Nicolas, de ingeniero nuclear a horticultor ecológico: "Mi trabajo consistía en elaborar informes, archivos de Excel o presentaciones. Quería volver a cosas más concretas"
Una decisión que le ha permitido empezar de cero en el campo.
Cada vez son más las personas que, después de años siguiendo un camino aparentemente estable, deciden parar, mirar alrededor y cambiarlo todo. No se trata solo de dejar un trabajo, sino de replantearse el ritmo de vida y la relación con su entorno. En ese grupo de giros vitales radicales encaja la historia de Nicolas Blanc de Lanaute, que pasó de los planos del sector nuclear a las manos en la tierra.
Tras más de una década trabajando como ingeniero en el sector nuclear y dirigiendo equipos técnicos, Nicolas llegó a un punto de saturación en el que el trabajo de oficina empezó a pesar más que la propia vocación profesional. Ese malestar, alimentado también por reflexiones sobre el modelo energético y su propio estilo de vida, terminó empujándole a aprovechar una salida voluntaria de su empresa para empezar de cero en el campo.
"Mi trabajo consistía en elaborar informes, archivos de Excel o presentaciones. Quería volver a cosas más concretas", resume en declaraciones recogidas por Le Monde. Por ello, Nicolas decidió formarse en gestión de explotaciones agrícolas y empezar desde cero en un sector completamente distinto. Poco a poco fue dando forma a su propio proyecto hortícola, apostando por una producción ecológica y de proximidad que le devolviera esa conexión directa con el trabajo manual que sentía haber perdido.
“Necesitaba ser fiel a mí mismo”
Este antiguo empleado de una filial de Areva en Loches, en Indre-et-Loire, se instaló como horticultor ecológico en Nouans-les-Fontaines y hoy cultiva unas cincuenta variedades de hortalizas y también algunas frutas, que comercializa directamente en los mercados de Selles-sur-Cher y Saint-Aignan. “Necesitaba ser fiel a mí mismo”, explica, convencido de que el cambio le ha permitido recuperar una forma de vida más coherente y cercana a la tierra.
Según relató, el detonante apareció una noche, durante un trayecto en coche, cuando escuchó un podcast con Jean-Marc Jancovici hablar del agotamiento de los combustibles fósiles. “Yo escuchaba tranquilamente en mi coche, quemando gasolina, sin reaccionar”, recuerda, mientras que la contradicción entre ese mensaje y su vida profesional le removió por dentro. Por ello, decidió formarse en gestión de explotaciones agrícolas y empezó a prepararse de forma metódica para reconvertirse en productor.
En esta línea, también decidió limitar al máximo la mecanización y apostar por herramientas más sencillas, como la carretilla y la grelinette. Hoy, su explotación se basa en el cultivo de hortalizas, melones, raíces y tubérculos. Aunque tuvo que renunciar a su antiguo salario y, por ahora, no se paga sueldo, asegura que duerme mejor, vive con menos estrés y ha recuperado una sensación de utilidad que echaba de menos.