Una mujer asesinada a la semana en 2025: los datos del CGPJ sobre la violencia machista en España
Las cifras apuntan a que los asesinatos fueron de manera descendente el año pasado. Sin embargo, el inicio terrorífico de 2026 podría causar que esa tendencia cambie.
La violencia machista vuelve a dejar una huella devastadora en España: en 2025, una mujer fue asesinada cada 7,4 días. Es decir, una a la semana. Detrás de esta cifra no hay estadísticas frías, sino vidas destruidas, historias interrumpidas y un dolor que no cesa desde que hay registros. En 2003, la frecuencia de estos crímenes es aún más estremecedora: una mujer asesinada cada 6,3 días. Aunque la tendencia es descendente, el inicio de 2026 puede llegar a suponer que cambie debido a que se está atravesando uno de los peores años.
El informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial revela no sólo la magnitud del problema, sino también el contexto de estas muertes. Se trata de un análisis construido a partir de casos reales que pone de manifiesto un problema que requiere de respuestas y urgencias en las mismas desde que hay registros. Ya son más de 1.357 las mujeres asesinadas desde 2003 si añadimos los crímenes machistas de 2026.
En 2025, 49 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas, una más que el anterior curso. Aunque los datos muestran una ligera disminución en la media anual en la última década, el drama permanece intacto: decenas de mujeres siguen perdiendo la vida cada año por el hecho de serlo. Con ello, en el periodo de 2015-2025 la media de feminicidios cometidos cada año fue de 51,8, mientras que en el periodo anterior, comprendido entre 2003 y 2014, había sido de 64,3.
Las víctimas tenían, de media, 47 años, aunque la violencia no entiende de edades: la más joven tenía 19 y la mayor, 86. Más de la mitad se encontraba entre los 36 y 55 años, una etapa vital marcada, en muchos casos, por la convivencia con su agresor. De hecho, ocho de cada diez mujeres asesinadas seguían viviendo con él.
En la mayoría de los casos, el vínculo era íntimo y cercano: el agresor solía ser la pareja actual, muchas veces el marido. Esto subraya una de las caras más duras de la violencia machista: la que se ejerce en el espacio que debería ser seguro, en el hogar. No es casualidad que casi el 90% de los asesinatos ocurrieran en la vivienda.
Las cifras detrás de la violencia
El impacto de estos crímenes va mucho más allá de la víctima directa. Cuatro de cada diez mujeres asesinadas tenían hijos menores. En 2025, 39 niños y niñas quedaron huérfanos de madre de forma repentina y traumática. En total, 87 hijos perdieron a sus madres por esta violencia, una cifra que refleja el destrozo que supone no sólo para la mujer asesinada, sino también para las familias que quedan destruidas por la violencia machista.
Los métodos empleados en estos asesinatos —en su mayoría armas blancas o asfixia— hablan de una violencia extrema y cercana. Y aunque en algunos casos existían denuncias previas o incluso medidas de protección, estas no siempre lograron evitar el desenlace fatal.
De la misma manera, el CGPJ señala que el perfil de los agresores se corresponde con el de un hombre de más edad que la víctima en el 61,2% de los casos y de nacionalidad española en el 63,3%. Su edad media fue de 49,4 años en 2025. El 61,2% de los agresores fueron detenidos tras cometer el crimen y el 16,3% de ellos se entregaron. Uno de cada diez (12,2%) se suicidó, un porcentaje muy inferior al de la serie histórica, que se sitúa en el 21,9% de los casos.
Aún más estremecedora es la violencia vicaria. En 2025, tres menores fueron asesinados con el único objetivo de hacer daño a sus madres. Son 65 desde 2013. La violencia machista asesina a mujeres, pero también a las personas que tienen más cerca: sus hijos.
Este retrato no es solo un conjunto de datos: es el reflejo de una realidad persistente. Cada cifra encierra una historia de miedo, silencio y, finalmente, tragedia. La violencia machista no solo mata, también destruye familias, deja huellas imborrables y plantea un desafío urgente a toda la sociedad en un momento en que el discurso contra la igualdad está en auge y donde dicha violencia también está repuntando en este inicio de año.