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Oliver Schilke, profesor universitario, sobre confesar que usas IA en el trabajo: "Quienes hacen lo moralmente correcto cargan con la penalización por su transparencia"

Oliver Schilke, profesor universitario, sobre confesar que usas IA en el trabajo: "Quienes hacen lo moralmente correcto cargan con la penalización por su transparencia"

Revelar el uso de IA reduce la confianza que otras personas depositan en quien la utiliza.

IA en el trabajo.
Una mujer utilizando la IA en el trabajo.Getty Images

La inteligencia artificial ha dejado de ser una herramienta del futuro para convertirse en una compañera habitual en la jornada laboral de millones de personas. Cada vez más trabajadores recurren a ella para redactar textos, analizar datos o agilizar tareas, animados incluso por sus propias empresas. Sin embargo, lo que parecía un simple avance en productividad está abriendo un nuevo debate.

Lejos de ser una cuestión menor, reconocer que se ha utilizado inteligencia artificial puede tener consecuencias inesperadas. Así lo sostiene Oliver Schilke, profesor de Gestión y Sociología de la Universidad de Arizona, que advierte de que los empleados que son transparentes sobre el uso de estas herramientas pueden acabar viendo cómo se menosprecia su trabajo. Un efecto que ya empieza a observarse en numerosas empresas.

Según Oliver, esta situación ha generado una paradoja en muchas organizaciones. Mientras las empresas impulsan el uso de herramientas como ChatGPT o Claude para mejorar la productividad, quienes reconocen abiertamente que la utilizan pueden salir perjudicados. "Quienes hacen lo moralmente correcto cargan con la penalización por su transparencia", resume en declaraciones recogidas por Business Insider, que asegura considerar necesario establecer normas comunes para evitar que la honestidad acabe convirtiéndose en un obstáculo profesional.

Dejaron que la IA dirigiese una empresa: lo que pasó dice mucho sobre el futuro del trabajo
  Dejaron que la IA dirigiese una empresa.Getty Images

Algunos casos reales

Es lo que le ocurrió a Aubrey, una analista del sector sanitario en Nueva York. "Trabajé durante más de un año recopilando información, elaborando alternativas y analizando las implicaciones de cualquier cambio, y mi gerente quería atribuir todo el mérito a la IA", cuenta. Semanas después, recibió una evaluación de desempeño anual poco entusiasta, muy por debajo de lo esperado.

Una situación similar vivió Deepak, desarrollador de software en una multinacional tecnológica, que comenzó a reconocer, por cuestiones de transparencia, el trabajo de los agentes de codificación automatizada que utiliza para realizar las tareas más tediosas. Con el tiempo, asegura que la dirección de su empresa empezó a asumir que sus mejores resultados eran obra de la IA, una percepción que, según cree, terminó frenando su ascenso profesional.

Oliver lleva tiempo investigando este fenómeno. En un estudio publicado en Organizational Behavior and Human Decision Processes, él y su equipo comprobaron, a través de trece experimentos, que revelar el uso de IA reduce la confianza que otras personas depositan en quien la utiliza. El problema es que la transparencia hace que muchos interpreten que el empleado ha delegado parte de su capacidad intelectual en la máquina, aunque la participación de la IA haya sido limitada.

Ante este escenario, varios expertos defienden que la atención no debe recaer sobre cada trabajador. En lugar de obligar a decidir cuánto revelar, proponen que las empresas establezcan normas comunes para documentar el uso de la inteligencia artificial y diferenciar qué parte corresponde al sistema y cuál al profesional. El objetivo es que la transparencia deje de percibirse como un riesgo y pase a ser una práctica normalizada dentro del entorno laboral.

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Soy redactora en El HuffPost España, especializada en publicar artículos y reportajes de interés social: un periodismo cercano que explica y conecta.

 

Sobre qué temas escribo

Me centro en temas sociales y redacto artículos que ponen el foco en la vida cotidiana, los viajes, el consumo y las historias que conectan con la gente. A través de testimonios y observación trato de convertir experiencias personales en relatos que expliquen realidades más amplias y lleguen al lector. Por ejemplo, el reportaje con el que se dio a conocer la iniciativa de Javier Cascón: “Tiene 26 años, tres casas en Madrid que da a los sintecho y es de valorar la forma con la que ha conseguido el dinero”; un joven que ha convertido su vida en un ejemplo a seguir.

 

En general, escribo sobre vivencias personales y lugares que suelen pasar desapercibidos, por lo que siempre encontrarás sitios de interés con los que deleitarte en mis artículos.

 

Mi trayectoria

Nací en Madrid en 2001, estudié un doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos y me estrené como becaria en el Diario AS, donde me recibieron con los brazos abiertos y aprendí muchísimo. Desde el verano de 2024 formo parte del equipo de El HuffPost España, donde sigo creciendo profesionalmente y disfruto contando a diario historias que le importan a la gente. Entre mis mayores intereses que me llevaron al mundo del periodismo destacan los temas culturales, sociales y deportivos, pero me encanta aprender sobre otras áreas. En lo personal, soy una gran apasionada de contar historias y trasladar la información a todas las pantallas y los hogares, pero también del cine y de la postproducción audiovisual.

 


 

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