La nueva generación de Silicon Valley elige el celibato y el "modo monje" para hacerse rica: "Cada cita es un coste de oportunidad"
La necesidad de un trabajo extremo para alcanzar las metas y ser competitivos, la inteligencia artificial y la idea de que el amor es un obstáculo en todo ello, marca la realidad de buena parte de estos trabajadores.

Vivimos tiempos de pocos puntos medios: personas que valoran más su vida social y su tiempo que la carrera profesional y todo lo contrario, aquellos que, viendo el presente y futuro laboral, ponen toda la carne en el asador, hasta el extremo de renunciar a su vida social y amorosa. Silicon Valley está llena de estos "monjes" modernos.
Hay una frase que se repite entre los fundadores más jóvenes de Silicon Valley y que dice mucho más de lo que parece: "No tengo tiempo para una relación". No es postureo. Tampoco una exageración. Para una parte creciente del nuevo ecosistema tecnológico, salir con alguien se ha convertido en un lujo improductivo.
"Hay dos cosas que más me importan: el gimnasio y mi trabajo", explica Mahir Laul, de solo 18 años, a Business Insider. El joven se tomó una excedencia de la New York University para dedicarse a tiempo completo a su startup de recursos humanos, Velric. Mientras sus antiguos compañeros salen de fiesta, él programa y entrena. El resultado es previsible: "Mi vida amorosa está en el abismo", reconoce sin dramatismo.
No es una excepción. Entre los fundadores de las startups más jóvenes se extiende la idea de "ahora toca construir", y todo lo demás —incluidas las citas— queda en pausa. Aunque parezca muy americano, es el modo de vida más habitual, elevado a la potencia, en China.
Del "trabaja duro, diviértete" al encierro productivo
Silicon Valley fue durante años sinónimo de mezclar trabajo, ocio y cierta espiritualidad californiana. Mientras se levantaban Google o Facebook, también se popularizaban retiros, microdosis y experimentos sociales que hoy suenen ingenuos. Ese clima ha desaparecido.
La carrera por la inteligencia artificial y la presión de los inversores han endurecido las rutinas. Sprints de programación interminables, semanas laborales de seis días y jornadas que rozan el modelo 996 importado de China (de 9 de la mañana a 9 de la noche, 6 días a la semana).
Los datos acompañan la sensación: el tráfico peatonal en edificios de oficinas de San Francisco creció un 21,6% interanual en julio, según la firma de análisis Placer.ai, el mayor aumento entre las grandes ciudades de EEUU.
En paralelo, el consumo con tarjetas corporativas los fines de semana también se dispara. El mensaje implícito es claro: trabajar más ya no es opcional.
Sensación de "infidelidad laboral": si estás de cita, no estás con tu empresa
Ese clima explica por qué muchos fundadores hablan de las relaciones en términos casi financieros. Annie Liao, fundadora de Build Club, lo resume sin rodeos. "El coste de oportunidad es muy alto. Cada noche fuera es tiempo que podrías dedicar a desarrollar tu startup". De nuevo, mentalidad china en su máxima expresión. Entre sus conocidos, salir con alguien solo se plantea cuando la empresa alcanza cierta estabilidad, como una ronda de Serie B.
La lógica se repite con otro testimonio en Business Insider. Daivik Goel, fundador de la plataforma de nóminas Shor, compara una relación con una startup: "Al principio requiere mucho tiempo. Ahora mismo solo tengo capacidad para una de las dos". No usa apps de citas ni busca encuentros casuales. Simplemente, no entra en su agenda.
Incluso quienes intentan ligar lo hacen bajo parámetros casi empresariales. Liao cuenta que algunos hombres de su entorno puntúan a las mujeres como si fueran KPI, del 1 al 10, para "tomar decisiones informadas". Una forma de pensar que, llevada al extremo, convierte el romance en un problema de optimización.
Biohackear el amor (y fracasar en el intento)
Para Amy Anderson, directora ejecutiva de la agencia Linx Dating, muchos fundadores llegan a ella tras años obsesionados con el ROI y la eficiencia. Buscan una pareja “perfecta”, sin fricciones. "Quieren biohackear el amor", explica, "pero no siempre piensan con inteligencia emocional".
Otros apuntan al miedo. Dylan Oriundo, asesor de startups, cree que muchos fundadores temen no ser queridos por lo que son, sino por lo que podrían llegar a ganar. "Cuando no tienes dinero, piensas que no te querrán. Cuando lo tengas, temes que solo te quieran por eso", resume.
San Francisco, la "proporción" y la excusa perfecta
El escenario tampoco ayuda. San Francisco arrastra desde hace décadas fama de mal mercado de citas. La ciudad tiene una ligera mayoría masculina (51% de hombres frente a 49% de mujeres), pero en tecnología la brecha es mayor: solo el 13,2% de los fundadores de startups eran mujeres, según datos de 2023, y alrededor de una cuarta parte de la fuerza laboral tech.
Para Wesley Tian, cofundador de Aragon, la consecuencia es clara: "Si eres heterosexual y hombre, no hay tantas mujeres". Algunos optan por mudarse a Nueva York; otros mantienen relaciones a distancia o directamente buscan pareja fuera de EEUU.
No todos compran ese argumento. Joyce Zhang, coach de citas y exgerente de producto de Stripe, lanza una pregunta incómoda a sus clientes: "¿Qué puedes cambiar tú?". Y apunta a la clave: disponibilidad emocional, algo escaso en un entorno donde todo compite con la empresa.
El deseo oculto: no estar solos mientras construyen
Paradójicamente, muchos de estos fundadores no renuncian al amor por convicción, sino por aplazamiento. Idealizan la figura de la pareja estable como sistema de apoyo durante el camino emprendedor. Los referentes pesan: Mark Zuckerberg y Priscilla Chan, Jeff Bezos y MacKenzie Scott.
Algunos estudios apuntan justo en la dirección contraria a la cultura del encierro. El profesor Sean Horan, de la University of Fairfield, recuerda el efecto positivo de una vida personal plena sobre el trabajo: más bienestar suele traducirse en mayor productividad.
