"Veníamos buscando naturaleza y parecía un festival": el shock de los turistas al descubrir la realidad de uno de los paisajes más famosos de Australia
"No podías ni pararte a mirar".
El turismo de masas lleva años transformando algunos de los paisajes naturales más espectaculares del planeta en escenarios de saturación constante. Lugares que antes simbolizaban calma, desconexión o contacto con la naturaleza ahora aparecen asociados a colas, autobuses, aglomeraciones y móviles levantados buscando la misma foto.
El problema no afecta solo a ciudades históricas o playas famosas. También alcanza espacios naturales que, precisamente por su fragilidad y aislamiento, tienen más dificultades para absorber millones de visitantes cada año.
Australia, tradicionalmente asociada a grandes espacios abiertos y naturaleza salvaje, tampoco escapa a esta tendencia. Uno de sus lugares más icónicos se ha convertido ahora en símbolo del creciente debate sobre la masificación turística.
El vídeo viral que desmonta la imagen perfecta
Las Twelve Apostles, las famosas formaciones rocosas situadas en la Great Ocean Road australiana, vuelven a estar en el centro de la conversación después de que un vídeo viral muestre la enorme cantidad de turistas acumulados frente al mirador principal.
La grabación enseña una escena muy distinta a la imagen idílica que suele promocionarse del lugar: pasarelas llenas, visitantes apelotonados y largas esperas para poder acercarse a observar el paisaje.
Muchos usuarios han reaccionado con estupefacción al comprobar hasta qué punto el lugar se encuentra saturado, llegando a calificar el destino como “sobrevalorado” o lamentando que “ya no queda nada de tranquilidad”.
La sensación se repite cada vez más en destinos naturales masivamente famosos: la expectativa vendida en internet rara vez coincide con la realidad que encuentran quienes llegan allí.
Un lugar al límite de su capacidad
El éxito turístico de las Twelve Apostles no es precisamente pequeño, concretamente alrededor de dos millones de personas visitan el lugar cada año, y las previsiones apuntan a que esa cifra podría duplicarse hasta alcanzar los cuatro millones en 2026.
El problema es que hablamos de un entorno natural extremadamente delicado, ya que las famosas formaciones de piedra caliza están sometidas a una erosión constante por parte del océano y el viento.
De hecho, ya ni siquiera quedan en pie las doce. Según recuerdan distintos expertos y organismos australianos, actualmente solo permanecen en pie siete de las doce estructuras originales.
En concreto, la erosión natural avanza entre 20 y 40 centímetros al año, lo que ha generado una sensación de urgencia entre muchos turistas: viajar ahora antes de que el paisaje cambie todavía más. Una urgencia que alimenta aún más el círculo de la masificación.
Por su parte, las autoridades australianas son cada vez más conscientes del problema, por lo que intentan implementar diversas medidas para controlar la saturación.
Su objetivo es intentar redistribuir el flujo turístico hacia pueblos y negocios cercanos para evitar que toda la presión recaiga únicamente sobre el mirador principal. “Solo hay sobreturismo si no tienes otras ofertas”, defendía la alcaldesa de Corangamite Shire, Kate Makin.
La búsqueda de lo "auténtico"
Uno de los aspectos más llamativos del fenómeno es la contradicción que refleja. La mayoría de visitantes llegan buscando precisamente aquello que la masificación destruye: paz, conexión y naturaleza virgen y salvaje.
Pero cuando millones de personas persiguen al mismo tiempo esa experiencia ‘auténtica’, el resultado suele ser exactamente el contrario. "Nosotros veníamos buscando naturaleza y parecía un festival", censura un usuario.
"Había colas por todo, no podías ni pararte a mirar”", señala otro internauta como respuesta al vídeo viral. “"Hay demasiada gente para sentir la vibra del sitio", añade también otra usuaria.
Cuando el paisaje se convierte en contenido
El caso de las Twelve Apostles también refleja cómo las redes sociales han cambiado completamente la forma de hacer turismo. El problema no es solo ambiental, también afecta a la propia idea de viaje.
Muchos destinos ya no se visitan sólo por interés cultural o natural, sino porque se han convertido en imágenes virales reconocibles. El viaje pasa a organizarse alrededor de una fotografía concreta. Y eso multiplica el efecto llamada.
Cada vídeo que muestra un amanecer perfecto sobre las rocas australianas genera miles de nuevas personas queriendo repetir exactamente la misma escena.
Aunque, al llegar, descubran que la experiencia real consiste en compartir espacio con cientos de turistas más.