Por qué no debes llenar el tanque hasta el borde después del 'clic' de la bomba de gasolina
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Por qué no debes llenar el tanque hasta el borde después del 'clic' de la bomba de gasolina

Muchos conductores intentan aprovechar hasta la última gota de combustible cuando repostan, pero los expertos advierten de que ignorar el 'clic' de seguridad puede acabar siendo más caro, más peligroso y menos eficiente de lo que parece.

Una mujer llena el depósito de su coche en una gasolinera.PhotoTalk

Con los precios de los combustibles empezando a relajarse tras las noticias sobre la reapertura del estrecho de Ormuz, muchos conductores han vuelto a mirar con más atención los surtidores. Y con ello también regresa una costumbre muy extendida en las gasolineras: intentar llenar el depósito hasta el borde.

La escena es habitual. La manguera se detiene automáticamente con el característico "clic" que indica que el depósito está lleno. Sin embargo, no son pocos los conductores que vuelven a apretar el gatillo una vez más. Y otra. Y otra más.

La intención parece lógica: aprovechar al máximo la capacidad del depósito y retrasar la siguiente visita a la gasolinera.

Sin embargo, los especialistas aseguran que hacerlo es una mala idea.

El 'clic' no está ahí por casualidad

El sonido que se escucha cuando la bomba se detiene automáticamente forma parte de un sistema de seguridad diseñado específicamente para evitar problemas.

Cuando el surtidor detecta que el depósito ha alcanzado su capacidad adecuada, corta el suministro de combustible para impedir que siga entrando gasolina o diésel. Ignorar esa señal y continuar repostando puede provocar que el combustible termine rebosando o salga por los conductos de evacuación del vehículo.

Y ahí empiezan los problemas.

Un riesgo para otros conductores

Según explican profesionales del sector de la automoción, uno de los principales peligros aparece cuando el combustible sobrante acaba derramándose sobre la calzada.

Aunque pueda parecer una cantidad mínima, unas pocas gotas de gasolina o diésel pueden convertir determinadas zonas del asfalto en superficies especialmente resbaladizas. Los más vulnerables son motoristas y ciclistas, que pueden perder adherencia de forma repentina. "Es una cuestión de seguridad vial", advierten los expertos.

Paradójicamente, ese combustible extra que el conductor intenta aprovechar termina desperdiciándose y puede convertirse en un riesgo para otros usuarios de la vía.

También puede afectar a tu coche

El problema no termina en la carretera. Los vehículos incorporan sistemas diseñados para gestionar el exceso de combustible cuando el depósito alcanza su límite.

Si se fuerza el llenado más allá de ese punto, parte de la gasolina o el gasóleo puede salir por una canalización situada junto a la boca de llenado. En algunos casos, ese combustible puede acabar cayendo cerca de una de las ruedas traseras del vehículo o sobre diferentes componentes del sistema de repostaje.

Además del desperdicio económico, esta situación puede generar olores persistentes, manchas o pequeños problemas mecánicos derivados de una sobrecarga innecesaria.

Lo que recomiendan los expertos

La recomendación es sencilla: cuando la pistola de la gasolinera haga "clic", lo mejor es detener el repostaje.

Aunque la tentación de introducir unos céntimos más de combustible resulte comprensible, los especialistas recuerdan que el ahorro real es prácticamente inexistente. A cambio, sí aumentan las posibilidades de derrames, desperdicio de carburante y situaciones potencialmente peligrosas para otros conductores.

En otras palabras: ese pequeño gesto que muchos repiten cada semana no ayuda a recorrer más kilómetros. Lo único que consigue es llenar el depósito más allá de lo necesario.

Y eso, según los expertos, nunca es una buena idea.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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