El alga asiática que invade las costas andaluzas desde 2015 puede generar medio millón de nuevos ejemplares por metro cuadrado al año
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El alga asiática que invade las costas andaluzas desde 2015 puede generar medio millón de nuevos ejemplares por metro cuadrado al año

Su capacidad y velocidad de expansión constituyen uno de los problemas ambientales más graves en el litoral.

Algas invasoras, Rugulopteryx okamurae, en la playa de TraifaGetty Images

La expansión de Rugulopteryx okamurae en el litoral andaluz ya no es solo visible en forma de arribazones en las playas o redes de pesca saturadas. Ahora, un nuevo estudio pone cifras a su capacidad de colonización: esta macroalga invasora puede llegar a producir más de medio millón de nuevos individuos por metro cuadrado en un año. Una cifra descomunal que ayuda a entender por qué, desde su detección en 2015, su avance ha sido tan rápido como difícil de contener.

La investigación, desarrollada por equipos de la Universidad de Málaga y la Universidad de Granada, se ha centrado en analizar cómo se reproduce esta especie en zonas invadidas, concretamente en praderas de Posidonia oceánica de la costa granadina. Y la conclusión es clara: el alga ha encontrado una vía especialmente eficaz para multiplicarse sin necesidad de recurrir al sexo.

Clonarse para conquistar el mar

A diferencia de lo que ocurre en su área de origen, en el Pacífico occidental, donde combina reproducción sexual y asexual, en Andalucía Rugulopteryx okamurae parece haber optado por una estrategia más directa: clonarse sin descanso.

Lo hace de dos formas. Por un lado, mediante estructuras microscópicas capaces de generar nuevos individuos completos. Por otro, a partir de fragmentos de su propio cuerpo que, al desprenderse, siguen creciendo de manera independiente. Cada trozo puede convertirse en una nueva colonia.

El resultado es una especie que no necesita grandes condiciones para expandirse: le basta con fragmentarse, dispersarse y volver a crecer. Ese mecanismo explica que pueda colonizar rápidamente nuevas áreas, incluso sin asentarse de forma inmediata en el fondo marino.

Un experimento bajo el agua

Para entender hasta qué punto este proceso es eficaz, los investigadores realizaron un seguimiento durante un año en la Cala de Cambriles, en Granada, una zona donde las praderas de posidonia —ecosistemas protegidos por su alta biodiversidad— ya han sido invadidas.

Cada dos meses, un equipo de buceadores recogía muestras del alga, que después se analizaban en laboratorio. Allí, los científicos clasificaban los talos (la estructura del alga) por tamaño y observaban cuántos presentaban estructuras reproductivas y en qué cantidad.

Los datos revelan un patrón claro: los ejemplares más grandes son también los más productivos, y la actividad reproductiva se dispara especialmente en primavera y verano. Es en esos meses cuando la generación de nuevas unidades capaces de originar individuos alcanza su punto máximo.

Medio millón… pero no todos se quedan

A partir de esos datos, el equipo calculó la llamada "presión de propágulos", un indicador que mide el potencial de expansión de una especie. El resultado es el que da título al estudio: más de medio millón de nuevos individuos por metro cuadrado al año.

Sin embargo, los propios investigadores matizan esa cifra. No significa que el fondo marino pueda albergar tal cantidad de algas. De hecho, sería físicamente imposible. Entonces, ¿dónde acaban?

La hipótesis es que una parte importante de esos nuevos individuos permanece en la columna de agua, flotando y desplazándose con las corrientes. Es decir, no necesitan fijarse al fondo para sobrevivir y expandirse. Este comportamiento explicaría tanto su rápida propagación como la presencia de grandes masas flotantes que terminan llegando a las playas.

Impacto y posibles soluciones

Desde su aparición en Ceuta en 2015, esta especie —detectada por primera vez por la investigadora María Altamirano— ha colonizado amplias zonas del sur peninsular. Su impacto no es menor: desplaza especies autóctonas, altera ecosistemas clave como las praderas de posidonia y genera costes económicos considerables, especialmente en el sector pesquero y en la limpieza de playas.

Erradicarla por completo, admiten los expertos, es extremadamente complicado. Pero sí hay margen para intervenir. El conocimiento de sus ciclos reproductivos abre la puerta a estrategias más afinadas, como retiradas selectivas en los momentos de mayor actividad, cuando el alga es más vulnerable o, al menos, más predecible.

La clave está en actuar con rapidez y de forma sostenida en el tiempo. Porque, como demuestra este estudio, no se trata solo de una especie invasora más, sino de una con una capacidad de multiplicación fuera de lo común.

Entender cómo se reproduce es, en este caso, algo más que una cuestión científica: es una herramienta imprescindible para intentar frenar a uno de los mayores problemas ambientales del litoral andaluz en los últimos años.

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