Anne, 26 años, gana 1.700 euros pintando casas: "Nos enseñan a estar sentados, pero nada sobre los oficios"
Ejerció otras profesiones y ahora se siente realizada.
Anne trabaja como pintora de casas en su región natal de Bigouden, en Francia. Esta joven de 26 años gana unos 1.700 euros al mes trabajando 35 horas semanales, las cuales disfruta: "Lo que me apasiona es el trabajo práctico, creando obras de calidad con mis propias manos", reconoce, tal y como refleja en una entrevista en el diario francés Le Monde.
Menor de tres hermanos, siempre se ha considerado una buena estudiante, pero fue durante sus años de primaria cuando empezó a ver que su camino iba dirigido a las artes: "Cuando sonaba el timbre del día, corría a las clases extraescolares de dibujo", manifiesta.
De esta forma, entre tintas chinas, acuarelas y carboncillo fue forjando su pasión. No obstante, en 2017, se decantó por estudiar ciencias para después matricularse en una licenciatura en lenguas extranjeras (LEA) en la Universidad de Rennes, su segunda opción.
Su mudanza a esa ciudad fue todo un acierto. La libertad que sentía en la facultad, además del dinero que gozaba con la ayuda económica de sus padres, de 300 euros, le permitían disfrutar de esta etapa universitaria: "Comienza el verano y hago mis primeras prácticas en una sucursal bancaria para mantenerme ocupada durante un mes y aprender sobre el sector bancario", afirma.
Era necesario un giro de guion
Los años universitarios transcurrieron en calma. Fue cuando finalizó, en 2020, en pleno confinamiento con el coronavirus, cuando se replanteó qué iba a hacer con su vida. Había estudiado derecho, economía, contabilidad y sus padres le animaron a seguir su carrera en el sector de la banca y los seguros: "Encontré trabajo en una agencia de seguros para hacer prácticas. Me pagaban 950 euros al mes. Me pasaba el día entero gestionando documentos administrativos. Me aburría muchísimo. Lo dejé a los tres meses", subraya.
Con los años, continúo haciendo trabajos esporádicos, primero en una residencia de ancianos como personal de limpieza, para en 2021 dar el salto a la Oficina de Turismo de Penmarch, donde cobraba 1350 euros: "Estar en contacto con los clientes no es lo mío", asevera.
En 2022, tras una evaluación de habilidades, vio que era la pintura a donde quería aspirar como profesional. Se matriculó en CFA (centro de formación de aprendices), en un programa de formación profesional de un año en pintura y decoración: "Encontré fácilmente un empleador que financiara mis prácticas", comenta.
Los 1350 euros al mes que le proporcionaban dichas prácticas le valieron para mudarse con su pareja a un apartamento de 3 habitaciones a 720 euros con gastos. "Me gusta el trabajo. Es físico, pero he aprendido a adaptarme. Puedo cargar bidones de pintura de 20 kg, que es casi la mitad de mi peso. Es duro, pero lo consigo", dice con orgullo.
Un consejo para los jóvenes
Consciente de que su caso es atípico entre los jóvenes que deciden cursar estudios universitarios y empezar su trayectoria laboral, su experiencia, a la que ha sumado un diploma de dos años, la considera un ejemplo a seguir: "Ese mismo verano, mi pareja y yo compramos nuestra casa de estilo neobretón en Pont-l'Abbé. Tenemos 112 metros cuadrados de espacio habitable y un jardín de 1200 metros cuadrados. Pagamos 260.000 €, que pagué al contado gracias a una herencia. Soy propietario del 80 % de la casa", sostiene.
Por ello, quiere mandar un mensaje a los que están a punto de decidir sus estudios. Subraya que la educación falla en el escenario práctico: "Nos enseñan a sentarnos en un escritorio durante años, pero nada sobre trabajos reales". Ahora, con un contrato indefinido bajo el brazo y un salario que se ajusta a sus necesidades, su gran propósito del 2026 están muy alejado del terreno profesional: "Quiero adoptar un perro. Estaría feliz con nosotros en nuestro amplio jardín", concluye.