Con 33.125 tallos enterrados cada mes, este bosque artificial de 1.300 hectáreas emerge sobre antiguos campos de cultivo envenenados para convertirse en la obra ecológica más ambiciosa de Europa en cuatro siglos
La tasa de supervivencia de las decenas de miles de árboles plantados es del 90%.

Pasear por un bosque plagado de diferentes especies, donde los arbustos, árboles y plantas que pueblan los senderos, es una experiencia de oro para los sentidos. El rugido del viento sobre las hojas, las distintas tonalidades que indican el cambio de estación y los pasos de los viandantes que se están embriagando de naturaleza hablan de un espacio cargado de vida.
Ese sentimiento es lo que están buscando brindar en una llanura del Valle del Oise, a solo 20 km de París. En su séptimo invierno de plantación, Ivica y su equipo, tal y como detalla TF1, se encuentran en plena faena para enterrar 33.125 plantones: "Al día plantamos 1.000, 1.200 y 1.300", indica.
El trabajo exige prestar atención al detalle, sobre todo en lo que compete a la distancia entre los árboles, para favorecer su crecimiento: "Cuánto más cerca están plantados, más intentarán crecer. Una vez que alcancen cierta edad, veremos si están lo suficientemente juntos", subraya Joseph Passot, de la Oficina Nacional Forestal, quien añade que, a partir de los resultados, se determinará los que se pueden eliminar.
Suelo con metales pesados
El proyecto del bosque de Maubuisson, de 84 millones de euros, cuenta con la inversión de diversos municipios, el departamento y la región. La plantación se extenderá a lo largo de siete localidades, pero ha contado con algunos problemas relacionados con la contaminación: "Los hortelanos solían cultivar aquí, pero creo que estaba contaminado con mercurio", afirma un hortelano que ha vivido allí durante 50 años.
El foco se ha puesto en la llanura de Pierrelaye, la cual fue durante muchos años la granja de París, donde los suelos, que se fertilizaron con las aguas residuales de la capital francesa, se cargaron de metales pesados. Así, los promotores inmobiliarios vieron el potencial y, a pesar de encontrarse con negativas de algún alcalde, "eran la única forma de resistir la urbanización", explicó el exalcalde de Frépillon, Bernard Tailly, quien se opuso en un primer momento, se siguió adelante.
La alta inversión ha permitido limpiar las toneladas de residuos que se han almacenado en dicho suelo y estudiarlo para que la plantación sea lo más efectiva posible de cara al futuro. Actualmente, sobresale "un abedul que debe medir 5 o 6 metros", detalla orgulloso el exalcalde.
El clima, también a examen
Passot sostiene que se han revisado tanto el viento como el suelo y los bosques cercanos para saber el trabajo que se tiene que realizar a día de hoy, pero las miras también están puestas en los posibles cambios en la climatología en el próximo siglo.
Los datos son esperanzadores. Cuarenta especies en total crecen entre las 1.300 hectáreas de un bosque que se adapta perfectamente al clima mediterráneo de la zona. Y es que el 90% de tasa de supervivencia de la plantación es motivo de celebración.
