POLÍTICA
07/04/2015 15:23 CEST | Actualizado 07/04/2015 16:28 CEST

Y Rajoy pone orden en la tropa (hasta mayo)

La Semana Santa no había dejado olor a incienso en la sede del PP en la calle Génova, más bien a chamusquina. ¡Vaya tropa!, como suele decir el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando se ponen levantiscos los suyos. Así que este martes el líder del partido ha puesto en orden al ejército popular, al que le flaquean las piernas cuando piensa en el resultado del 24 de mayo.

A poco más de un mes del inicio oficial de la campaña, Rajoy ha reunido a la Junta Directiva Nacional -el máximo órgano entre congresos y que no se había convocado desde hace dos años-. El mensaje ha sido claro: nada de enredar, sino a centrarse en ganar las elecciones vendiendo un discurso económico.

Ante los cerca de seiscientos miembros de la Junta, el presidente se ha puesto mitinero y, sobre todo, ha dictado el argumentario que deben repetir incansablemente durante estas semanas. Un dictado de profesor que no está dispuesto a que ningún alumno se subleve. Todos cuchichean en los pasillos, pero luego nadie se atreve a decirle nada al maestro. Esto no es La Mala Educación. Incluso, algunos toman notas literalmente, como el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo. Él es uno de los alumnos aventajados y quiere superar con matrícula la prueba de selectividad en Santiago... por si algún día le da la nota para entrar en Madrid.

En los muros de la calle Génova no se ha revivido la semana de pasión que ha tenido como ejes del martirio las divisiones del PP en Castilla-La Mancha y Andalucía. Un duelo de capataces entre Javier Arenas -que no dirige el PP-A pero manda mucho en la sombra- y María Dolores de Cospedal.

Antes de que Rajoy tomara la palabra, han hablado Cospedal y el ‘número tres’, Carlos Floriano, para analizar lo que se ha hecho durante la legislatura y los retos electorales, según fuentes del partido. El resto mira, escucha, interpreta, pero no dice nada. A la derecha de Rajoy está Cospedal, que mira de frente a las cámaras con camisa inmaculada. A la izquierda, Arenas, cabizbajo, que durante las fotografías apenas sonríe. Luego se calentará más y aplaudirá al presidente cuando hable.

"NO ENREDARSE"

¿Y que tenía que decirles el presidente? Que conviene “distinguir lo importante de lo que no es”, que no hay que “distraerse o dejar distraerse” con “cosas intrascendentes o irrelevantes”. “No enredarse con cosas que solo importan a 25”, les ha espetado a los presentes. “Sí, señor”, han gritado desde la sala. Las fans más efusivas del discurso del líder: la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y la líder del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho. Aplaudían con fuerza, con ademán, se miraban y, cuando se hablaba de la mejora del dato del paro, miraban hacia atrás buscando a la titular de Empleo, Fátima Báñez.

Eso sí, Rajoy solo ha nombrado personalmente durante sus cuarenta minutos de intervención a María Dolores de Cospedal. Un reconocimiento explícito a su secretaria general, que ha visto cómo su silla era puesta en duda por sectores del partido tras la debacle electoral en Andalucía.

“No voy a hacer un llamamiento a la unidad porque es un partido unido”, dice Rajoy. Cospedal le mira fijamente y el presidente del Gobierno se gana el aplauso más largo de la mañana.

Pero no era hoy el día en el que el jefe del Ejecutivo tuviera que encandilar a los suyos, sino que eran ellos los que tenían que ganarse de nuevo al líder después de la pelea de patio. El diputado del PP Vicente Martínez Pujalte ya lo había avisado al entrar en la sede del partido que había observado en los últimos días una competición por ver quién era “más amigo” del presidente. Le ha salido al paso Sánchez Camacho, también en declaraciones a los medios: “Cada uno tendrá los amigos que quiera. Somos ya muy mayorcitos para esas tonterías”.

Y toda la tropa ha cumplido con lo que pedía el presidente. Silencio, nada de críticas ante los periodistas ni ante él, unidad. El G-25 no ha ido al cuello este martes. Tocaba ser más azul que nadie. Hasta en las corbatas, como las de Rajoy y los ministros Cristóbal Montoro y Jorge Fernández Díaz.

Rajoy ha impartido la lección electoral a todos. Solo deben preocuparles dos cosas: consolidar la recuperación económica y los comicios. A los españoles deben vender que tienen “credibilidad en esa materia” y que no van a prometer nada en el futuro “que no estén haciendo”. Y todo bajo las siglas del PP. Nada de personalismos, les ha venido a decir, porque, a pesar de lo que muchos creen dentro del partido que por ahí deben hacer su campaña, es el Partido Popular el que les puede llevar a ganar en los comicios.

“Hemos gobernando con valentía y determinación”, ha proclamado Rajoy, que ha dicho frases ya pensadas para que sean repetidos en los más de 8.100 municipios de España de aquí a mayo. Les ha dejado claro también cómo se tienen que enfrentar a sus adversarios.

CONTRA "LAS PANDILLAS DE AMIGOS"

Los candidatos han apuntado las declaraciones: “Nuestra historia tiene más de 24 horas. Votarnos a nosotros no es hacer experimentos ni jugar a ruletas. No somos un foro de debate o una pandilla de amigos, ni nos nutrimos de quienes cambian de siglas en cada momento y buscando candidatos por cafeterías. Somos una organización que ha sabido gobernar y renovarse de manera permanente e inteligente”.

También ha querido referirse de pasada a otro de los interrogantes que se van a plantear a lo largo de esta semanas. ¿Con quién firmarán acuerdos para gobernar? Pues ha dicho que el PP quiere pactar con los españoles, “el voto se le pide a los ciudadanos”. Lo ha proclamado en minúscula, nada de colores anaranjados hoy en Génova. El 25 de mayo ya se hablará con otras tonalidades.

Más frases para los mítines: “El cambio de verdad llegó a España en 2011”. El presidente no les ha presentado ninguna propuesta para que vuelvan con ella casa, pero ha insistido en la idea que lanzó en el debate del estado de la nación de que en la próxima legislatura se podrán llegar a los veinte millones de puestos de trabajo si el PP continúa en La Moncloa y concluye las reformas que le faltan. Cuando se trata de medidas del Gobierno y guiños a los resultados de Moncloa, no hay quien aplauda más fuerte que Sáenz de Santamaría, que asiente con la cabeza cuando escucha a Rajoy mencionar que hoy se han pagado tipos negativos en un subasta del Tesoro y que España será el país de la zona euro que más crezca.

“El discurso” del PP, ha proseguido, debe ser que España está mejor que en 2011 y que el mundo “nos ve mejor ahora”. “¿Se puede dejar en manos de quienes destruyeron la economía o de quienes no han gobernado nunca?”. Es la pregunta que sus candidatos tendrán que decirles a los votantes. Para cuando los ciudadanos les critiquen la corrupción, el argumentario señala que deberán manifestar: “Estamos tan abochornados y escandalizados como vosotros”.

“Empieza una nueva etapa”. Aplausos. Todos en pie en la sala. Los periodistas mientras en la sala de prensa siguen vía plasma el discurso. No tocaba rueda de prensa, era el turno de la “unidad”.

Los únicos que han salido a hablar con los medios tras la reunion han sido los líderes regionales Feijóo (Galicia), Sánchez-Camacho (Cataluña) y Arantza Quiroga (País Vasco). Fieles al presidente, al partido y con ganas de evitar intrigas. La dirigente catalán incluso ha bromeado con la prensa con que invitaría a comer si no fueran tantos los periodistas.

Cospedal ha respirado más tranquila dentro hoy. El jefe no ha hecho ningún cambio, no es hora de ‘líos’. El partido se ha dado en público una tregua hasta las elecciones de mayo. Ahora todos a hacer campaña. Rajoy cogerá mañana el AVE hasta Ciudad Real para acompañar en un acto del partido a su ‘número dos’. Continúa el año electoral más largo de nuestra historia.

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