Ni el 7 ni el 8 de enero: esta es la fecha correcta para quitar el árbol de Navidad
Te puede parecer extraño, pero la tradición europea tiene una fecha que no gustaría nada a los más pequeños, fruto de interpretaciones bíblicas y superstición.

Se acabó lo bueno, se acabó la Navidad. Ahora toca el mes de rebajas, de los propósitos, del frío y la depresión, pero antes hay que quitar los adornos navideños y desmontar el belén y el árbol de Navidad. Para los que no les gustan estas fechas, casi no acabó el día 6 y ya estaban recogiendo; para los que la aman, se hacen los remolones y lo dejan unos días más, incluso semanas, pero ¿cuál sería el punto medio, la fecha "correcta"?
Puede parecer una cuestión baladí, pero tienen sus ramificaciones: ¿cuándo hay que quitar el árbol de Navidad sin romper la tradición? Aunque muchos lo hacen el 7 u 8 de enero por pura inercia, la respuesta clásica no está ahí, hay otras consideraciones como la superstición.
Sí, hay una fecha correcta hasta para quitar el árbol de Navidad, según la tradición más extendida en Europa: contrario a la intuición, sería en la noche del 5 al 6 de enero. Ni antes ni después. Y no es un capricho moderno: detrás hay siglos de simbolismo religioso, supersticiones populares y costumbres heredadas que explican por qué mantener el árbol más allá —o retirarlo antes— se consideraba mala idea.
Vale, todo eso está muy bien, pero sobre todo si eres padre o madre, dirás que a ver quién es tan cruel de quitar el árbol justo en la noche de Reyes, aunque en teoría no tiene que ver una cosa con la otra, ya que es Papá Noel quien deja los regalos en Nochebuena bajo esos árboles. Pero parece que hay zonas de Europa donde gana la superstición y tradición sobre el "bien" de los más pequeños.
El origen del árbol y por qué no se quita cualquier día
Algo tan extraño requiere una explicación histórica. El árbol de Navidad no es tan antiguo como parece. Llegó a los hogares europeos tras la adopción de una costumbre nórdica que acabó popularizándose en la corte inglesa y, desde ahí, se extendió por todo el continente. Con el tiempo, fue ganando protagonismo frente a otros símbolos, como el belén, y se convirtió en el centro visual de las fiestas.
En la tradición cristiana, el árbol se decoraba además con elementos naturales, como muérdago, acebo y hiedra, que tenían un fuerte valor simbólico. No eran simples adornos: representaban vida, protección y continuidad durante los meses más duros de invierno.
Pero todo esto tenía fecha de caducidad.
La noche del 5 al 6 de enero: la clave
Según la tradición, los adornos debe retirarse la duodécima noche después del 25 de diciembre, es decir, entre el 5 y el 6 de enero. Este momento coincide con el final del viaje de los Reyes Magos, que, según el relato bíblico, llegaron doce días después del nacimiento de Jesús con oro, incienso y mirra.
Las luces del árbol cumplían una función simbólica muy concreta: guiar a los Reyes Magos en su camino. Quitarlas antes significaba interrumpir ese viaje. Quitarlas después, alargarlo más de lo debido.
Por qué quitar el árbol tarde traía mala suerte
Aquí entra la parte más supersticiosa —y fascinante— de la historia. Desde al menos el siglo IV, se creía que los elementos naturales del árbol albergaban espíritus de la naturaleza. Durante el invierno, esos espíritus eran acogidos en los hogares como forma de protección mutua: la casa les daba refugio y ellos aseguraban fertilidad y prosperidad futura.
El problema venía después. Esos espíritus debían regresar a la tierra tras la Epifanía. Si los adornos seguían dentro de la casa pasado ese momento, se decía que los espíritus quedaban atrapados y se desvanecían. El resultado, según la creencia popular, es nefasto: la naturaleza no florecería correctamente y las cosechas sufrirían, con riesgo de hambrunas.
Entonces, ¿por qué algunos lo quitan en febrero?
Sí, hay más matices y ramificaciones. Las tradiciones nunca son únicas e inmutables y cada época o zona se "monta" la suya propia. En el siglo XVIII se popularizó otra fecha: el 2 de febrero, día de la Candelaria. Esta festividad conmemora la presentación de Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María, 40 días después del nacimiento.
Para quienes seguían esta costumbre, la Navidad no terminaba realmente hasta febrero, y las decoraciones podían mantenerse hasta entonces sin problema. De hecho, en algunos países europeos todavía hoy se considera una fecha "aceptable" para despedirse del árbol. Imagina la alegría que se llevarían los niños si supieran esto.
