La apocalíptica advertencia de Draghi sobre el futuro de Europa: "El orden mundial ha muerto"
Europa, advierte, se enfrenta a un riesgo real: "quedar subordinada, dividida y desindustrializada".

Nadie duda que el mundo está cambiando a velocidad acelerada y se está gestando un nuevo orden mundial que ni los menos "conspiranoicos" niegan. Las fichas están ya colocadas, con Europa como peón que quisiera ser pieza mayor, Rusia como "segundo escalón" y EEUU y China jugando frente a frente. Una voz tan autorizada como Mario Draghi lo tiene también claro: "El orden mundial ha muerto", o mejor dicho, el viejo orden mundial basado en reglas.
Ahí está la clave: las reglas de antes ya no sirven para las de ahora. Así de claro y contundente se mostró Draghi durante un discurso pronunciado en la Universidad de Lovaina (Bélgica), donde fue investido doctor honoris causa. , y del que se han hecho eco medios italianos como Il Messaggero.
Para el ex primer ministro italiano y expresidente del Banco Central Europeo, el sistema multilateral liderado por EEUU desde el final de la Segunda Guerra Mundial ya no funciona como hasta ahora. Y Europa, advierte, se enfrenta a un riesgo real: "quedar subordinada, dividida y desindustrializada".
Desde el arranque de su intervención, Draghi puso el foco en un cambio de era. Reconoció que cuesta aceptar que ese orden internacional esté "muerto", pero insistió en que los hechos obligan a asumirlo tal y como son, sin nostalgia ni autoengaño.
La arquitectura de la Unión Europea, recordó, se construyó sobre la convicción de que el derecho internacional y unas instituciones sólidas garantizaban la paz y la prosperidad. Y, sobre todo, sobre una premisa clave: la protección militar de EEUU. Todo eso se acabó.
El fin del paraguas estadounidense y el nuevo choque de intereses
Durante décadas, la alianza permitió a Europa centrarse en la apertura económica. Con la seguridad garantizada y el comercio fluyendo dentro del bloque occidental, el crecimiento parecía asegurado. Pero ese equilibrio se ha roto.
Según Draghi, EEUU empieza a ver el mantenimiento del orden internacional más como un coste que como un beneficio, y no duda en imponer aranceles a Europa, presionar en materia comercial o incluso considerar que la fragmentación política europea juega a su favor. En geopolítica realmente no hay aliados ni enemigos, hay siempre intereses.
A ese factor se suma China. Draghi fue explícito al señalar que Pekín controla nodos críticos de las cadenas de suministro globales y traslada al resto del mundo el coste de sus desequilibrios internos.
El resultado es un comercio internacional cada vez más alejado del principio clásico de la ventaja comparativa y más cercano a estrategias mercantilistas, donde unos ganan a costa de la desindustrialización de otros.
Ese proceso, añadió, ha alimentado la desigualdad y ha sembrado la reacción política que hoy sacude a muchas democracias occidentales. Europa no es ajena a esa dinámica.
El mayor riesgo: una Europa irrelevante
Para Draghi, el colapso del orden multilateral no es, por sí solo, el mayor peligro. Europa podría adaptarse a un mundo con menos comercio y normas más laxas. La verdadera amenaza es lo que puede sustituirlo. Un escenario en el que la UE queda atrapada entre EEUU y China, sin capacidad real de decisión, si no lo está ya irremisiblemente.
El diagnóstico es duro: si Europa no defiende activamente sus intereses, no podrá preservar sus valores durante mucho tiempo. La pérdida de peso industrial, la división política y la dependencia estratégica serían las consecuencias directas.
De confederación a federación: el salto pendiente
Ante este contexto, Draghi lanzó una de sus ideas más ambiciosas: Europa solo será una potencia si avanza hacia una verdadera federación. Donde la UE ha dado ese paso —comercio, competencia, mercado único o política monetaria— ha logrado respeto internacional y capacidad de negociación. Los acuerdos comerciales recientes con India o América Latina son, a su juicio, una prueba clara.
El problema es que en ámbitos clave como la defensa, la política exterior o la fiscalidad, Europa sigue funcionando con una lógica confederal. Y ese modelo, advirtió, no genera poder. Un grupo de Estados con derecho de veto y cálculos nacionales distintos sigue siendo vulnerable, especialmente frente a actores mucho más cohesionados.
Un "federalismo pragmático" como hoja de ruta
Ha sido el sueño de muchos, tras siglos de matarse entre ellos: una Europa unida de verdad, pero se antoja imposible, menos aún hoy en día, con los países cada vez más cerrados en sí mismos y escépticos, y una población desencantada con las instituciones europeas, cuando no ignoradas.
Pero Draghi no se rinde. La propuesta concreta pasa por lo que denomina "federalismo pragmático". No se trata de una integración forzada ni inmediata, sino de avanzar con los socios dispuestos a hacerlo, en los ámbitos donde sea posible. El objetivo, sin embargo, debe ser claro desde el principio: construir instituciones con capacidad real de decisión.
El euro es, para Draghi, el mejor ejemplo. Un grupo de países decidió avanzar, creó instituciones comunes con autoridad efectiva y, con el tiempo, otros se sumaron. No fue un camino lineal ni exento de costes, pero funcionó.
