Élise, maestra con 25 años de experiencia, cobra 2.800 euros netos al mes: "Es insuficiente"
A pesar de haber experimentado subidas progresivas, no está satisfecha con lo que cobra.
Elise, una profesora de infantil con 25 años de experiencia en el sistema educativo francés, está cobrando actualmente 3.839 euros brutos al mes, que equivalen 2.973 euros netos mensuales. "Son insuficientes, tanto considerando nuestra formación —una licenciatura de cinco años, como la de los ingenieros— como nuestras responsabilidades", ha matizado.
La profesora se apoya en su cuarto de siglo ejerciendo la profesión para lanzar las críticas a su sueldo. El inicial para los docentes de esta etapa educativa en el país galo se sitúa en 2.121 euros, 852 euros por encima de lo que Elise está cobrando actualmente.
Con el paso de los años se han ido incrementando los salarios de los docentes en Francia. En julio de 2022 experimentaron una subida del 3,5%, un 1,5% en julio de 2023 y y 5 puntos en enero de 2024. Esta escalada progresiva no ha supuesto notables diferencias en la economía de Elise: "No he notado mucho estos aumentos en mi poder adquisitivo", remarca.
Otros gastos
Desde que comenzó el curso, Elise ha tenido que sufragar de su propio bolsillo algunos costes de papel y demás materiales para los alumnos. La cifra asciende a 300 euros y señala que son unos 50 euros al mes: "¿ Es normal? No. ¿Es habitual? Sí… Para que te lo reembolsen, necesitarías recibos, e incluso así, algunos gastos serían difíciles de justificar…?", puntualiza.
En el terreno personal, 1.170,64 euros de hipoteca, 800 euros al mes de comida para tres personas, 600 euros de gasolina, además de otros gastos relativos al seguro de hogar, la cuota de la comunidad, el agua, la luz y el internet, han hecho que se aprieten el cinturón: "Tener dos hijos en la universidad implica dejar de salir, de ir a restaurantes…¡ya iremos más tarde", subraya, tal y como recoge el medio francés Le Point.
Vocación por encima de todo
A pesar de todas estas dificultades económicas, Elise no renunciará a su profesión por nada del mundo. Desde niña ya soñaba con ser maestra y tras estudiar una licenciatura y un máster, comenzó a hacer sustituciones en colegios, donde descubrió que la educación infantil estaba hecha para ella: "Me encanta su entusiasmo por todo: tienen muchas ganas de aprender y compartir buenos momentos", reconoce con orgullo.
Es plenamente consciente de la responsabilidad que implica educar a estos pequeños en sus primeros pasos: "Mi enfoque en el aula se basa en la idea de que todo es posible: cometemos errores, pero lo volvemos a intentar sin desanimarnos", matiza, concluyendo que esas fortalezas, unidas a la perseverancia y actitud, son los mejores motores para que avancen en la vida.