Trump encuentra una nueva vía para mantener su guerra comercial: aranceles contra los países que no combatan el trabajo forzado
La Casa Blanca impondrá nuevos gravámenes de entre el 10% y el 12,5% a decenas de economías horas antes de que expirara el arancel global aprobado tras el revés del Tribunal Supremo.

La guerra comercial impulsada por Donald Trump suma un nuevo capítulo. Cuando estaba a punto de expirar el arancel global del 10% que la Casa Blanca había implantado de forma temporal tras el varapalo judicial del Tribunal Supremo, la Administración estadounidense ha encontrado una nueva fórmula para mantener la presión sobre sus socios comerciales.
Estados Unidos anunció este jueves la imposición de nuevos aranceles de entre el 10% y el 12,5% a las importaciones procedentes de más de 80 países, a los que acusa de no hacer lo suficiente para combatir el trabajo forzado y la esclavitud en sus cadenas de producción. La medida refuerza la estrategia proteccionista de Trump, que sostiene que gravar las importaciones es una herramienta para atraer inversión industrial al país y proteger a los fabricantes estadounidenses.
El nuevo impuesto llega apenas unas horas antes de que caducara el gravamen universal del 10% aprobado el pasado febrero, una tasa que había servido como solución provisional después de que el Tribunal Supremo dictaminara que buena parte de los aranceles globales decretados por Trump eran ilegales porque se habían amparado en una declaración de emergencia económica que excedía las competencias presidenciales.
La nueva estrategia cambia el argumento jurídico. En lugar de justificar los aranceles por motivos de emergencia nacional, Washington sostiene ahora que numerosos países compiten de forma desleal al permitir prácticas de trabajo forzoso o no perseguirlas con suficiente firmeza. El Gobierno estadounidense asegura que este nuevo enfoque cumple con los principios de su política comercial y de defensa de los derechos laborales, aunque diversos expertos recuerdan que el propio Estados Unidos también afronta denuncias relacionadas con el trabajo forzado en determinados sectores.
Una escalada iniciada nada más volver a la Casa Blanca
La decisión es el último episodio de una ofensiva comercial que comenzó prácticamente desde el regreso de Trump al poder, en enero de 2025.
Apenas unas semanas después, el presidente anunció aranceles del 25% a los productos procedentes de México y Canadá y del 10% a los de China. Pekín respondió de inmediato con sus propios gravámenes y, en pocos meses, ambas potencias entraron en una espiral de represalias que llevó a Washington a elevar los aranceles sobre numerosos productos chinos hasta el 145%, mientras China respondió con tasas de hasta el 125%.
La tensión también alcanzó a Europa. En marzo de 2025 entraron en vigor los aranceles estadounidenses sobre el acero y el aluminio, a los que Bruselas respondió preparando contramedidas. Apenas unas semanas más tarde, Trump proclamó el llamado "Día de la Liberación", anunciando un arancel universal del 10% para prácticamente todas las importaciones y gravámenes adicionales para socios como la Unión Europea o China.
Aunque Estados Unidos y la UE acabaron alcanzando un acuerdo comercial ese mismo año y Washington logró también reconducir parcialmente su enfrentamiento con Pekín tras meses de negociaciones, la política arancelaria no se detuvo. Durante los últimos meses se han aprobado gravámenes específicos para productos como automóviles, semiconductores, medicamentos, acero y aluminio, además de sanciones comerciales contra países como Brasil o India.
El Congreso tendrá ahora la última palabra
Los nuevos aranceles, anunciados por el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, sustituyen así al impuesto global que expiraba este jueves y mantienen viva la estrategia comercial de Trump pese a los obstáculos judiciales encontrados durante el último año.
La medida vuelve a situar el comercio internacional en el centro de la política económica de la Casa Blanca y anticipa nuevas tensiones con numerosos socios de Estados Unidos, que deberán decidir si aceptan las nuevas condiciones o responden con nuevas represalias comerciales.
