Una nave a la deriva de SpaceX, de Elon Musk, choca contra el cráter de Einstein en la Luna a 8.700 kilómetros por hora: "No es un accidente, sino una señal"
La NASA estima que el impacto habría generado un cráter de unos 18 metros de diámetro y cuatro metros de profundidad.
Un objeto que se cree que corresponde a la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX ha impactado contra la superficie de la Luna a una velocidad cercana a 8.700 kilómetros por hora, según las previsiones realizadas por distintos equipos de astrónomos.
Lejos de tratarse de un impacto planificado, los expertos consideran que el episodio pone de manifiesto la necesidad de controlar mejor los restos espaciales, aunque también ofrece una oportunidad excepcional para estudiar cómo se forman los cráteres lunares.
El astrofísico Brad Tucker lo dejó claro en una entrevista en el canal 10 News. "Esto significa que, inevitablemente, terminará convirtiéndose en basura y, ocasionalmente, como ha sucedido, puede impactar la superficie lunar", explicó, y añadió que "no se trata tanto de un accidente o un fallo, sino más bien de una señal de que, a medida que enviamos más y más objetos a la Luna, la planificación debe ser más rigurosa, en consonancia con el aumento de nuestra actividad allí".
El impacto estaba previsto en las proximidades del cráter Einstein, situado cerca del borde de la cara visible de la Luna. Numerosos observatorios terrestres, junto con sondas lunares de Estados Unidos y Corea del Sur, dirigieron sus instrumentos hacia esa zona con el objetivo de captar imágenes antes y después de la colisión.
Un cohete que quedó a la deriva tras una misión
Según los investigadores, el objeto corresponde a la etapa superior de un Falcon 9 utilizado para lanzar en enero de 2025 la misión Hakuto-R, desarrollada por la empresa japonesa ispace. Aquella misión también terminó estrellándose durante su intento de alunizaje.
La etapa del cohete, de aproximadamente 14 metros de longitud y un peso cercano a 4.000 kilogramos, quedó vagando por el espacio después del lanzamiento.
Los expertos explican que la misión necesitó un impulso superior al habitual para colocar su carga en trayectoria hacia la Luna. Como consecuencia, el cohete agotó prácticamente todo su combustible y no pudo ejecutar una maniobra de desorbitado controlado, quedando en una órbita que, con el paso del tiempo, terminó cruzándose con la del satélite.
Un cráter de 18 metros
Las estimaciones de la NASA apuntan a que el impacto habría generado un cráter de alrededor de 18 metros de diámetro y unos cuatro metros de profundidad.
Ahora serán las imágenes obtenidas por telescopios y orbitadores lunares las que permitan comprobar el alcance real del impacto y estudiar la nube de regolito —el material que cubre la superficie lunar— expulsada durante la colisión.
Para Hannah Sargeant, investigadora de la Universidad de Leicester, este tipo de sucesos no debería convertirse en algo habitual. "No es bueno enviar escombros a la Luna al azar. No deberíamos convertirlo en un hábito", en declaraciones publicadas en New Scientist.
La investigadora plantea además una cuestión que preocupa a parte de la comunidad científica: qué ocurriría si un impacto de este tipo alcanzara una zona de especial valor científico o alguno de los históricos lugares donde alunizaron las misiones del programa Apolo.
Las normas no son iguales para todos
Sargeant recuerda que tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea (ESA) están obligadas a planificar el final de la vida útil de sus misiones antes del lanzamiento, garantizando combustible suficiente para retirar de forma segura las naves o situarlas en órbitas controladas.
Sin embargo, asegura que las empresas comerciales todavía no están sujetas a las mismas exigencias, aunque ya existen iniciativas para desarrollar una regulación internacional más estricta sobre los residuos espaciales.
Una colisión con valor científico
Pese a las dudas que genera este tipo de impactos, varios especialistas consideran que la colisión permitirá obtener información muy valiosa sobre la evolución de la superficie lunar.
El investigador Roberto Bugiolacchi, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Macao, recuerda que la Luna lleva décadas recibiendo el impacto de sondas, módulos de aterrizaje y etapas de cohetes de numerosos programas espaciales, además de millones de años de bombardeo natural por asteroides.
A su juicio, un impacto cuyo tamaño, masa, velocidad y trayectoria son conocidos ofrece una oportunidad excepcional para comprender mejor cómo se forman los cráteres y cómo evolucionan las superficies de los cuerpos planetarios.
Mientras los científicos esperan las primeras imágenes del lugar del impacto, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el creciente desafío que supone gestionar los restos espaciales generados por la intensa actividad de exploración que vive actualmente el entorno de la Tierra y de la Luna.