Una rusa que vive en Mallorca desde hace seis años explica qué envidia de cómo entienden los españoles el éxito: vivir el presente sin miedo al futuro
La creadora de contenido revela el enorme choque cultural entre la obsesión de su país por las apariencias y nuestra forma de saborear el presente.

¿Te consideras una persona a la que le gusta ostentar y aparentar? Si la respuesta es afirmativa, es muy probable que encajaras a la perfección en la sociedad rusa. Aunque de primeras esta conexión pueda sonar un tanto extraña, lo cierto es que esconde una profunda y arraigada explicación cultural.
Para arrojar luz sobre este tema, Irina, una creadora de contenido rusa que lleva seis años afincada en Mallorca, ha utilizado su último vídeo para profundizar en el tremendo choque sociocultural que existe entre su tierra natal y España a la hora de entender el éxito y la vida en general.
La dictadura del 'qué dirán' y la obsesión por el estatus
Según explica la influencer, a los rusos les fascina presumir del éxito que han alcanzado. “Nos gusta que se note que una persona ha triunfado”, declara. Esta demostración de estatus se escenifica, principalmente, a través de una exhibición constante de bienes materiales: coches de alta gama, relojes carísimos y ropa de diseñador. “Para un ruso, si eres exitoso, tiene que verse”, complementa.
En este sentido, Irina confiesa que la presión social es asfixiante. La losa del "qué dirán" condiciona por completo el día a día de sus compatriotas. La gente vive tan pendiente de la opinión del resto que, en muchas ocasiones, llegan a privarse de hacer lo que realmente quieren o de aprovechar oportunidades vitales única y exclusivamente por el miedo al juicio ajeno.
El contraste español: naturalidad y alergia al postureo
Frente a este agotador escaparate, la actitud española representa para ella un absoluto soplo de aire fresco. Por norma general, en nuestro país no existe esa necesidad imperiosa de alardear constantemente del nivel socioeconómico, y la opinión de los desconocidos nos suele importar más bien poco.
De hecho, esta sana despreocupación es, según la creadora, lo que hace que nuestra sociedad se caracterice por ser tan directa, cercana y honesta.
El arte de vivir el presente
Pero la brecha sociocultural definitiva, y la que más le ha marcado tras su paso por la isla, es la forma en la que planificamos nuestra existencia. Mientras que en Rusia viven obsesionados con proyectarse a medio y largo plazo ("solemos pensar a 10 o 20 años vista", comenta), el español es un experto en exprimir el día a día sin agobiarse en exceso por los planes a futuro.
Esta necesidad de tenerlo todo hipercontrolado hace que los rusos vivan instalados en un estado de preocupación y ansiedad perpetua. Por el contrario, la inmensa tranquilidad y la filosofía del carpe diem con la que los españoles afrontamos la rutina han terminado por conquistar a la joven, que cierra su reflexión con un mensaje rotundo.
“Os envidio sinceramente porque disfrutáis de los días sin ese miedo constante al futuro”, concluye.
