Antiguamente la gente siempre plantaba laurel en la esquina de su casa; décadas después, los constructores están redescubriendo la razón
Todo son ventajas.

Te vale para un guiso, para aromatizar un patio o directamente para hacer bonito. El laurel es uno de las especies vegetales más celebradas en millones de casas.
Fuese por la razón que fuese, la realidad es que hace décadas era costumbre plantar laurel donde se pudiera, especialmente en las esquinas de las casas. Muchos podrían pensar que era un asunto estético, pero ahora los constructores y arquitectos están redescubriendo el laurel y el por qué de su emplazamiento.
Ese conocimiento de nuestros ancestros se concentra en la ubicación estratégica del laurel. Y plantarlos en las esquinas respondía a que esos puntos son los más vulnerables en una casa a la intemperie, tanto a las fuertes lluvias como a las ráfagas de vientos feroces.
Para protegerlos, antiguamente se optaba por el remedio más natural posible, las plantas. Y de todas ellas el laurel era una de las más elegidas, por su polivalencia y por su forma. Un escudo verde que, eso sí, debe mantener unas normas.
Explican los constructores de la actualidad que para plantar el laurel (conocido científicamente como laurus nobilis) debe hacerse en junio y estableciendo una distancia de entre 50 y 80 centímetros de la pared. Esto es; no se debe plantar pegado, tocando la pared.
La distancia se justifica en que su crecimiento no 'choque' con el elemento que es la pared. Ubicado a esta prudencial distancia, el laurel actúa como una verdadera barrera climática contra las inclemencias del invierno... y también del verano.
Porque si bien el laurel amortigua los efectos de lluvias y vientos fuertes, sus hojas coriáceas también proporcionan algo de sombra en los días más calurosos. Y esa sombra implica un muy necesario descenso térmico en las zonas 'protegidas' por esta planta.
Esta función de 'regulador' térmico tiene otra ventaja aparejada, que permite una mejor conservación de las zonas donde se plante el laurel, evitando el desgaste de materiales que sí podría darse por el contraste tan fuerte entre temperaturas muy frías y la humedad del invierno y el calor extremo del verano.
