Lo que le ha pasado al alcalde Almeida con una paloma es síntoma de lo que ya viven algunos barrios de Madrid
Almeida no es el único 'objetivo' de una de las aves más características de las grandes ciudades, pero su concentración empieza a ser un problema en barrios de la capital.
Una paloma ha depositado sus heces en la cabeza del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, cuando este estaba participando en un homenaje a los caídos por la libertad de expresión, a los periodistas fallecidos en situaciones de conflicto. La culpa es siempre del mensajero. Más allá de que el regidor haya podido tirar de buen humor, esta anécdota deja entrever mucho más.
Y es que ese buen humor con el que ha reaccionado el alcalde de la capital española no lo pueden compartir numerosos vecinos de los barrios de Arganzuela. El distrito lleva años liderando la tabla de incidencias provocadas por palomas callejeras.
Martínez Almeida estaba precisamente hablado desde el atril cuando se llevó la mano con un gesto contrariado. "Y no podía pasar otra cosa que una paloma tuviera la feliz ocurrencia en este momento de aterrizar sobre el corte de pelo que me hice ayer", reconoció, provocando la risa de los presentes.
"¿Veis? Cuando yo digo que el periodismo es una profesión de riesgo es porque incluso los que no lo somos corremos el riesgo estando con vosotros de que nos suceda cualquier cosa". Más allá de la media docena de bromas que se suelen hacer en circunstancias como esta, la avifauna madrileña está generando intensos debates vecinales en zonas como el distrito de Arganzuela.
Una anécdota que revela un problema de enjundia en zonas de Madrid
El acto ha tenido lugar en el distrito de Salamanca, en plena almendra de la ciudad. No es que la capital esté particularmente atestada de palomas. Según el censo del organismo autónomo Madrid Salud, en 2021 había en la almendra poco más de 37.000 palomas, la mayoría de ellas de la especie bravía. Es una cifra moderada que pone a la ciudad por debajo de lo que se ve en otras urbes europeas.
El problema no es la cantidad de palomas. El problema es su distribución. Y eso lo saben bien los vecinos del distrito de Arganzuela, que desde hace más de un lustro es la zona de Madrid que más incidencias registra por precisamente la presencia de estas aves, de nuevo según datos de Madrid Salud. ¿Por qué esa predilección de las palomas por Arganzuela?
Fundamentalmente por una polémica vecinal que por ahora parece sin encontrar solución. Una vecina recorre cada mañana con una enorme bolsa de tela repleta de migas de pan y alpiste.
Las palomas lo saben y desde hace años los vecinos sufren imágenes que recuerdan a películas de Hitchcock. Los animales ya se han acostumbrado al horario y a media mañana muchas de ellas enfilan calle Ferrocarril volando a baja altura, lo que puede provocar más de un susto al tráfico rodado.
Arganzuelas, punto caliente de palomas
La situación ha elevado la tensión últimamente en la zona. Balcones repletos de deposiciones, algunas noches en vela por el característico arrullo de las aves y, por supuesto; también problemas para los propios animales. Muchas palomas han perdido dedos o incluso la capacidad de fabricar nidos, como suele ser habitual cuando viven en el medio urbano, y no es raro ver cadáveres de estos animales a los pies de los árboles.
Numerosos medios han informado ya sobre este fenómeno. En Telemadrid por ejemplo se apreciaban las imágenes de las elevadas concentraciones de paloma a la entrada y salida de colegios. En El País se llegó a literaturizar esta situación. Y, mientras todo esto sucede, cada vez más vecinos reclaman acciones cada día más impopulares: la erradicación total de este animal.
Lo cierto es que las palomas no son visitantes indeseadas en las ciudades. Para empezar, son aves que fueron domesticadas hace ya varios milenios: empezaron a trabajar con los humanos hace casi 10.000 años. Fueron sustituidas por invenciones de los últimos siglos, desde el telégrafo a internet: pero nunca se fueron. No sabían a dónde ir.
Qué hace (y qué puede hacer) el Ayuntamiento al respecto
Ahora sus poblaciones en las ciudades pueden generar problemas de salud pública (a pesar de que son animales mucho más limpios de lo que muchos puedan llegar a sospechar) y molestias evidentes. ¿Qué hacer? En el caso del Ayuntamiento de Madrid se viene trabajando, a través de Madrid Salud, en una serie de actividades a fin de reducir las incidencias.
Desde captura y desplazamiento a palomares en las afueras de la ciudad a, a veces con poco éxito, instalación de pinchos en mobiliarios urbanos, para evitar que los animales se posen en ellos. En cualquier caso, las palomas son un síntoma evidente de la degradación de ciertos espacios urbanos. En el barrio de Delicias, por ejemplo, las palomas se concentran fundamentalmente en edificios abandonados o semiabandonados.
El Ayuntamiento de Madrid igualmente requiere de la colaboración ciudadana para evitar que la avifauna sea plaga y, en consecuencia, un problema para los vecinos. Lo primero que ruega el consistorio es que no se alimente a las palomas. Ellas son capaces de encontrar el alimento, y el rociar las calles del distrito con alpiste lo único que favorece es que surja una sobrepoblación de animales.
También pide que se eviten zonas encharcadas en patios y jardines, ya que atraen a las palomas para bañarse, pero además puede atraer a otras plagas: pueden ser de interés para roedores sedientos. Se pide evitar dar refugio o nido a las palomas en inmuebles y, por supuesto, plantea que los propietarios de los inmuebles adopten medidas para proteger los edificios.