Magaluf estrena una ruta con stands para selfies en plena campaña contra el turismo masivo: ya son cuatro y el Ayuntamiento instalará tres más
Una iniciativa de lo más polémica.

Mientras buena parte de los destinos mediterráneos debaten cómo frenar la saturación turística, proteger el espacio público y devolver calidad de vida a sus vecinos, Magaluf, la zona mallorquina mundialmente conocida por el balconing y el turismo de borrachera, vuelve a situarse en el centro de la conversación con una iniciativa que parece ir en sentido contrario.
El municipio balear ha inaugurado una ruta con soportes para hacerse selfies en enclaves estratégicos del litoral, una propuesta presentada como turismo sostenible pero que refuerza precisamente uno de los motores de la masificación actual: convertir el territorio en escaparate para redes sociales.
La medida llega en un momento especialmente sensible para Baleares, donde crecen las protestas por la presión turística, el encarecimiento de la vivienda, la congestión viaria y la pérdida de espacios para residentes. En ese contexto, la apuesta por multiplicar puntos fotográficos genera una pregunta inevitable: ¿Se combate el turismo masivo invitando a viralizar aún más el destino?
Cuatro puntos ya instalados y tres más en camino
La nueva ruta ha sido impulsada por el Ayuntamiento de Calvià y discurre por el Passeig Calvià hasta el paseo marítimo próximo a la playa. A lo largo del recorrido ya se han instalado cuatro estructuras metálicas pensadas para apoyar teléfonos móviles y facilitar fotografías con el paisaje de fondo. El consistorio prevé añadir otras tres próximamente en la zona de Torre de Torrenova.
Entre los lugares elegidos figuran vistas a la finca histórica de Cas Saboners, la península de Torrenova, promocionada para amaneceres y atardeceres, la isla de Sa Porrassa y el perfil urbano de Magaluf. Cada punto incluye además un código QR con acceso a una aplicación con audioguías, imágenes e información sobre negocios locales, hoteles, restaurantes y eventos.
Sobre el papel, se vende como una experiencia moderna y cómoda para el visitante. En la práctica, el mensaje institucional es otro: compartir imágenes para promocionar el destino de forma orgánica y convertir a los turistas en embajadores gratuitos de la marca Magaluf.
En concreto, el Ayuntamiento enmarca la ruta dentro de la campaña "Magaluf para todos", centrada en la convivencia, respeto ambiental y reposicionamiento del destino. Sin embargo, muchos residentes apuntan que la sostenibilidad exige algo más profundo que instalar soportes para móviles.
Del viajero al creador de contenido
Lo que está claro es que el turismo contemporáneo ha cambiado de forma. Hoy en día, muchos viajeros eligen destino por lo que han visto antes en TikTok o Instagram, y los ayuntamientos parecen competir por crear el próximo rincón viral. El problema es que esa lógica rara vez piensa en quienes viven allí todo el año.
Cada selfie exitoso puede traducirse en más exposición, más visitantes concentrados en los mismos puntos y más presión sobre zonas que ya soportan una intensa actividad estacional.
Es por esto que esta iniciativa ha despertado el miedo entre los locales de que lo que se presenta como innovación turística corra el riesgo de ser simplemente otra herramienta de promoción masiva.
El verdadero debate pendiente
Magaluf lleva años intentando sacudirse la imagen del turismo de borrachera y reposicionarse internacionalmente. Pero entre el modelo de excesos del pasado y la turistificación "instagrameable" del presente quizá se esté perdiendo una tercera vía: construir un destino habitable.
Además de innovación, es primordial para el archipiélago hablar de turismo sostenible, el cual implica limitar excesos, mejorar transporte público, contener ruidos, proteger ecosistemas costeros, garantizar vivienda accesible y equilibrar la relación entre visitantes y residentes.
Y, según la opinión de muchos locales, nada de eso se resuelve con un trípode urbano y un código QR. Porque la cuestión de fondo no es cuántos selfies se hagan frente al mar, sino cuántos vecinos pueden seguir viviendo con normalidad detrás de esa postal.
