Juan, habitante del único pueblo de Murcia en el que se habla valenciano: "Nadie nos mira raro"
“Quedo yo y diez familias más que hablen valenciano”, se lamenta.

En un país donde la diversidad lingüística forma parte del patrimonio cultural, a veces son las personas anónimas, y no las instituciones, quienes sostienen las lenguas más frágiles. En pequeños pueblos, lejos de los grandes focos, hay vecinos que, casi sin proponérselo, se convierten en guardianes de una forma de hablar que resiste al paso del tiempo, a la despoblación y al olvido.
La historia de Juan, agricultor en una pedanía murciana donde el valenciano sigue vivo contra todo pronóstico, es un ejemplo de esa resistencia cotidiana. El hombre, de casi 70 años, vive en Raspay, un pequeño núcleo en la ladera de la sierra del Carche que cuenta con menos de 130 habitantes, casas de piedra y viñas en las faldas de la montaña. A pesar de pertenecer a la Región de Murcia, buena parte de sus vecinos usan el valenciano como lengua habitual.
“Mi casa está en Yecla y tengo el comedor en Pinoso”, cuenta Juan con naturalidad en una entrevista con Cabrafotuda, un canal de YouTube dedicado a dar a conocer la cultura de la Comunidad Valenciana. La historia de repoblación entre ambas zonas explica la pervivencia del valenciano en este territorio de Murcia, donde las fronteras administrativas se diluyen en la vida cotidiana y la lengua se ha transmitido de generación en generación como algo propio y natural.
Un pueblo envejecido
Aunque el valenciano sorprenda a quien no conoce la zona, Juan insiste en que entre sus vecinos no hay hostilidad por hablar otra lengua. “Nunca nos han tratado raro por hablar otra lengua, lo único que nos preguntan es ‘¿Cómo habláis valenciano si sois de Yecla?’”, asegura. Relata además que, pese a que hace 60 años hubo una escuela de monjas, la transmisión de la lengua se mantuvo en el hogar y en la vida cotidiana, no en la enseñanza formal.
No obstante, el relevo generacional es el gran motivo de preocupación en el municipio. “Quedo yo y diez familias más en Raspay que hablen valenciano”, lamenta Juan. Explica que no quedan niños en la pedanía, él tuvo tres hijos que ahora viven en Yecla, y que la emigración de los jóvenes por motivos laborales ha dejado un pueblo envejecido. Al mismo tiempo, subraya que en las últimas décadas han vivido más británicos en El Carche que ciudadanos locales como tal, lo cual preocupa en lo que a conservación del valenciano se refiere.
Para Juan, la pérdida de gente joven y la dureza del trabajo agrario son la razón por la que el campo se queda sin relevo. “Estáis abandonando el campo y aquí solo quedamos ‘cuatro’ de 70 años o más. La gente joven se ha ido por el trabajo”, reflexiona. La supervivencia del valenciano en estas aldeas dependerá, como en muchos otros casos, de políticas culturales sensibles, de iniciativas comunitarias y, sobre todo, de la voluntad de las nuevas generaciones para mantener la lengua viva en la vida diaria.
