Los matemáticos coinciden y piden retomar el control sobre la IA: "Las empresas tienen que darse cuenta de que no somos borregos"
La denominada "Declaración de Leiden", firmada por más de 2300 profesionales, reafirma los valores de su disciplina. En ella se identifican cinco amenazas, en particular para la autonomía y el proceso de evaluación.

Más de 2.300 matemáticos de todo el mundo han unido sus voces para lanzar una advertencia sobre el auge de la inteligencia artificial en la investigación científica. En una iniciativa conocida como la Declaración de Leiden, respaldada por destacados especialistas y por la Unión Matemática Internacional, los firmantes reclaman recuperar el control sobre el desarrollo y el uso de estas herramientas y piden a las grandes tecnológicas que respeten la autonomía de la comunidad académica.
Tras lo acontecido con Anthropic y sus modelos Fabel y Mythos 5.1 y la orden de prohibición del gobierno de EEUU, uno de los mensajes más contundentes lo resume Bartosz Naskrecki, profesor de las universidades polacas de Poznan y Varsovia y coautor del texto: "Las empresas tienen que darse cuenta de que no somos unos borregos", advierte en el texto difundido por Le Monde.
La declaración defiende que la IA puede ser útil para las matemáticas, pero advierte de que no debe condicionar las líneas de investigación ni sustituir los principios fundamentales de la disciplina.
Una declaración respaldada por miles de matemáticos
El documento se elaboró tras una conferencia interdisciplinaria celebrada en Leiden (Países Bajos) en 2025 y se ha firmado por más de 2.300 investigadores. Entre ellos figuran reconocidos galardonados con la Medalla Fields como Terence Tao, Martin Hairer y Peter Scholze.
Según sus autores, el proceso de redacción fue largo porque buscaba encontrar un equilibrio entre quienes ven la inteligencia artificial con entusiasmo y quienes mantienen una postura mucho más crítica.
El resultado es una declaración que apuesta por aprovechar las oportunidades de esta tecnología sin renunciar a los valores tradicionales de la investigación matemática.
La demostración y la autoría, pilares que no quieren perder
El texto identifica varios principios que considera irrenunciables. Uno de los más destacados es la importancia de la demostración matemática como base del conocimiento, una actividad que, según los firmantes, no debería depender de sistemas cerrados ni de tecnologías patentadas.
También reivindican el reconocimiento de la autoría intelectual y de las contribuciones previas, la evaluación rigurosa del trabajo científico y la libertad de los investigadores para decidir sus propias líneas de estudio sin verse condicionados por intereses comerciales o por las capacidades de determinadas herramientas de inteligencia artificial.
El temor a que las empresas orienten la investigación
Uno de los aspectos que más preocupa a los matemáticos es la creciente influencia de las grandes compañías tecnológicas en el ámbito académico.
La declaración alerta de que existe el riesgo de que ciertas áreas de investigación reciban más atención simplemente porque son compatibles con los sistemas automatizados desarrollados por estas empresas, en lugar de ser seleccionadas por su valor científico o por el criterio de expertos independientes.
Los autores también critican la tendencia a realizar anuncios espectaculares sobre los avances de la IA antes de que estos hayan sido sometidos a una evaluación rigurosa por parte de la comunidad científica.
Errores, derechos de autor y desigualdades
Además de la pérdida de autonomía, el documento identifica otros desafíos asociados al uso de la inteligencia artificial en matemáticas. Entre ellos figuran la falta de fiabilidad de algunos modelos, que todavía pueden cometer errores relevantes; las dudas sobre el respeto a los derechos de autor durante el entrenamiento de estos sistemas; y el posible impacto sobre el modelo tradicional de publicaciones científicas, ya que la automatización podría multiplicar la producción de artículos y alterar los criterios de evaluación académica.
Los firmantes también advierten de que el elevado coste de muchas herramientas avanzadas puede generar nuevas desigualdades entre investigadores e instituciones con distintos recursos económicos.
Una llamada a la transparencia y a una IA al servicio de las personas
Lejos de plantear un rechazo frontal a la inteligencia artificial, la Declaración de Leiden propone una serie de recomendaciones dirigidas a investigadores, universidades, empresas y responsables políticos.
Entre ellas destacan una mayor transparencia en el funcionamiento de los modelos, el impulso de la ciencia abierta, la colaboración entre instituciones y compañías, el respeto por la ética y el desarrollo de marcos regulatorios que permitan aprovechar el potencial de la IA sin poner en riesgo la independencia científica.
Los autores recuerdan además que estas tecnologías pueden tener usos muy distintos, desde aplicaciones beneficiosas para la investigación hasta funciones relacionadas con la vigilancia masiva o el desarrollo militar, por lo que consideran imprescindible un control responsable de su evolución.
En palabras de Bartosz Naskrecki, la iniciativa pretende ser "una declaración humanista" que recuerde que las personas deben seguir ocupando el centro del proceso científico. Para él, las máquinas pueden convertirse en herramientas extraordinarias, pero nunca deberían reemplazar el juicio, la creatividad y la responsabilidad de quienes hacen avanzar el conocimiento.
