últimas décadas podría estar contribuyendo a que las olas de calor sean más intensas. Esa es la principal conclusión de una investigación realizada por científicos del Centro de Supercomputación de Barcelona y la Oficina Meteorológica del Reino Unido (Met Office), que apunta a que la disminución de determinadas partículas contaminantes ha permitido que una mayor cantidad de radiación solar alcance la superficie terrestre.
El trabajo, publicado en la revista Geophysical Research Letters, analiza por qué Europa se ha calentado más rápido que el promedio mundial desde la década de 1980. Según los investigadores, mientras la temperatura media global ha aumentado alrededor de 1,3°C respecto a la era preindustrial, en el continente europeo el incremento alcanza los 2,3°C.
Los autores explican que la reducción de aerosoles, especialmente de sulfatos, ha desempeñado un papel importante en este fenómeno. Estas partículas, presentes en la contaminación atmosférica, reflejan parte de la radiación solar de vuelta al espacio y ejercen un efecto de enfriamiento. Al disminuir su concentración, una mayor cantidad de energía solar llega a la superficie, favoreciendo el aumento de las temperaturas.
Además del incremento directo del calor, los científicos sostienen que este cambio también altera la circulación atmosférica. En concreto, modifica el comportamiento de la corriente en chorro y de las denominadas ondas de Rossby, responsables de desplazar los sistemas meteorológicos. Cuando estas ondas se vuelven más estacionarias, las altas presiones pueden permanecer durante más tiempo sobre una misma región, favoreciendo episodios prolongados de calor extremo.
Según el estudio, este mecanismo habría contribuido a algunas de las olas de calor más intensas registradas en Europa en las últimas décadas, incluidas las de 2003, 2006, 2015, 2018, 2019 y la de este año.
Los investigadores destacan que hasta la década de 1980 Europa se calentaba más lentamente que otras regiones debido al efecto protector de las partículas contaminantes. Sin embargo, la progresiva reducción de estas emisiones, impulsada por políticas ambientales y acuerdos internacionales como el Protocolo de Montreal, ha hecho más visible el impacto del calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero.
El equipo también revisó las proyecciones de los modelos climáticos y concluyó que estos habían subestimado el efecto de los cambios en la circulación atmosférica. Mientras algunos modelos preveían que estas modificaciones reducirían ligeramente el calentamiento en Europa, los resultados obtenidos indican que, en realidad, han intensificado el exceso de calor.
Pese a ello, los autores subrayan que la reducción de la contaminación sigue siendo beneficiosa para la salud pública y el medio ambiente. De hecho, advierten de que mantener elevados los niveles de aerosoles habría agravado el calentamiento global a largo plazo. Ahora que las emisiones de sulfatos se han estabilizado en Europa, consideran que el calentamiento adicional asociado a este efecto podría moderarse, aunque la evolución futura seguirá dependiendo principalmente de las emisiones de gases de efecto invernadero.
