INTERNACIONAL
06/08/2013 10:05 CEST | Actualizado 06/08/2013 10:05 CEST

Malasia detiene a 10 miembros de una secta disfrazados de ninjas que reclamaban derechos al trono

GTRES

Diez personas vestidas de ninja han sido detenidas después de personarse en el palacio real de Malasia en un extravagante intento de reclamar el trono, ha informado este martes la policía del país.

Los invasores, que la prensa local señala como seguidores de un líder malayo musulmán que reclama ascendencia real, fueron detenidos por agentes de la policía en un enfrentamiento el lunes por la mañana en el palacio en Kuala Lumpur.

El oficial Ku Chin Wah ha señalado que las demandas del líder del grupo son "increíbles y fuera de lo común". "Su versión no tiene sentido. Afirmó que tenía una carta de nombramiento de Filipinas" ha dicho a los periodistas.

Ku se ha negado a identificar a los detenidos o su líder, oriundos del norteño estado de Kedah, en espera de los resultados de la investigación. Se investiga al grupo en base a una ley que prohíbe cuestionar la autoridad del rey, lo que puede acarrear cadena perpetua, y por manifestarse de forma ilegal.

Entre los detenidos hay dos mujeres y ocho hombres, incluido un niño de 11 años. La prensa malasia citó declaraciones de Ku en las que aseguraba que el grupo iba desarmado y portaba únicamente banderas del país y los documentos que supuestamente probaban la veracidad de sus reclamaciones.

El diario The Star asegura que, en uno de los documentos, el culto llama a la formación de un ejército de tres millones de efectivos para prepararse para la llegada del Mahdi, un redentor profetizado del Islam.

UN REY CADA CINCO AÑOS

Malasia tiene una organización jerárquica única, en la que los sultanes malayos musulmanes de los nueve estados del país se turnan para ocupar el trono, rotando cada cinco años. Los sultanes relacionan su linaje con sultanatos malayos del siglo XV.

El actual monarca es el sultán Abdul Halim Mu'adzam Shah, de 85 años. A pesar de que su papel es meramente ceremonial, el rey inspira un gran respeto al pueblo, especialmente entre la mayoría malaya.

No es la primera vez que se produce un suceso similar en Malasia protagonizado por sectas o cultos islámicos. En el año 2000, miembros de una secta de artes marciales que aseguraba a sus miembros que eran invulnerables a las balas, se disfrazaron de soldados y robaron más de 100 armas de dos arsenales militares.

Tres de los ladrones fueron ejecutados por planear una "guerra santa", y otros 16 fueron condenados a cadena perpetua por traición.

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