Diana Morant, Santiago Abascal, el papa Francisco, Adolf Hitler, la República de Weimar y el regreso al internet de los 90
La ministra Diana Morant aseguró esta semana que los gobiernos de PP y Vox se parecen a "gobiernos criminales como el de Hitler".
Harto de que cada debate en internet terminara casi siempre con alguien sacando a los nazis para apoyar su postura y atacar la del contrario, el sociólogo estadounidense Mike Godwin promulgó en 1990 lo que se llamaría después como ley de Godwin. Decía: "A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se menciona a Hitler o a los nazis tiende a uno". Eran los inicios de los años 90 e Internet apenas era un espacio desconocido para la inmensa mayoría, pero existían algunos foros como Usenet, que avanzaban ya la inflexibilidad que permitía el discutir a distancia. El propio Godwin explicaría años después que "lo que intentaba hacer era que la gente fuera más responsable, más consciente cuando entablara una conversación en este tipo de intercambios". La norma del sociólogo saltaría con los años también a lo presencial. Su ley puede explicar, por ejemplo, las últimas declaraciones de la ministra Diana Morant, quien dijo que los Gobiernos de coalición entre PP y Vox se parecen a "gobiernos criminales como el de Hitler".
En una entrevista en La 1, Morant denunció el pacto del PP con Vox para gobernar la Generalitat valenciana, y dijo: "Cuando el gobierno tiene la capacidad de hacer leyes que son racistas y que persiguen a la ciudadanía, que la señalan, puedes acabar en lo que fue el Gobierno de Hitler, que tuvo también mucha afección en la ciudadanía. Muchos alemanes siguieron ese discurso, que era una dictadura, pero nació como una democracia. Feijóo se equivoca al dibujar un camino que se parece cada vez más a esos gobiernos criminales como el de Hitler". Sus palabras se encontraron enseguida con la repulsa de los de Feijóo, que reclamaron su "dimisión inmediata". El portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, salió al paso diciendo que, "si bien cada uno se expresa como se expresa", ese estilo "no forma parte de" su "vocabulario".
Antes que Morant, hubo otro político que también utilizó al genocida Adolf Hitler para criticar a un adversario. Fue Santiago Abascal, el líder de la ultraderecha. Durante el debate previo a la investidura de Pedro Sánchez, en 2023, Abascal dijo que el PSOE y sus socios estaban cometiendo "un golpe". Y añadió: "Por supuesto lo disfrazarán con ropajes de legalidad, de la misma manera que llegaron al poder personajes nefastos como Hugo Chávez, Nicolás Maduro o Adolf Hitler". El líder nazi, dijo Abascal, "también llegó al poder mediante unas elecciones y solo después maniobró para liquidar la democracia". El líder de Vox llegó a afirmar que "Hitler mintió menos a los alemanes, porque ya había anunciado que quería acabar con la República de Weimar".
Pero Abascal tampoco fue el único que le dijo a Sánchez eso de la República de Weimar. Durante mucho tiempo, el exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias también alertó sobre los peligros de llegar a un momento Weimar, uno en el que la polarización y el auge de la extrema derecha puedan desencadenar un final como el que ocurrió en Alemania. Pero es que lo hizo incluso el papa Francisco, durante una visita de Pedro Sánchez al Vaticano, en 2020. Entonces, el líder de la Iglesia Católica recomendó al presidente del Gobierno la lectura del libro "Síndrome 1933", del periodista italiano y comunista Siegmund Ginzberg. El autor defiende que hay síntomas políticos que recuerdan a un pasado que se creía superado, como por ejemplo las llegadas al poder de personas como Donald Trump o Giorgia Meloni. "Cuidado que estamos repitiendo el camino parecido. Vale la pena leerlo", le dijo el papa a Sánchez.
El sociólogo Mike Godwin se refería justamente a esto. Es difícil proseguir un debate cuando una de las partes equipara al otro con los nazis, sobre todo si se llega a un punto en el que lo usan tanto desde un lado como desde el opuesto. Pero si bien resulta irreal decir que un gobierno se parece al de Hitler, a lo que parecía hacer alusión Morant es a ese periodo previo a la llegada de la dictadura a Alemania. A los últimos años de esa República de Weimar que también mencionaron Abascal o Bergoglio, claro que el primero sí representa a una extrema derecha que además se alía con Alternativa por Alemania, un partido que minimiza el nazismo y hasta presume de su legado.
La República de Weimar fue el primer periodo democrático de Alemania, instaurado finalizada la Primera Guerra Mundial. Duró apenas catorce años, de 1918 a 1933, y nunca gozó de mucha estabilidad. A las sanciones económicas impuestas por el Tratado de Versalles se sumó, entre muchas otras cosas, una hiperinflación que dejó sin valor su moneda, conllevó desempleo, pobreza, algo que, además, empeoró de manera notable con la Gran Depresión de 1929. Todo ello, además, lidiaba con una extrema derecha violenta que no aceptaba la democracia. En 1919, con apenas un año de vida, asesinaron por ejemplo a los históricos comunistas Karl Kiebknecht y Rosa Luxemburgo. Los intentos de golpe eran constantes. Todo ello, sumado al malestar que generaba en la población el verse cada vez más pobres y con pocas esperanzas de un futuro mejor, era un regalo para el NSDAP, el partido nazi de Adolf Hitler, que se vendía como alguien que terminaría con el statu quo burgués que había llevado a Alemania a la ruina.
Hitler, al contrario de lo que muchas veces se afirma, no fue elegido canciller de manera democrática por haber ganado unas elecciones. En los comicios de 1932 el Partido Nazi fue el más votado, pero se negó a colaborar con cualquier otra formación política para formar un Gobierno. Quería que le nombraran canciller porque sí, y punto, aunque no gozara de mayoría parlamentaria. Con el país cada vez más sumido en el terror de la extrema derecha, el presidente de Alemania, Paul von Hindenburg, decidió acceder a la exigencia de los nazis y, con el visto bueno de algunas de las empresas más poderosas de Alemania, incluida la banca (pensaban que saldrían beneficiadas y, en muchos casos, así fue), nombró canciller del país a Adolf Hitler. Dos años después de haber destruido la democracia, se designó a sí mismo como dictador alemán.
¿Vive España un momento Weimar? Acaso la pregunta más exacta sería si no lo vive Europa, incluso el mundo, con una ultraderecha cada vez más poderosa y ya en gobiernos. Pero en realidad cualquier democracia puede vivir o vive ya momentos Weimar. Para el prestigioso analista geopolítico estadounidense Robert D. Kaplan, todo el mundo atraviesa un escenario similar al que entonces hubo en Alemania, pero no tanto por la llegada de un Adolf Hitler sino por la sensación de "crisis permanente". "Yo hablo de una crisis permanente, no de anarquía o de colapso total. No es una visión completamente negativa, sino de un mundo que avanza de una crisis a otra", dijo en una entrevista en el diario El País. En el fondo, cualquier país está tan cerca como lejos de que llegue un fiasco como el de la República de Weimar. Más que llamar nazi a cualquier cosa (a excepción de los nazis, que si son nazis no se les puede definir de otra manera) lo que haya que hacer es aprender de aquellos catorce años de Weimar.