¿PSOE o barbarie?: Sánchez acapara en Barcelona el espacio de una izquierda donde la hemorragia no cesa
La Global Progressive Mobilisation en la ciudad condal fue una puesta en escena de fuerza contra la extrema derecha que impera en numerosos países del mundo. Sin embargo, para la izquierda a la izquierda de los socialistas no hay buenas noticias que extraer del evento.
Ya lo decía Pablo Iglesias cuando Pedro Sánchez logró recuperar la secretaría general del Partido Socialista, allá por 2017: "Es una victoria de Podemos que el PSOE haya comprado nuestros marcos y discurso hasta tal punto de que Sánchez haya logrado recuperar la dirección nacional del partido que un día le expulsó". Aquella victoria que se apropió la formación morada fue el inicio sintomático de diferentes volantazos que ha llevado a cabo el actual presidente del Gobierno para ampliar espacios por la izquierda que, de otra manera, hubieran sido imposibles de llevar a cabo. Sin embargo, y ante la crisis evidente que atraviesa la izquierda alternativa, lo sucedido este fin de semana en el Global Progressive Mobilisation de Barcelona supone una herida abierta al espacio con el que Sánchez lleva gobernando desde que puso un pie en Moncloa.
Desde aquella remontada en Peugeot por la península para recuperar la secretaría general, pasando por las subidas del salario mínimo, el 'con Rivera no' de 2019, la condena al genocidio en Gaza o incluso la reciente regularización de migrantes, Sánchez ha usado el espacio ideológico a su izquierda para coger oxígeno en momentos de debilidad. No olvidemos que, por ejemplo, el No a la guerra surge poco después de los diferentes casos de corrupción del PSOE que estaban aflorando en los tribunales y expuestos por las investigaciones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. "Hay que reconocer que ha tenido potra", resumía irónico el portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián. Pese a ello, si es una estrategia que el presidente del Gobierno ha utilizado recurrentemente, ¿por qué lo sucedido el 17 y 18 de abril en Barcelona es más significativo que lo anterior?
Con el comienzo de la guerra en Irán, Sánchez —por cálculo maquiavélico o por 'potra' que diría Rufián— se ha convertido en el abanderado de la lucha contra Donald Trump, la extrema derecha y la personificación del movimiento pacifista en Europa. "La derecha no lidera, languidece. Hoy, en Barcelona, el 18 de abril de 2026, la vergüenza cambia de bando", aseguraba el líder del Ejecutivo desde la ciudad condal. En el evento, diferentes síntomas señalaban que el partido del puño y la rosa estaba tratando de ampliar las bases de su electorado: desde la música de La Raíz en los altavoces —una de las bandas insignia del movimiento 15-M y que históricamente ha estado relacionada con la izquierda alternativa—, en vez de, no sé, Carolina Durante; las figuras políticas invitadas, que teóricamente están más cerca de Sumar o Podemos que del PSOE, como Lula da Silva o Zohran Mamdani; e incluso 'influencers' que jamás se habrían imaginado ver bajo el paraguas socialista y a los que tan sólo les faltaba gritar aquello de 'viva el perro'.
La izquierda sufre en estos momentos una hemorragia delicada en la que el dilema gira entorno al torniquete o la amputación. Desde el inicio del ciclo electoral que atraviesa España y que comenzó en Extremadura, el espacio a la izquierda del PSOE solo ha recogido malos resultados. A excepción de la tierra de Robe Iniesta, Podemos ha desaparecido de todos los territorios e IU/Sumar tan sólo han logrado un diputado, con suerte. Las próximas elecciones andaluzas podrían ser una nueva estocada a una lista que empieza a ser larga. El eterno dilema de la unidad acapara cada una de las conversaciones, mítines y preguntas de la prensa a los dirigentes del espacio. Una unidad de la que todo el mundo es consciente de que no será suficiente para volver a recuperar los resultados que un día se obtuvieron. En otras palabras, en este partido la izquierda se encomienda al 'poder de la amistad' cual Real Madrid en remontadas imposibles de Champions.
Tanto es así que el referente consolidado y el único que pareciera tener una oportunidad para salvar el desastre nacional es de Esquerra Republicana y, evidentemente, independentista. A nivel autonómico, las noticias no son mucho mejores; los únicos partidos que crecen son de ámbito regionalista, pero aún así quedan lejos de ofrecer una alternativa a la extrema derecha. Gabriel Rufián es el elegido para tratar de hacer un encaje de bolillos imposible: sin contar con el apoyo de su partido, asumiendo la ardua tarea de poner de acuerdo a gente que se detesta, clamando al cielo que se deje a un lado las miles de diferencias y matices, y obviando el pequeño detalle que de lo que suceda en los comicios de 2027 dependen centenares de salarios. Por no contar que los partidos regionalistas o territoriales tienen poco o nada que ganar en esta fórmula debido a que, sin meterse en este jaleo, les va objetivamente bien. Ya lo reconocía el propio Rufián también desde Barna: "El problema es la izquierda española y hay que hacer algo para que no caiga".
Ante la imagen del jardín de al lado y comenzada la cuenta atrás para las próximas elecciones generales —queda un año o, peor, lo que el líder socialista quiera—, Sánchez parece haber adoptado la posición de 'PSOE o barbarie', cuya escenificación tuvo lugar el fin de semana en Barcelona. La cumbre fue una 'buena noticia' para el progresismo mundial: un lugar en el que el mayor consenso estaba escrito en mármol, cuyo punto básico es el de frenar a la extrema derecha utilizando el marco internacional como clave vertebradora de los diferentes países y como carta de presentación hacia la ciudadanía. El propio New York Times sacaba hace un par de días un artículo que apuntaba en la misma dirección. El titular ya de por sí es bastante revelador: Cómo una disputa con Trump le ofreció al líder español un salvavidas político.
Aunque la fiesta se la pegó el Partido Socialista, la resaca la está sufriendo la izquierda alternativa que, pese al dolor de cabeza, afronta la enrevesada pregunta de si será capaz de presentar una candidatura ilusionante que no deje a nadie atrás y que logre ensanchar el espacio electoral que se ha perdido en los últimos años, con todas las complejidades que ello conlleva. Para más inri, deben jugar un partido donde el PSOE empieza a tratar de comerles la tostada por la izquierda; casi nada, vaya. La otra cara de la moneda, y de la pregunta, es si Sánchez sería capaz de aglutinar todo a su izquierda.
Por el momento, un toque de atención: desde El HuffPost realizamos la cobertura de la Global Progressive Mobilisation y, sí, había gente entre los pabellones que fueron votantes tanto de Podemos como de Sumar en pasados comicios. Aviso a tripulantes: el tiempo corre, a Sánchez no le temblará el pulso si tiene que escoger entre gobernar en solitario o tener un socio en el Ejecutivo y Trump le ha dejado en bandeja la posibilidad de, en caso de ganar, que sea la primera opción. Para prueba, una cifra: el CIS le ha dado al Partido Socialista un 36,4%, su mejor resultado en más de una década. Un hipotético resultado que se remonta a las cifras del bipartidismo, cuando Podemos no había irrumpido de la forma que lo hizo. Tomen nota.