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Acude a un restaurante español en Nepal, pide cuatro platos típicos y deja un claro veredicto

Acude a un restaurante español en Nepal, pide cuatro platos típicos y deja un claro veredicto

“Momento perfecto para empezar una serie de probando comida española por el mundo”

Guille Fletes prueba comida española en un restaurante de Pokhara (Nepal) durante su viaje por Asia.
Guille Fletes prueba comida española en un restaurante de Pokhara (Nepal) durante su viaje por Asia.TIKTOK

Hay antojos que cruzan continentes. Y luego está el de la comida española, que aparece sin avisar cuando llevas meses fuera y el cuerpo te pide algo más que arroz y especias. A eso se ha entregado Guille Fletes, creador de contenido de viajes, que ha decidido inaugurar serie y nostalgia en Pokhara, Nepal, entrando en un local con nombre prometedor y bandera emocional clara: El Bocaito Español y Olé!.

El plan era sencillo y ambicioso a partes iguales: sentarse frente al lago, pedir “comida española” y comprobar qué pasa cuando la tortilla viaja más de 7.000 kilómetros. “Momento perfecto para empezar una serie de probando comida española por el mundo”, anuncia nada más llegar, antes de pedir cuatro platos “después de llevar todos los días sin comer”. Dramaturgia correcta.

El primer asalto llega con la tortilla de patatas, acompañada de pan y alioli. La pinta no enamora —“tampoco tiene muy buena”—, pero el veredicto baja revoluciones: “No está mala. Hombre, no es una increíble, pero está bien”. No hay indignación patriótica. Hay resignación educada.

Le siguen unos huevos rotos sin jamón, pecado venial que compensa con nota: “Están bastante buenos”. El pimiento “sabe así como a pimiento de Padrón” y el conjunto se lleva un notable alto: “Le doy un 8. Le falta el jamón, pero bueno”. España resumida en una frase.

Las albóndigas juegan en otra liga. “Tienen un pintón”, avisa antes de probarlas. Y confirma: “Estos están bastante buenas. Me recuerdan bastante a las que puedes probar en España”. Nota final: “Un 9”. No es un diez porque “le falta un poco de pan”, que en esta historia es casi un derecho constitucional.

El cierre llega en forma de bocadillo —pollo, queso, tomate, lechuga y alioli— porque, como recuerda el propio Guille, “una de las partes fundamentales de la gastronomía española son los bocadillos”. “Está bueno”, sentencia, sin más épica de la necesaria.

La cuenta asciende a 2.390 rupias nepalíes, unos 14,25 euros. “No está mal”, concluye, sobre todo “para quitarse el antojillo después de tres meses”. El postre queda fuera del local: había helado y churros, y él lo tiene claro: “Yo personalmente no he comido churros en mi vida de postre”. La tarta de chocolate, en otro sitio.

Terraza con velas, mesas blancas, vistas al lago y una flamenca pintada vigilando la entrada. No es España, pero durante una cena lo parece lo justo. Y a veces, para sobrevivir lejos de casa, eso ya es bastante.