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09/09/2012 10:20 CEST | Actualizado 08/11/2012 11:12 CET

La ocasión la pintan calva

De la celeridad y rigor con la que se gestione el rescate desde España y del grado de cumplimiento con los compromisos adquiridos, depende que podamos hablar de un punto de inflexión definitivo en la crisis actual.

Esta vez, el BCE no defraudó. La viabilidad del conjunto del Área euro se impuso a las reticencias alemanas de hacer uso del margen de maniobra que ofrece la política monetaria para rebajar las tensiones en los mercados de bonos. Las medidas adoptadas hasta el momento se han mostrado ineficaces para reducir la fragmentación financiera que existe entre los países del euro. Basta con observar las disparidades entre los costes de financiación de una empresa de Portugal o España con los que asume una empresa de Alemania o Francia, entre 3 y 5 puntos inferiores, para constatar que el BCE tenía que ir más allá en la gestión de la crisis.

Los 500 puntos básicos de prima de riesgo que paga España no responden, únicamente, a sus desequilibrios internos y a la desconfianza que suscita la devolución de un volumen de deuda creciente en ausencia de crecimiento. El mercado también ha incorporado a las cotizaciones soberanas una prima por "riesgo de convertibilidad" asociada a una posible segmentación o ruptura del Área euro. Lo dijo el FMI en julio y la estimó el Banco de Italia en un estudio reciente para la curva italiana. El BCE, con la decisión del jueves, ha querido transmitirle al mercado que hará lo que esté a su alcance para reducir a la mínima expresión esta prima por convertibilidad. El euro es irreversible, ha reiterado Draghi y, por ello, las nuevas compras de deuda serán ilimitadas y carecerán de un trato preferencial frente a las realizadas por inversores privados.

Ahora el mercado es consciente de que sí existe un cortafuegos capaz de evitar que España e Italia vuelvan a pagar tipos de interés a corto plazo próximos al 6%. El anuncio de su creación ha servido para devolver a la curva española a niveles no observados desde abril y, lo que es tanto o más importante, para abrir la lata de emisiones de deuda en mercado por parte de agentes privados españoles (Telefónica y Banco Santander), cerrada desde entonces.

Aun siendo muy bienvenida esta reacción, no es momento de caer en la complacencia. Llega el turno del Gobierno español. Conocer las características del apoyo del BCE era la precondición para proceder a la solicitud de una línea de crédito preventiva, que limite la incertidumbre que supone tener que renovar vencimientos de deuda pública (estatal y autonómica) por 70.000 millones de euros de aquí a finales de año.

El coste político de las condicionalidades económicas que como peaje imponga Europa no debería ser superior al que ya hayan podido generar todas las medidas de ajuste anunciadas en el último año. De la celeridad y rigor con la que se gestione el rescate desde España y del grado de cumplimiento con los compromisos adquiridos, depende que podamos hablar de un punto de inflexión definitivo en la crisis actual. El objetivo último es volver a ver, aunque al principio solo sea con cuentagotas, el retorno de capital privado extranjero. Cuando esto ocurra, estaremos un poco más cerca del final del túnel.