Cuatro nadadores cruzan el canal de la Mancha a 7º C: "Como si te pincharan la piel con mil agujas"
La hazaña forma parte de una investigación de la Universidad de Loira para registrar, en muy poco tiempo, las respuestas fisiológicas y conductuales extremas.

Se propusieron hacer una hazaña y lo han conseguido. Cuatro deportistas han nadado en relevos durante 16 horas y 27 minutos sin trajes de neopreno con el agua a 7 °C. Se trata de los nadadores Frédéric Taillandier, Kevin Audouy, Arleen Gonzalez y Makala Jones, que se propusieron este reto como parte de un estudio científico realizado por la Universidad de Caen-Normandía para comprender las reacciones fisiológicas al frío extremo, según ha publicado Le Parisien.
"Hablamos del 'Everest de la natación', un sueño para muchos nadadores de aguas abiertas. Fuimos allí, como si subieramos a la cima del Himalaya, donde hace frío y escasea el oxígeno", dice Frédéric Taillandier con una sonrisa. Este nadador, que reside en Rouans, en el Loira Atlántico, emprendió esta travesía junto a su vecino de Nantes, el franco-luxemburgués Kevin Audouy, así como a la mexicana Arleen González y la galesa Makala Jones, en representación de la asociación Swim for the Planet que él mismo fundó.
Una hora de natación con tres horas de descanso antes de volver al agua. Es la primera vez que un equipo mixto de cuatro personas lo hace. La temperatura del agua fluctúa entre 7 y 9 °C. Dadas las condiciones del mar, no hay tiempo ni para mojarse la nuca. "Nos dicen que nos lancemos, nos tiramos al agua y allá vamos", relata el nadador. Unos días después, revive esos momentos extremos. "Durante la inmersión, experimentas una especie de sobrecarga sensorial, como si te pincharan la piel con miles de agujas. Dura cinco minutos. Te concentras en la brazada, escapas del dolor centrándote en cosas más placenteras", añade.
Pero el Canal de la Mancha dista mucho de ser un río tranquilo. En la costa, el mar se intensifica. "En esos momentos, el único objetivo es retirar el brazo, empujar el agua y volver a empezar. Es una batalla contra el mar", explica este nadador. Y entonces pasa el tiempo y comienza otro reto para ellos también importante en esos momentos: salir del agua y calentar lo más rápido posible.
"Un ángel de la guarda nos cuida. Nos ayuda a caminar lo mejor que podemos hacia la cabaña. Nos secamos, nos vestimos rápidamente —pantalones, calcetines, gorro de piel, chaqueta— y luego vamos al lugar más cálido a tomar té o infusión. Y empezamos a temblar", recuerda Frédéric Taillandier.
“Cuando los nadadores salen del agua, su temperatura corporal continúa bajando durante cuarenta o cincuenta minutos. Este fenómeno se conoce como afterdrop", explica Benoît Mauvieux, profesor de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Caen-Normandía. “Para combatir el frío, la sangre se retira de la superficie del cuerpo para concentrarse alrededor de los órganos vitales. Al volver a circular a nivel de la piel, se enfría”.
El investigador monitoreó de cerca el paso de los cuatro nadadores, equipándolos con numerosos sensores: "Estos protocolos de competición extremos nos permiten, en muy poco tiempo, registrar respuestas fisiológicas y conductuales intensificadas. El cuerpo debe adaptarse con una rapidez extrema, mucho mayor que la que experimenta a diario".
El objetivo también era observar cómo los atletas recuperaban y regeneraban el calor corporal antes de pasar a la siguiente etapa del relevo. "Compararemos los datos, perfeccionaremos el modelo matemático e intentaremos determinar temperaturas críticas o umbrales de tiempo de nado". Esta investigación ayudará a mejorar el rendimiento futuro de los nadadores, pero también ayudará a todas las poblaciones expuestas al frío, desde náufragos hasta personas sin hogar.
