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22/10/2015 07:31 CEST | Actualizado 21/10/2016 11:12 CEST

Si un islamista hubiera apuñalado a la alcaldesa de Colonia, Alemania habría enfurecido

Las fuerzas de seguridad en Alemania tienden a hacer un despliegue completo de sus efectivos si los ataques terroristas son liderados por la extrema izquierda o por islamistas, pero los oficiales tienden a hacer la vista gorda si los que han llevado a cabo los ataques son miembros de la extrema derecha.

ASSOCIATED PRESS
Election posters of independent candidate for the mayor of Cologne Henriette Reker stand behind a police barrier in Cologne, Germany, Saturday, Oct. 17, 2015. Reker was wounded in a stabbing at this site as she campaigned on Saturday, a day before an election in the western German city. (Oliver Berg/dpa via AP)

El sábado, se dio un intento de asesinato a una política en Alemania, el peor de las últimas décadas. Un hombre asociado con la extrema derecha apuñaló presuntamente a Henriette Reker, una candidata independiente a las elecciones municipales de Colonia, en el cuello, hiriéndola de gravedad. El domingo, fue elegida como alcaldesa de Colonia.

El presunto atacante confesó tener "sentimientos xenófobos", según la Policía alemana. Ha sido detenido con cargos por intento de asesinato.

Los ciudadanos de Colonia aún no pueden creerse lo que ha pasado. Mientras tanto, fuera de Renania del Norte-Westfalia, no parece que nadie esté hablando sobre el tema.

En Alemania, parece que el fútbol es más importante que lidiar con el gran peligro al que se enfrenta la democracia en estos momentos. El sábado por la noche, la importante revista alemana Spiegel Online creyó que era más urgente cubrir la Copa Mundial de la FIFA. Y, el sábado por la tarde, el famoso periódico alemán Bild prefirió que sus titulares se centraran en la Bundesliga. No es ninguna novedad.

Durante décadas, Alemania ha tardado mucho en reaccionar a los actos terroristas de extrema derecha. Los detalles sobre el bombardeo durante la Oktoberfest de 1980 aún no han salido a la luz. Se han reducido los asesinados que llevó a cabo la Clandestinidad Nacionalsocialista ("Nationalsozialistischer Untergrund" o "NSU" en alemán) a una contienda entre las familias de inmigrantes.

En resumen, Alemania lleva décadas restándole importancia al terrorismo de extrema derecha. Por no mencionar los ataques a los centros de refugiados. Han tenido lugar aproximadamente quinientos ataques en los centros de refugiados en lo que va de año; casi el triple de ataques que en 2014. ¿Tan difícil resulta imaginar que tras ellos podría haber un movimiento terrorista cuyo objetivo es minar la paz en el país?

Un sencillo experimento de pensamiento demuestra lo absurda que es esta actitud con respecto a la extrema derecha: imaginen, por un momento, que Henriette Reker hubiera sido apuñalada por un islamista en vez de por un miembro de la extrema derecha.

La noticia habría dominado las televisiones alemanas. El ataque habría pasado a la historia como el 11-S alemán. Y nadie se habría precipitado a describirlo como un arrebato de locura. Si un islamista hubiera apuñalado a Reker, el mundo entero enfurecería.

Y habría sido el mejor momento para el presidente de Baviera, Horst Seehofer. También habría sido un gran momento para el partido conservador AFD (Alternative für Deutschland, que significa "Alternativa para Alemania"). El movimiento xenófobo PEGIDA y el partido AFD han hecho lo posible durante estas últimas semanas por fomentar el discurso del odio. Las comunidades islámicas habrían estado en peligro de que se las estigmatizara públicamente. Al contrario de lo que sucede con los ataques terroristas de extrema derecha, el Estado habría perseguido a los terroristas de inmediato.

Las fuerzas de seguridad tienden a hacer un despliegue completo de sus efectivos si los ataques terroristas son liderados por la extrema izquierda o por islamistas, pero los oficiales tienden a hacer la vista gorda si los que han llevado a cabo los ataques son miembros de la extrema derecha o, por lo menos, esa es la impresión que se lleva uno cuando ve cómo se han tratado los asesinatos que llevó a cabo la Clandestinidad Nacionalsocialista.

Solo se han investigado el diez por ciento de los incendios provocados en los centros de refugiados. Y la policía ni siquiera ha identificado a los responsables de las horcas hechas a mano reservadaspara Angela Merkel y Sigmar Gabriel que aparecieron en Dresde. Es vergonzoso.

Al final del día, todos los musulmanes de Alemania habrían tenido que soportar una atmósfera muy tensa si el asesino de Colonia hubiera sido islamista.

Pero solo ha sido un miembro de la extrema derecha. No un extraño. Uno de nosotros.

Debería ser motivo de preocupación.

Este post fue publicado originalmente en The World Post y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno