POLÍTICA
06/12/2014 09:59 CET | Actualizado 06/12/2014 09:59 CET

La Constitución celebra su 36 cumpleaños en pleno (y acalorado) debate sobre su reforma

GTRES

Camino de los cuarenta. La Constitución celebra este sábado su 36 cumpleaños en pleno momento de cambio generacional en el país -con visos casi de una segunda Transición- y en el que muchas voces reclaman revisar de manera inmediata los principios aprobados por los españoles en 1978 para reconectar con los ciudadanos.

Las apuestas van desde remodelar territorialmente España a través de la Carta Magna hasta iniciar un nuevo proceso constituyente. Planes como partidos. Y frente a ellos, la posición fija del Gobierno, que por ahora no está dispuesto a abrir el melón de la reforma a un año de las elecciones generales.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya ha negado en varias ocasiones, la última vez este jueves por teléfono, al PSOE la posibilidad de retocar la Constitución. El jefe del Ejecutivo está centrando sus esfuerzos en su plan por volver a ir del brazo con los ciudadanos en el paquete de medidas de regeneración democrática que defendió en el Congreso la semana pasada.

El jefe del Ejecutivo no ha mostrado en ningún momento durante esta legislatura la intención de encabezar una negociación sobre la Constitución. “Nunca me he negado a hablar de una reforma constitucional”, llegó a decir no obstante el presidente antes del 9-N cuando le preguntaron por la posibilidad de debatir sobre el encaje de Cataluña -uno de los temas que más empuja a la revisión del texto-. Pero el presidente ha marcado las líneas y ha defendido que debería ser Artur Mas quien planteara la modificación. Tras la celebración de la consulta, la relación se ha agriado todavía más y esta solución no la cita ninguno de los protagonistas.

El PP no va a permitir la creación de una subcomisión para la reforma constitucional, una iniciativa planteada por los socialistas en el Congreso. La dirección popular entiende que este tema no es la preocupación principal de los ciudadanos y se quiere centrar en lograr un acuerdo contra la corrupción. Desde La Moncloa se acusa al PSOE de hacer una propuesta vacía y sin un texto concreto, por lo que descartan un acuerdo con Ferraz, según ha dicho la propia vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

LA TABLA EN LA QUE SE AGARRA EL PSOE

Si el Gobierno y el PP se oponen a iniciar este proceso, el PSOE se ha agarrado a la reforma como su gran tabla de salvación. Los socialistas ven en un cambio de la Constitución la posibilidad de recuperar el terreno perdido.

Esa posible modificación pasaría por establecer un modelo federal -aquel en el que se delimitan claramente las competencias de todas las administraciones-. De esta manera, pretenden solucionar el problema catalán y ofrecer una alternativa en la que pudieran votar los ciudadanos. Los socialistas catalanes defienden ante sus compañeros del resto de España que toda solución debe pasar por una votación y la remodelación de la Carta Magna ofrece esta oportunidad.

Pedro Sánchez ha hecho suya la propuesta federal pactada por su antecesor, Alfredo Pérez Rubalcaba, y los barones durante el verano de 2013 y que se conoció como la Declaración de Granada.

El PSOE no quiere otra reforma sin urnas. La nueva dirección ve como una losa, o una piedra que les hunde todavía en el pozo, la negociación exprés del verano de 2011 del artículo 135. Aquel pacto con el PP para establecer el principio de estabilidad presupuestaria supuso la pérdida de un gran porcentaje de votos -un millón y medio según confiesan dirigentes como Nino Torre- y es el principal argumento de los que dicen que PP y PSOE son los mismo.

El nuevo líder socialista ha reconocido que aquella negociación fue un error y, por eso, trabaja en la redacción alternativa del artículo 135 de la Constitución, que no supondría renunciar al principio de estabilidad, pero que daría prioridad a la defensa del Estado del Bienestar.

El propio Sánchez, que entonces era un diputado raso, votó a favor de este artículo en aquella votación. Este giro le ha supuesto un enfrentamiento interno con parte del sector del zapaterismo que planificó y negoció el artículo en un momento en el que España estaba a punto casi de la quiebra y los mercados pedían ‘carnaza’.

EL RUNRÚN DE PODEMOS

Y la política ya no es cosa de dos. La crítica al artículo 135 se ha convertido en una constante desde el nacimiento de la formación Podemos, que heredó una reivindicación muy popular del 15-M y que le ha servido para sustentar el concepto de casta -los dos principales partidos pactando una reforma que no se pudo votar y que respondía a necesidades de los mercados-.

La formación de Pablo Iglesias aboga por un proceso constituyente, que implicaría la elaboración de una nueva Constitución-. El líder del partido apostó durante su proclamación por “abrir el candado” de la Carta Magna para romper un “régimen que se derrumba” y “un sistema corrupto”.

En la misma dirección empujan sus compañeros. El dirigente de Podemos Juan Carlos Monedero ha defendido un proceso “desde abajo” y “sin padres de la Constitución solventando problemas en restaurantes secretos”. Por ahora esta es la música, pero falta todavía la letra.

IU mira mientras de reojo a Podemos. Junto al PSOE, son los más perjudicados por la aparición de esta formación, y está a la espera de concretar futuras alianzas. Por el momento, intenta sacar adelante una reforma del artículo 135 para que se dé prioridad a los servicios públicos en vez de al pago de la deuda. Su margen de maniobra es menor, pero el cambio de la Carta Magna es una constante de su discurso político durante los últimos años.

Apenas queda un año para acabar la legislatura. La reforma de la Constitución se ha convertido en una constante en los titulares, pero el Gobierno ha frenado las intenciones del resto de partidos. Camino de los 37… y con el mismo traje.

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