Esther, teletrabajadora en Toledo: "Hay momentos en los que me doy cuenta de que hasta las seis de la tarde que salgo a pasear no he abierto la boca"
El doble filo del trabajo remoto: la cara B de un modelo laboral que nos vendieron como el paraíso, pero que esconde una profunda soledad.
El teletrabajo fue, sin duda, la gran revolución laboral que trajo consigo la pandemia de 2020. El confinamiento abrió las puertas de par en par al trabajo desde casa, una alternativa que hasta ese momento era una auténtica rareza en nuestro país.
Con el paso del tiempo, el teletrabajo se ha ido asentando en nuestra sociedad. De hecho, según los últimos datos de Eurostat, alrededor del 7,8% de la población ocupada en España ejerce su profesión de manera telemática.
No obstante, no es oro todo lo que reluce, y cada vez son más las voces que advierten del desgaste mental que supone este formato. Esther Blanco, una mujer que reside en Toledo, ha pasado por los micrófonos de la Cadena SER para poner sobre la mesa las enormes dificultades psicológicas que puede suponer el trabajo remoto a largo plazo.
Blanco trabaja como diseñadora instruccional (creando cursos de formación) para una empresa alemana. Lleva tres años teletrabajando al 100% y su único contacto físico con la oficina se reduce a un viaje anual a Madrid para reunirse presencialmente con su jefe.
La trampa de la comodidad y la pérdida de rutinas
La trabajadora detalla cómo la barrera entre la oficina y el hogar se ha ido difuminando, impidiéndole mantener una rutina sólida.
"Al final tienes la comodidad de que nadie te está mirando, estás en tu casa y prácticamente puedes hacer lo que quieras. Yo he ido perdiendo rutinas; con la pérdida de motivación, pues vas perdiendo rutinas. La mayor parte de las veces me levanto 15 minutos antes de empezar a trabajar", confiesa con sinceridad.
El silencio ensordecedor de las cuatro paredes
Uno de los aspectos más duros a los que se enfrentan las personas que teletrabajan al 100% es el aislamiento social. La comunicación verbal a lo largo de la jornada puede llegar a ser literalmente nula.
La toledana lo ilustra con una frase demoledora: "Si tu pareja llega por la tarde, si no has tenido reuniones ese día, hay momentos en los que me doy cuenta de que hasta las seis de la tarde que salgo a pasear no he abierto la boca", lamenta Esther.
La necesidad vital de reconectar con el barrio
Para que el trabajo a distancia sea sostenible mentalmente, los expertos insisten en que es clave trazar una línea roja entre la vida profesional y la personal, obligándose a salir a la calle.
Esther ha aprendido esta lección a base de experimentarlo en sus propias carnes. "Al final del día, no es solo estar a gusto en tu casa, es también tener un sentimiento de pertenencia por la ciudad en la que vives, por el barrio en el que estás, una razón para salir de casa, si no pasas muchísimas horas entre 4 paredes", concluye, lanzando una advertencia a todos aquellos que idealizan el teletrabajo.