El hartazgo de un político valenciano contra el turismo masivo llega a la prensa británica: "Compran el mismo souvenir y no gastan más que cinco euros en cerveza"
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El hartazgo de un político valenciano contra el turismo masivo llega a la prensa británica: "Compran el mismo souvenir y no gastan más que cinco euros en cerveza"

La masificación turística es un problema cada vez mayor en numerosas ciudades españolas.

Tienda de souvenirs en ValenciaGetty Images

El debate sobre los límites del turismo masivo en España ha cruzado fronteras. Las críticas del diputado valenciano Alberto Ibáñez han encontrado eco en medios británicos, poniendo el foco en un problema que ya no es solo local: la saturación turística en algunas de las ciudades más visitadas del país.

Ibáñez, representante de Compromís, ha lanzado una advertencia clara: el crecimiento descontrolado del turismo está deteriorando la vida cotidiana hasta hacerla "insoportable" en determinados barrios. En su diagnóstico, ciudades como Valencia o Alicante han alcanzado un punto crítico, donde el equilibrio entre residentes y visitantes se ha roto.

La postura del diputado valenciano han traspasado fronteras y el medio británico Daily Mail se ha hecho eco de sus palabras. Así, señalan en el tabloide que, lejos de ser una crítica aislada, su discurso conecta con un malestar cada vez más visible en distintos puntos del país, donde el modelo turístico empieza a generar más tensiones que beneficios en determinados contextos.

Ciudades convertidas en escaparates

El diputado describe una transformación urbana que, a su juicio, vacía de contenido la vida local. "Decorados para turistas", así define barrios donde los comercios tradicionales desaparecen para dejar paso a negocios orientados exclusivamente al visitante.

El ejemplo es gráfico: panaderías que bajan la persiana para dar paso a tiendas de alquiler de bicicletas o consignas. Un cambio que, más allá de lo económico, altera la identidad de los barrios y dificulta la vida diaria de quienes residen en ellos.

Por ello, Ibáñez ha solicitado en el Congreso de los Diputados la creación de una comisión específica que analice el impacto real del turismo sobre la calidad de vida. Su objetivo es trasladar al ámbito político una "frustración" que, según sostiene, ya está instalada entre muchos vecinos.

Cruceros y gasto mínimo

Uno de los puntos más polémicos de su intervención se centra en el turismo de cruceros. Ibáñez cuestiona abiertamente su rentabilidad para las ciudades receptoras, señalando que, en días punta, el volumen de pasajeros puede superar incluso a la población local.

A su juicio, el problema no es solo la cantidad, sino el tipo de consumo. "Compran el mismo souvenir y no gastan más de cinco euros en una cerveza", critica, subrayando que estos visitantes aportan poco valor añadido mientras sí generan presión sobre infraestructuras y entorno urbano.

Además, denuncia cierta homogeneización de la experiencia turística: visitantes que apenas distinguen entre destinos como Valencia, Sevilla o Barcelona, consumiendo productos similares sin una conexión real con el lugar.

¿Decrecer para sobrevivir?

Frente a este escenario, el dirigente valenciano plantea una idea controvertida: limitar el crecimiento del turismo, incluso apostar por su reducción. Rechaza, por ejemplo, ampliar infraestructuras portuarias para atraer más cruceros y defiende establecer topes a las llegadas.

Como advertencia, menciona el modelo de Benidorm, símbolo del desarrollo turístico intensivo. Para Ibáñez, es el ejemplo de lo que ocurre cuando una economía local gira en exceso en torno a los visitantes.

Su argumento va más allá de lo urbano. Considera que ciudades como Valencia ya no dependen exclusivamente del turismo y que ha llegado el momento de diversificar la economía. "El turismo vive de la ciudad y la está devorando", resume, reclamando políticas que impulsen otros sectores y generen empleo más estable.

El trasfondo es claro: el turismo, motor económico durante décadas, empieza a ser percibido también como un factor de desgaste. Y esa tensión, cada vez más visible en España, ya forma parte del debate internacional.

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