Sam, 8 años, superdotado y sin colegio desde hace cuatro meses: "Estamos completamente al límite. No tenemos ni idea de cuánto va a durar esto"
El niño sufrió bullying durante meses.
Sam tiene 8 años y ya no es bienvenido en su escuela de primaria en Holanda. Este joven superdotado lleva cuatro meses en casa sin educación sin ver a ninguno de sus compañeros por mala conducta. En declaraciones al diario AD, sus padres reconocen que no tienen "ni idea" de cuando podrá volver". Dicen sentirse "destrozados".
"Cuando aún era un niño pequeño, ya sabíamos que Sam era un chico inteligente", explica el padre en su conversación con el medio de comunicación. "Se notaba que podía hablar bastante rápido. También podía leer muy rápido", afirma. No obstante, a pesar de sus claras habilidades la escuela nunca fue "un lugar seguro": sufrió bullying durante meses.
Tras un examen de altas capacidades los profesionales confirmaron que Sam era superdotado, pero pronto sus padres notaron que no estaba bien. También recibieron llamadas regulares del colegio puesto que expulsaron al joven en varias ocasiones. "A menudo nos llamaban para preguntar si podíamos ir a recogerlo antes. Estaba tan frustrado".
Los especialistas consultados por la familia concluyeron que "se necesitaba atención, con orientación individual, porque estaba claro que Sam aún no podía funcionar en grupo". Sin embargo, a pesar de recibir algunas propuestas nada fue suficiente para su hijo. "Estábamos completamente desbordados". "Como funcionarios, entendemos muy bien cómo funcionan estos procedimientos oficiales, y aun así nos quedamos atascados".
"Siempre tienes la sensación de que no lo estás haciendo bien"
"Sam ahora no tiene contacto con sus compañeros. También le molesta mucho cuando su hermano mayor juega con amigos y no está aprendiendo nada en absoluto", lamentan los progenitores. Ellos explican que toda la famila sufre de estrés. "Todavía no hay perspectivas de solución. Siempre tenemos la sensación de que no lo estamos haciendo bien".
Un portavoz de la organización holandesa Kratch, que ha tratado de encargarse del caso en todo momento, asegura que "cuando un niño acaba sentado en casa sin educación ni contacto con sus comañeros afecta a toda la familia". En esta situación, "estimamos que se podría organizar un apoyo adecuado dentro de la oferta existente. Pero durante el periodo de observación, resultó que la oferta en la práctica no coincidía suficientemente con lo que este niño necesitaba en ese momento".
"Lo que me conmueve es que en algún momento los padres simplemente se cansan, se sienten impotentes. No quieren nada más que que su hijo pueda volver al colegio, pero se quedan atrapados en reglas y contramedidas. Eso rompe una familia", asegura Yousef Assad, líder político en ese país. "Aunque organizemos mejor la dirección, hay niños que están en casa. Y cuanto más tiempo lleve eso, mayor es el retraso y más difícil se vuelve el retorno. Para nosotros, no hacer nada, mientras los procedimientos continúan, no es una opción".