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Adiós al color en las bolsas de patatas fritas: el gigante japonés de los aperitivos retira la tinta de 14 productos por el bloqueo de Ormuz

Adiós al color en las bolsas de patatas fritas: el gigante japonés de los aperitivos retira la tinta de 14 productos por el bloqueo de Ormuz

La guerra entre Irán y Estados Unidos ya afecta hasta al diseño de las bolsas de snacks en Japón.

Manos de una persona comiendo de un plato de patatas fritas en un bistró parisino.
Manos de una persona comiendo de un plato de patatas fritas.Getty Images

La guerra en torno al estrecho de Ormuz ya no solo está alterando el precio del petróleo o las rutas marítimas internacionales. También ha terminado golpeando algo tan cotidiano como una bolsa de patatas fritas.

La compañía japonesa Calbee, el mayor fabricante de aperitivos del país y famosa por sus envases llenos de colores llamativos, ha anunciado que retirará temporalmente la tinta de 14 de sus productos por problemas de suministro provocados por el conflicto en Oriente Medio.

El resultado: varias de sus icónicas bolsas pasarán a imprimirse únicamente en blanco y negro antes de finales de mayo.

El problema no son las patatas: es la tinta

La situación tiene una explicación mucho más compleja de lo que parece.

Según recoge The Guardian, la compañía se ha visto afectada por la escasez de nafta, un derivado del petróleo imprescindible para fabricar ciertos componentes de la tinta utilizada en impresión industrial.

Japón depende enormemente de las importaciones energéticas procedentes de Oriente Medio y cerca del 40% de la nafta que consume el país llega desde esa región.

Con el bloqueo y la tensión militar en el estrecho de Ormuz, las cadenas de suministro han comenzado a resentirse.

Calbee explicó que la decisión responde a la inestabilidad en el acceso a "determinadas materias primas" provocada directamente por la guerra.

El cambio ha causado impacto en Japón

La noticia ha generado un enorme revuelo en Japón, donde las bolsas de colores de la marca forman parte casi de la cultura popular.

Las patatas fritas de Calbee son uno de los productos más reconocibles de los supermercados japoneses y sus diseños visuales tienen una importancia enorme para el marketing de la compañía.

Por eso, verlas ahora convertidas en envases monocromáticos ha sido interpretado casi como un símbolo visual de la crisis internacional.

Y no es el único caso reciente.

En marzo ya hubo momentos de pánico entre consumidores japoneses cuando otra marca de snacks tuvo que detener temporalmente la producción de uno de sus productos más populares por problemas para conseguir combustible industrial.

El Gobierno intenta tranquilizar a la población

El Ejecutivo japonés ha tratado de rebajar la preocupación asegurando que el país mantiene reservas suficientes y que ya trabaja en rutas alternativas para importar materias primas fuera del estrecho de Ormuz.

"El suministro necesario para funciones importantes está garantizado", aseguró el portavoz gubernamental Kei Sato en declaraciones difundidas incluso como boletín de emergencia por algunas cadenas de televisión.

Según el Gobierno, las importaciones de nafta desde fuera de Oriente Medio se han triplicado durante mayo para evitar problemas mayores.

Aun así, la imagen de las bolsas sin color ha terminado convirtiéndose en una representación muy gráfica del impacto global de la guerra.

De Hiroshima al mundo… y ahora al blanco y negro

Calbee fue fundada en Hiroshima en 1949, apenas cuatro años después de la bomba atómica, y con el tiempo terminó transformándose en un gigante internacional de los aperitivos con presencia en Asia, Europa y Estados Unidos.

En 2018 incluso compró la británica Seabrook Crisps.

Ahora, más de siete décadas después de su nacimiento, la compañía afronta una situación inédita: seguir vendiendo millones de bolsas de patatas… pero sin color.

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Y todo por una guerra a miles de kilómetros de sus fábricas.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

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