He probado la Fujifilm X half durante varias semanas: una cámara digital compacta que esconde mucho más de lo que parece
Sus aires retro se ven a primera vista. En cuanto la encendemos, nos damos cuenta de que la cosa no queda ahí: su visor y un modo totalmente analógicos son una fantasía para los más nostálgicos.

Las cámaras fotográficas llevan años transformándose. En las últimas décadas, han vivido un cambio completo, en todas sus formas. Pero Fujifilm lleva tiempo adaptándose a los nuevos tiempos y el lanzamiento de la X half es el reflejo de que lo analógico y lo digital pueden ir de la mano.
He podido probarla durante varias semanas y lo primero que tengo que destacar es que su estética es una pasada. Ni el más crítico de la nostalgia podría encontrarle algún fallo. Cuenta con un visor analógico que es similar a las clásicas cámaras de carrete.
Pero claro, en un mundo en el que la fotografía se crea pensando cada vez más en las redes sociales, Fujifilm no se ha dejado nada en el tintero y ofrece una X half, totalmente digital, de medio fotograma, para poder crear imágenes 3:4 verticales.
En la parte superior, nos encontramos el dial de compensación de exposición, para jugar con la luz de forma manual. En el medio, el botón de obturador. Y luego otros dos elementos: la palanca pequeña que nos permite encender o apagar la cámara y la zapata que nos permite montar un visor óptico o un flash externo.

Analógico, pero no mucho
La clave de lo analógico en la cámara de la marca japonesa se encuentra en su diseño. Está claramente inspirado en las máquinas antiguas, aunque con un peso bastante cómodo y compacto: 240 gramos que se agradecen, para poder llevarla en el bolsillo de la chaqueta sin problema.
Después de los primeros días de uso, saco la conclusión de que es una cámara pensada para jugar. A través de la creatividad podemos aprovechar todas sus armas: su sensor de una pulgada nos permite capturarlo todo con una resolución de unos 18 megapíxeles.

Y ojo a los colores, ya que la clásica tecnología de reproducción de Fujifilm, nos permite usar una gran cantidad de filtros, habituales en sus cámaras para poder aprovechar cada momento.
Pero además de su visor analógico, su diseño retro y algún que otro modo que nos remueve la nostalgia, sólo hace falta fijarnos en su pantalla LCD táctil en color de 2,4 pulgadas para darnos cuenta de que, al fin y al cabo, estamos ante una cámara digital.
Desde su pantalla podemos controlarlo todo. Además, en la parte izquierda de la pantalla, nos encontramos con una pantalla táctil vertical, mucho más pequeña, que nos recuerda a los carretes que usábamos hace no muchos años.
Digital y muy pensada para la gente joven
Y ojo a los colores, ya que la clásica tecnología de reproducción de Fujifilm, nos permite usar una gran cantidad de filtros, habituales en sus cámaras para poder aprovechar cada momento y no perder detalle de ellos.
La cosa no queda ahí y nos permite jugar con total libertad. Desde fotografías con 26 filtros de estilo vintage a 13 modos de simulaciones de película. Además de elegir los filtros, ofrece un modo 2 en 1 que permite a la gente aprovechar el modo de cámara de cine para capturar una escena con detalle y formar dípticos a medio encuadrar, con dos imágenes diferentes.
Y claro, además de la tarjeta de memoria, te preguntarás cómo se pueden obtener las fotografías de forma rápida. Fujifilm no se ha olvidado de nada y nos ofrece una opción bastante cómoda.

Se puede conectar a las impresoras instax para smartphone, que son desde hace tiempo todo un éxito, y así se pueden obtener las fotos impresas sin problema y de forma sencilla.
Pero si lo que queremos es subirlo a redes sociales, la marca japonesa nos ofrece su aplicación 'X half' para poder sincronizar todo lo que capturamos con la cámara con la biblioteca de nuestro teléfono móvil y así compartirlo en redes sociales en cuestión de minutos.
Si algo demuestra Fujifilm es que hay que amoldarse a los nuevos tiempos, pero sin olvidar lo que les ha hecho llegar hasta el lugar en el que están. La X half es el reflejo de esa evolución. Su precio, en el momento que escribo esta reseña, es de 599 euros.
