INTERNACIONAL
25/01/2017 19:13 CET | Actualizado 25/01/2017 20:41 CET

Trump firma la orden para construir el muro en la frontera con México

REUTERS

Si alguien tenía alguna esperanza de que la idea de Donald Trump de construir un muro en la frontera mexicana fuera una promesa de esas que se hacen en campaña y que luego caen en saco roto, que se vaya dando de bruces con la realidad. El presidente de EEUU cumplirá: sí lo construirá. Y estará más que orgulloso de ello. Así lo ha manifestado este miércoles, quinto día de su recién estrenado mandato, en el que ha firmado una orden ejecutiva para dar 'luz verde' a este polémico proyecto. Sigue así con su actividad frenética firmando órdenes ejecutivas que, además de polémicas, revierten la política efectuada por su antecesor en el cargo Barack Obama.

Antes de proceder a la firma de la orden, ha explicado en una entrevista con ABC News que su objetivo es el de comenzar a construirlo en cuestión de "meses" e insiste en que el país vecino reembolsará "el cien por cien" de los costes de esta obra, cuyos detalles sigue sin aclarar. "En cuanto sea físicamente posible", ha explicado.

Va a ser bueno para México. Queremos un México muy estable y muy sólido

En la misma línea se ha manifestado el portavoz de Trump, Sean Spicer, quien ha insistido en su rueda de prensa diaria que "de una manera u otra" México pagará por la "amplia barrera física". Sin entrar en detalles, Spicer ha explicado que se tomarán “pasos apropiados” para garantizar que llegan a EE UU por las “razones correctas” personas procedentes de países que suponen una “elevada preocupación” de seguridad. Además, ha explicado que dentro del plan para reforzar la frontera con México se aumentará el número de agentes y secrearán nuevos centros de detención para los inmigrantes aprehendidos en la frontera.

De esta forma, y aunque la planificación se iniciará "inmediatamente", las obras aún podrían retrasarse varios "meses", ha añadido Trump, que ve en este muro una herramienta contra el tráfico ilegal en la frontera. "Va a ser bueno para México. Queremos un México muy estable y muy sólido", ha afirmado.

Ya exista una divisoria física de casi 1.100 kilómetros: una valla cuya construcción se inició en 1994, con el gobierno de Bill Clinton, bajo el programa de lucha contra la inmigración ilegal conocido como "Operación Guardián", a cargo de la Fiscal General Janet Reno. Ahora, con el plan de Trump, se pasará a un muro que abre una etapa cargada de interrogantes, incluido qué tipo de relación quiere tener Estados Unidos con México. Atrás quedan los años de estabilidad, cooperación y, en definitiva, de calma entre ambos vecinos. De hecho, si Trump cumple con la orden ejecutiva para otorgar fondos para la construcción del muro, pasaría a convertirse en un punto álgido para el secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Luis Videgaray, quien precisamente este miércoles comienza una reunión de dos días con funcionarios estadounidenses, entre ellos el secretario de Seguridad Interna, el general John F. Kelly.

LAS RELACIONES CON MÉXICO

Desde México el mensaje que se sigue lanzando es conciliador: el presidente Enrique Peña Nieto ha dicho ya que se redefinirá la relación con el nuevo gobierno de Estados Unidos, en la que "México no cree en los muros. Nuestro país cree en los puentes".

Pero estas palabras parece que no han llegado a Trump, que con su anuncio vuelve a dar un duro golpe a Peña Nieto. Y tendrá consecuencias a corto plazo. Sin ir más lejos, la semana que viene, cuando está prevista la reunión entre ambos mandatarios para revisar la relación bilateral y el Tratado de Libre Comercio. Con el muro Trump lanza el aviso de que el vecino del sur no es un país seguro para las inversiones.

México no cree en los muros. Nuestro país cree en los puentes

Para México es, básicamente, la peor de las pesadillas. La entrada en el Tratado de Libre Comercio abrió las puertas a la modernidad e hizo pasar las exportaciones a Estados Unidos de 3.800 millones de dólares en 1994 a 20.000 millones en la actualidad. Y más allá de lo económico, implicó la entrada de un país con fuertes trazas de subdesarrollo en un área donde se sentía proyectada y con un porvenir. Ahora este tratado se hunde y la frontera se vuelve un muro.

Se repite, por tanto, lo que ya pasó a finales de agosto en su controvertida -y relámpago- visita a México, cuando el republicano humilló públicamente a su vecino. En aquella cita lo hizo a las pocas horas de haber estrechado la mano de Peña Nieto. En un multitudinario mitin en Phoenix (Arizona), cuando en Los Pinos se pensaba que la batalla estaba ganada, el magnate proclamó: “México pagará el muro. Al 100%. Todavía no lo saben, pero pagarán por el muro”.

Trump cumple con su promesa, pero la mayoría de los ciudadanos no cree que construirlo deba ser una de las prioridades de su política sobre inmigración. Así lo recogía un sondeo publicado a principios de diciembre por Pew Research Center, según el cual un 59% de los encuestados cree que construirlo es poco o nada importante y sólo un 23% cree que sea muy importante levantarlo como propone Trump.

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