Del mar Negro al estrecho de Ormuz: los drones navales ucranianos Magura que hundieron buques rusos llegan ahora a limpiar las minas iraníes
La tecnología que cambió la guerra marítima contra Rusia apunta ahora al punto más sensible del comercio mundial.

Primero fueron una pesadilla para la flota rusa en el mar Negro. Ahora podrían convertirse en la herramienta clave para evitar el colapso de una de las rutas comerciales más importantes del planeta.
Los drones navales Magura, desarrollados por una startup ucraniano-británica y utilizados durante la guerra de Ucrania para atacar y hundir barcos rusos, han aparecido ahora en un escenario completamente distinto: el estrecho de Ormuz.
El Financial Times revela que empresas militares y contratistas marítimos occidentales ya preparan sistemas autónomos capaces de limpiar minas en la zona del Golfo Pérsico ante el temor de que la tensión con Irán termine bloqueando el paso marítimo por el que circula una enorme parte del petróleo y gas mundial.
Y ahí es donde entra una tecnología que hasta hace nada parecía sacada de una película de ciencia ficción.
Los drones que cambiaron la guerra naval
Durante la invasión rusa de Ucrania, los Magura se convirtieron en uno de los símbolos de la nueva guerra naval. Pequeños, rápidos, difíciles de detectar y relativamente baratos, estos drones marítimos lograron golpear embarcaciones rusas en el mar Negro y pusieron contra las cuerdas a una potencia naval muy superior.
Ahora, según explica el diario británico, esos mismos sistemas podrían adaptarse para localizar minas submarinas y abrir corredores seguros para los barcos comerciales en Ormuz.
"Ahora tienes drones lanzando drones. Y el operador puede hacerlo desde Londres", resume Oleg Rogynskyy, director ejecutivo de Uforce, la compañía detrás de los Magura.
El sistema funciona como una especie de muñeca rusa tecnológica: embarcaciones no tripuladas equipadas con sonares avanzados despliegan pequeños submarinos autónomos capaces de detectar y destruir minas en el fondo marino.
Porque las minas modernas ya no flotan como en las guerras del siglo XX. Permanecen ocultas bajo el agua y se activan mediante sensores cuando detectan el paso de grandes barcos.
El miedo ya paraliza el comercio
Lo más inquietante es que, según varios expertos militares citados por el Financial Times, ni siquiera hace falta que existan muchas minas para provocar el caos.
"Basta con que todo el mundo piense que pueden estar ahí", resume el excontralmirante británico John Pentreath.
Ese simple riesgo puede disparar seguros, alterar rutas comerciales y bloquear tráfico marítimo durante días o semanas.
Por eso Estados Unidos, Reino Unido y Francia llevan tiempo acelerando el desarrollo de sistemas autónomos de limpieza naval capaces de actuar sin exponer directamente a marineros en zonas de combate.
La Royal Navy británica ya ha preparado incluso un barco nodriza específico para operar este tipo de drones en Ormuz, mientras empresas como Kraken Robotics, Atlas Elektronik o Thales trabajan en sistemas cada vez más sofisticados.
La guerra tecnológica se mueve bajo el agua
La gran revolución no está solo en los drones, sino en cómo están cambiando la lógica militar.
Hace apenas dos décadas, limpiar minas exigía enormes barcos militares, tripulaciones completas y operaciones larguísimas. Ahora buena parte del trabajo puede hacerse con vehículos autónomos dirigidos a miles de kilómetros.
Aun así, los propios expertos reconocen que sigue siendo una tarea extremadamente compleja.
El estrecho de Ormuz presenta además dificultades añadidas: aguas relativamente poco profundas, enorme tráfico marítimo, corrientes cambiantes y sedimentos que pueden ocultar minas bajo arena o barro.
Y nadie se atreve a garantizar una limpieza total.
"No podemos decir que vayamos a encontrar el 100% de todo", admite Ian McFarlane, responsable de sistemas submarinos de Thales.
Pero el objetivo real quizá ni siquiera sea ese.
La clave, explican los especialistas, es generar suficiente confianza para que las grandes navieras y las aseguradoras vuelvan a considerar seguro el paso por Ormuz.
Y para lograrlo, la tecnología que Ucrania convirtió en arma contra Rusia podría terminar siendo ahora la encargada de mantener abierto uno de los puntos más sensibles del planeta.
