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25/03/2018 11:16 CEST | Actualizado 25/03/2018 11:20 CEST

Cuando Clara Campoamor conquistó las TostaRica

TOSTARICA

Esta semana compartí una imagen ficticia en redes simulando que una conocida marca de galletas infantiles, TostaRica, lanzaba al mercado una nueva serie con dibujos de mujeres relevantes de la historia. Las imágenes de Malala, Virginia Woolf, Michelle Obama, Clara Campoamor y Frida Kahlo dibujadas con Photoshop hicieron que más de un padre y una madre se emocionaran fantaseando con la posibilidad de hablar de estas mujeres a sus hijos en el desayuno. En pocos minutos recibí decenas de mensajes preguntando en qué supermercado las había comprado e incluso llamadas de medios que querían saber si era verdad. Tuve que dar largas y eludir las peticiones de pruebas visuales. "Quizás no haya llegado aún a tu barrio...". "Lo siento, no puedo subir más fotos porque ya no estoy en casa". Las galletas con iconos femeninos eran falsificadas, pero el interés de las personas era real.

Desayuno estas galletas muchos días y estoy segura de que podría ser un soporte más para dar a conocer la olvidada historia las mujeres. Al parecer no soy la única que lo piensa: la foto llegó en 24 horas a más de 100.000 personas. Pero no todo fueron halagos, también surgieron dudas por parte de usuarios que veían en este gesto inventado una oportunidad de la marca para vender más. Y este es uno de los debates más interesantes sobre el feminismo en la actualidad: si debe o no estar en el mainstream y formar parte del sistema de consumo. "Clara Campoamor debería estar en los libros de texto y no en unas galletas" apuntaban algunos. "¡Eso no es feminismo sino marketing!" señalaban otros. No les faltaba razón, pero ¿es excluyente que las mujeres de la historia aparezcan en los libros de texto y también en las galletas? ¿Acaso no puede hacer el marketing nada por la igualdad?

La publicidad existe prácticamente desde que existen las imágenes. Cuando los artistas recreaban aquellos bustos de los reyes y escenas religiosas no lo hacían por voluntad propia sino porque alguien les pagaba para hacerlo: era una forma de promocionarse y de influir en las personas. Nuestro sistema de consumo también se basa en el marketing y esto probablemente no lo vamos a cambiar, lo que si podemos intentar es que aporte otro tipo de valores y sea más consciente de su impacto en la sociedad. Si nuestro objetivo es conseguir que tanto hombres como mujeres tengan los mismos derechos y oportunidades, algo fundamental es mostrar otros atributos de las mujeres, que no sean únicamente su aspecto físico. Generar imágenes de mujeres diversas (no sólo blancas, jóvenes y delgadas) que sean respetadas por sus logros y su profesión es algo muy necesario para transformar la cultura, se haga desde una película de cine, desde un spot de televisión o desde un libro de texto. Todo suma a la hora de normalizar y legitimar discursos que construyan sociedad más justa.

No hay que olvidar que un anuncio o un dibujo en una galleta es solamente un gesto. Un compromiso real implica revisar la situación de las mujeres trabajadoras en la empresa, si sus salarios son similares a los de sus compañeros en el mismo puesto, si existe paridad en puestos directivos, si se facilita la conciliación... Y como bien han apuntado muchos consumidores: si los ingredientes con los que se fabrican dichas galletas son buenos o no para nuestra salud. No debemos confundir el gesto con el logro total, pero sí podemos aplaudirlo siendo conscientes de lo mucho que nos queda por hacer.

No estoy segura de si TostaRica habrá sabido recoger la petición de miles de padres y madres que están deseando incluir la historia de las mujeres en la dieta de sus hijos. Yo me ofrezco para dibujarlas si se animan a realizar este bonito proyecto. Estoy segura de que si Clara Campoamor viviera hoy estaría feliz de lanzar su discurso también desde las galletas del desayuno. Puede que su imagen sirva para incrementar las ventas, pero si ayuda a que niños y niñas aprendan a convivir en igualdad, bienvenidas sean.

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