Un hospital lleva 123 años con el mismo sistema de aire acondicionado, construido con ladrillo, hierro y cuerdas de fibra de coco empapadas en agua fría
El Hospital Real Victoria de Belfast conserva uno de los primeros sistemas de aire acondicionado mecánico del mundo, una instalación pionera que ya en 1903 enfriaba las salas, filtraba la contaminación y ayudaba a mejorar la recuperación de los pacientes.
Cuando se habla de aire acondicionado, la mayoría piensa en aparatos modernos, motores eléctricos y complejos sistemas de climatización. Sin embargo, en Belfast existe un hospital que conserva una instalación construida hace más de un siglo con materiales mucho más sencillos: ladrillo, hierro y cuerdas de fibra de coco empapadas en agua fría.
Se trata del Hospital Real Victoria, en Irlanda del Norte, que mantiene en pie uno de los primeros sistemas de aire acondicionado mecánico instalados en un edificio público. La infraestructura fue inaugurada en 1903 y, aunque ya no da servicio a las salas actuales, sigue prácticamente intacta y se ha convertido en una sorprendente pieza de ingeniería adelantada a su tiempo.
El elemento más llamativo es un gigantesco ventilador de seis aspas integrado en un muro de ladrillo. Pese a sus dimensiones y a sus más de 120 años de antigüedad, todavía puede girar con facilidad. Su función era impulsar el aire a través de una compleja red de conductos que recorría el edificio.
Cómo funcionaba el sistema
El mecanismo aprovechaba un principio tan simple como eficaz. El aire era arrastrado por el enorme ventilador y atravesaba una especie de cortina formada por cuerdas de fibra de coco que se mantenían húmedas mediante agua fría.
Al pasar por ellas, el aire se enfriaba y ganaba humedad. Después recorría un corredor de unos 150 metros de longitud desde el que era distribuido a las distintas salas del hospital mediante conductos ocultos.
Pero el objetivo no era únicamente reducir la temperatura. A comienzos del siglo XX, Belfast sufría una fuerte contaminación provocada por fábricas y hornos de carbón. Las cuerdas mojadas actuaban además como un filtro capaz de atrapar polvo, hollín y otras partículas que llegaban desde el exterior.
Los responsables del hospital buscaban crear un entorno más saludable para los pacientes en una época en la que la mortalidad infantil era elevada y las condiciones higiénicas de las ciudades industriales dejaban mucho que desear.
Los resultados fueron notables. Según los médicos de la época, mientras en el exterior se alcanzaban temperaturas cercanas a los 26 grados durante el verano, las salas del hospital permanecían en torno a los 18 grados, una diferencia considerable para la época.
Una idea más actual que nunca
La historia de este sistema centenario ha vuelto a llamar la atención en pleno debate sobre las olas de calor y el cambio climático. Las altas temperaturas representan cada vez un mayor riesgo para la salud, especialmente entre personas mayores, enfermos y colectivos vulnerables.
Diversas investigaciones citadas por la BBC muestran que el acceso a espacios climatizados reduce de forma significativa la mortalidad asociada al calor extremo. En los hospitales, disponer de sistemas de refrigeración adecuados puede llegar a disminuir el riesgo de muerte de los pacientes durante una ola de calor.
Por ese motivo, numerosas ciudades están impulsando refugios climáticos y espacios públicos refrigerados donde la población pueda protegerse durante los episodios de temperaturas extremas. España, por ejemplo, ha anunciado una red nacional de refugios climáticos con agua potable y zonas de descanso.
El dilema del aire acondicionado
La expansión del aire acondicionado también plantea un problema. Estos sistemas consumen grandes cantidades de energía y ya representan una parte importante de la demanda eléctrica mundial. Además, contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global.
Por eso, expertos consultados por la BBC defienden combinar las nuevas tecnologías con soluciones pasivas como sombras, aislamiento térmico o cubiertas reflectantes. Sin embargo, reconocen que en muchas ciudades y hospitales esas medidas ya no son suficientes por sí solas frente a temperaturas cada vez más extremas.
Más de 120 años después de su puesta en marcha, el viejo sistema del Hospital Real Victoria sigue recordando una idea que hoy resulta más vigente que nunca: mantener frescos los edificios no es solo una cuestión de comodidad, sino también de salud pública.