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Marieke Blom, economista jefe de ING, no ve ningún problema en poner la lavadora mientras se teletrabaja: "Puedes ser mucho más eficiente"

Marieke Blom, economista jefe de ING, no ve ningún problema en poner la lavadora mientras se teletrabaja: "Puedes ser mucho más eficiente"

Para la economista, el teletrabajo flexible no solo es eficiente, sino socialmente importante.

Banco INGJakub Porzycki

Un estudio reciente de la plataforma Indeed confirma que muchos empleados aprovechan la jornada en casa para resolver pequeños asuntos personales. No se trata de escaquearse, sino de reorganizar el tiempo. Para Marieke Blom, economista jefe de ING, esta forma de trabajar responde a una lógica clara: más autonomía y más responsabilidad.

Blom reconoce abiertamente que ella misma realiza tareas domésticas entre horas. En su opinión, esta flexibilidad ha tenido un efecto decisivo en el empleo femenino. “Para muchas mujeres, poder compaginar trabajo y vida personal de esta manera es lo que hace posible seguir activas laboralmente”, sostiene en una entrevista con un medio holandés. 

La clave, insiste la economista, no está en vigilar el reloj, sino en cumplir con lo acordado. Los equipos, explica, funcionan mejor cuando se centran en resultados y no en controlar cada minuto de la jornada. Cada persona gestiona su tiempo como considere, siempre que el trabajo salga adelante.

Una idea que también respalda el diputado liberal Eric van der Burg, que no ve problema en aprovechar el teletrabajo para recibir paquetes o hacer recados puntuales. “Mientras se cumpla con el trabajo, no debería ser un drama”, resume.

Los propios trabajadores parecen marcarse sus límites. Según Indeed, acudir al médico durante el teletrabajo está ampliamente aceptado, mientras que otras actividades más largas o ajenas al trabajo siguen viéndose como inapropiadas. La flexibilidad, por tanto, no es sinónimo de barra libre.

Además, la eliminación de los desplazamientos diarios ha cambiado la ecuación de la productividad. Parte del tiempo que antes se perdía en el tráfico ahora se reinvierte en trabajo o descanso, lo que, según Blom, hace que muchos empleados rindan más desde casa.

Para la economista de ING, el teletrabajo flexible no solo es eficiente, sino socialmente valioso. Permite que más personas sigan trabajando, favorece la conciliación y, de paso, normaliza que las tareas del hogar no recaigan siempre en los mismos. “Y si esto implica que haya más hombres poniendo lavadoras”, concluye, “bienvenido sea”.