Multan a un jubilado con 115 euros por supuestamente tirar un cigarro por la ventanilla del coche: estaba a 700 kilómetros de distancia y nunca ha fumado
El ayuntamiento acaba admitiendo el error tras una lucha incesante por parte del conductor.
Recibir una multa no suele ser agradable. Pero hay casos en los que la sanción roza lo absurdo. Le ha ocurrido a Ray Weatherburn, profesor jubilado de 76 años, que fue multado con 100 libras (unos 115 euros) por, supuestamente, tirar una colilla por la ventanilla de su coche en Nottingham.
El problema es que en ese momento estaba a más de 700 kilómetros, pasando unos días de vacaciones en Normandía, y además asegura que nunca ha fumado en su vida.
La notificación, enviada por el ayuntamiento, advertía de posibles acciones judiciales si la multa no se abonaba en el plazo establecido. Un mensaje serio, con tono amenazante, que pilló completamente por sorpresa al afectado.
Pruebas claras… y aun así semanas de angustia
Lejos de pagar para evitar problemas, Weatherburn decidió defenderse. Reunió toda la documentación posible: sellos del pasaporte, recibos, reservas de alojamiento y justificantes de viaje que demostraban que no se encontraba en Reino Unido el día de la supuesta infracción.
Además, aportó otro dato clave: su coche ni siquiera estaba circulando. El vehículo permanecía estacionado en su segunda residencia de Berwick-upon-Tweed, a cientos de kilómetros de Nottingham. Es decir, era materialmente imposible que hubiese cometido la infracción que se le atribuía
Tras revisar el expediente, el consistorio acabó reconociendo el error, anuló la sanción y envió una disculpa formal. Pero el daño ya estaba hecho.
Un nombre que no era el suyo y la sospecha de fraude
El caso no terminó con la retirada de la multa. Al revisar las comunicaciones oficiales, Weatherburn detectó algo inquietante: aparecía un nombre que no reconocía. Ese detalle abrió una nueva hipótesis: una posible suplantación de identidad o incluso una clonación de matrícula.
La policía no descarta ninguna de las dos opciones, aunque por ahora no hay una conclusión clara. La incertidumbre aumentó cuando el jubilado recibió una tercera carta, en la que se le invitaba a participar en un programa de 'Justicia Inmediata'. Posteriormente, la propia administración calificó ese envío como un simple "fallo técnico".
Demasiados errores encadenados para un mismo ciudadano.
Ansiedad, insomnio y un sistema que falla
Más allá del trámite administrativo, el impacto fue personal. Weatherburn, que en su juventud llegó a ser campeón de 800 metros lisos, ha reconocido que el proceso le generó ansiedad e insomnio. Lo que más le afectó no fue solo la acusación, sino la falta de explicaciones claras sobre cómo se había originado todo.
El caso pone en evidencia los sistemas de verificación municipales no son infalibles. Un error aparentemente menor puede convertirse en semanas de estrés, obligando al ciudadano a demostrar su inocencia con más rigor del que se aplica a la hora de imponer la sanción.
Una lección clara para cualquiera que reciba una multa
Aunque el expediente está oficialmente cerrado, la experiencia deja una enseñanza: conviene revisar siempre cualquier notificación oficial, incluso cuando parece perfectamente redactada y respaldada por la administración. Documentar, comprobar fechas, lugares y datos personales puede marcar la diferencia entre una multa injusta y su anulación.
El caso de Ray Weatherburn demuestra que equivocarse es posible, incluso cuando la acusación llega por escrito y con membrete oficial. Y también que no pagar de inmediato y pedir explicaciones, cuando hay motivos, no solo es legítimo, sino necesario. Cumplir las reglas pero estar ojo avizor en todo momento ante fallos e irregularidades.