Llámenle inteligencia artificial o poder judicial, pero cada vez es más difícil distinguir lo que es verdad de lo que no
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Llámenle inteligencia artificial o poder judicial, pero cada vez es más difícil distinguir lo que es verdad de lo que no

Los procesos judiciales sobre corrupción se acumulan y en la misma semana, mientras uno pensaba que este es el Gobierno más corrupto de la historia, otro denunciaba un claro proceso de lawfare contra el Ejecutivo. ¿Quién tiene razón?

A la izquierda, Alberto Núñez Feijóo; a la derecha, Pedro Sánchez.Getty Images

Esta semana, la plataforma de inteligencia artificial Mito AI, enfocada en la realización cinematográfica, celebraba que se hubiera emitido por primera vez y en prime time un anuncio "generado en un 95%" por IA en los principales canales de televisión españoles. Si uno ve el spot como acostumbra a ver los minutos de publicidad, con cierta distracción y la cabeza enfangada en preocupaciones cotidianas, podría pensar que gran parte de lo que aparece en las imágenes es real. Si fija la atención, sin embargo, puede comprobar cómo en una de las escenas aparece en un campo de fútbol una tercera portería en un lateral del terreno de juego, allí donde no debería estar. Cada vez es más difícil distinguir lo que es real de lo que no, y algo parecido sucede con la justicia.

El anuncio elaborado por la citada plataforma se emitió este lunes, dos días antes de que la UCO entrara en la sede del PSOE por orden del juez Santiago Pedraz para recabar documentación acerca del caso Leire. Como con la publicidad, uno podía entender una u otra cosa en función de dónde se informara; que si registro, que si tan solo un requerimiento; que si el Gobierno más corrupto, que si lawfare. Pasó lo mismo con la imputación del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Que si operación orquestada para desestabilizar al Ejecutivo, que si cuasi el líder internacional de una trama criminal. Cada vez, decíamos, todo es más difícil.

"La verdad sigue existiendo. El análisis objetivo sigue existiendo", dice el catedrático de Derecho Penal Manuel Cancio. La pregunta es: ¿cómo encontrarla? Para Cancio, los medios de comunicación juegan un papel esencial. "En la ciencia política siempre destacan que los medios son particularmente débiles en España; no hay intereses propios, sino que están conectados con opciones políticas", asegura. Eso mismo apunta José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo. Ante la misma cuestión, el juez considera que los medios pueden perturbar la percepción ciudadana. "Estamos en el mundo de la información y el desequilibrio en favor de la derecha extrema y la extrema derecha es abrumador", señala el magistrado.

Ambos utilizan el caso de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero como ejemplo. "Ese día podías leer en un sitio que existía una organización criminal y en otros lugares, más serios, bueno, que igual era verdad, que había que investigar", recuerda Cancio. A Martín Pallín le sorprende, además, la diferencia entre el número de procesos que se abren cuando los investigados son de uno u otro espectro ideológico. "Hay datos objetivos y estadísticos, y el número de actuaciones judiciales, algunas gravísimas, contra independentistas, contra Podemos o ahora contra el PSOE es muy superior al del PP". Sobre la investigación al expresidente del Gobierno, Martín Pallín se muestra, además, especialmente crítico. "Es una barbaridad lo que ha hecho el juez. Y que haya gente de izquierdas, gente a la que aprecio y que sigo apreciando, que diga que el auto era contundente y sólido... Cualquier persona en su sano juicio jurídico analiza el auto y no puede si no preguntarse de dónde se saca esa parte final en la que habla de Zapatero como un líder mundial de la corrupción", denuncia.

El mayor problema, no obstante, es que ante cualquier proceso judicial impera ya el sesgo político. Como con la política, las emociones mandan, y uno siempre tiende a creer cierto aquello que da veracidad a sus deseos, a sus cábalas. Si usted cree que aquel es corrupto y además le investigan por ello, de poco importará que al final el caso no salga adelante. Incluso sin sentencia, en el imaginario individual, pero cada vez más colectivo, habrá condena. Lo contrario sería negarse a uno mismo, y en la época de las emociones no hay lugar para la duda, menos para la autocrítica. Por otro lado, todo es más sencillo si además hay jueces y medios que apoyan las tesis precocinadas en el deseo.

Porque... además de con los medios, ¿hay un problema en la justicia? Tanto Cancio como Martín Pallín piensan que sí. El poder judicial está politizado, y contra ello hay poca opción a réplica. Todo el mundo leyó los titulares. Todo el mundo vio las fotos. Hasta los propios partidos presumieron de haber logrado poner fin a un bloqueo de cinco años. No hace mucho que PP y PSOE pactaron la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el órgano rector de jueces y demás juristas; desde donde se nombra, por ejemplo, a los magistrados del Tribunal Supremo, la corte encargada de juzgar a los políticos en situación de aforamiento. Ay, los aforados.

El aforamiento "como corazón de la corrupción judicial"

Desde hace muchos años se ha criticado la figura del político aforado por auparle a una situación de privilegio, pero Manuel Cancio defiende también que, ante una justicia politizada, el aforamiento puede ser hasta perjudicial para algunos políticos. "Un asunto que no se señala lo suficiente es la anomalía intolerable que existe en los aforamientos, algo que, además de en España, solo existe en países autoritarios. Hace unos años, el presidente federal de Alemania fue juzgado y le tocó el juez del lugar en el que vivía, no lo que sería el Supremo alemán. Aquí, todos los parlamentarios y el Gobierno tienen que sentarse ante el Supremo. Es un escándalo", comenta Cancio. ¿Por qué? "Porque en el Supremo, aunque hay personas muy competentes a nivel técnico, se deben a quien les ha nombrado, al PP o al PSOE, y les da igual ocho que 80. No les va a temblar el pulso para inventar, como pasó con el fiscal general del Estado", asevera.

El hecho de que los magistrados del Supremo sean escogidos desde el poder político provoca, según Cancio, que los intentos de politización sean todavía mayores. "Es por eso por lo que los magistrados se matan a dar conferencias para que se les siga viendo como obedientes", dice. "Los aforamientos son el corazón de la corrupción judicial. En Alemania – insiste el experto – nadie, ni siquiera los periodistas, conocen los nombres de los jueces del Tribunal Federal Superior, porque carecen de poder político, pero aquí nos sabemos no solo los nombres, sino también los de su familia, a quién responden, etcétera".

Sin aforamientos, los parlamentarios o miembros del Gobierno serían juzgados por los tribunales de instrucción que les tocara en cada momento, donde no acostumbra a existir tal grado de politización. Cancio apunta también hacia el sistema de oposiciones, que considera "demencial". "A diferencia de cualquier otro país razonable, aquí hay que aprenderse de memoria diversos temas y luego cantarlos; eso no sucede de casualidad, sino para que pueda seguir habiendo un control de un montón de familias y de un estamento mayoritariamente de derechas a nivel sociológico; han pasado años, pero ninguno de los jueces que miraban a otro lado mientras se torturaba a los antifranquistas se ha reconvertido. El poder judicial se ha quedado como estaba. Han pasado años, pero sigue el sesgo", prosigue Manuel Cancio. Es necesario, defiende, "un sistema de acceso racional que impida que los grupos de presión controlen al poder judicial".

Mientras unos y otros discuten sobre la politización de la justicia y la judicialización de la política, la confianza en el sistema judicial se deteriora, y ya no solo por la injerencia sino también por la sensación de impunidad que parece acompañar al citado poder. Según el Cuadro de Indicadores de la Justicia de 2025, que elabora la Comisión Europea, España es uno de los países de la UE donde más se desconfía de la independencia de los jueces, solo superado por Hungría, Grecia, Eslovaquia, Bulgaria, Croacia y Polonia. Entre todos los factores que hacen mella en esa dependencia, los españoles destacan uno sobre todos los demás: "la interferencia o presión del Gobierno y los políticos".

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Redactor de Política de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster de Investigación en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en La Voz de Galicia, Público, La Sexta o eldiario.es y colaboró en medios como Praza, Luzes, La Marea, Vanity Fair o CTXT. Creó un programa de humor con los cómicos Facu Díaz y Miguel Maldonado en La Tuerka. Ha escrito tres libros: 'El analista' (Libros del KO), 'Dajla. Apuntes desde o Sahara' (Praza), y '(Des)Unidos' (Icaria).

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