POLÍTICA
22/05/2018 21:50 CEST | Actualizado 22/05/2018 21:52 CEST

El 'zaplanazo'

El día que se descubrió el pelotazo de Zaplana, el aznarismo se enfangó más y el PP volvió a caer en el mar de la corrupción.

EFE

La calle Pascual y Genís está en pleno centro de Valencia. El centro del centro, con el metro cuadrado por las nubes. Y hoy su pudiente vecindario se ha encontrado con la operación Erial de la UCO por blanqueo de capitales y cohecho. El objetivo: ¡la casa de Eduardo Zaplana! Se ha desvelado que el 'pelotazo' valenciano también se llamaba 'zaplanazo'.

Zaplana se había librado hasta el momento de imputaciones, había serpenteado los casos mientras caían los popes del PP valenciano durante las últimas décadas. Pero hoy la Guardia Civil le ha arrestado mientras salía a primera hora de su casa: luego un registro de más de cinco horas en su elegante piso y posterior traslado para investigar su casa en Benidorm (Alicante).

Detrás de todo hay una investigación coordinada por el juzgado número ocho de Valencia, en la que ha aflorado el supuesto cobro de unos diez millones de euros en comisiones ilegales recibidos por el Gobierno de la Generalitat en la época de Zaplana por adjudicación de contratos públicos. En el punto de mira: las adjudicaciones de las ITV y del plan eólico.

Un entramado en el que están implicados también empresarios como Vicente y José Cotino, sobrinos del antaño todopoderoso Juan Cotino. Además, figuran entre los detenidos Juan Francisco García, ex jefe de gabinete de Zaplana y ex presidente del club de baloncesto Estudiantes, y Joaquín Barceló, ex director de Relaciones Institucionales de Terra Mítica.

El fango del aznarismo

Otro mito caído del PP. Zaplana, aquel hombre crecido al calor de la efervescencia política y económica de la costa valenciana de los noventa, ocultaba una trama de saqueo público. Otra más del PP, que sigue acumulando más allá incluso de las que podían imaginarse. En las últimas semanas le siguen saliendo escándalos como las imputaciones de Cristina Cifuentes por el caso de su máster o de Alberto Ruiz-Gallardón, por el caso Lezo. Y hoy mismo hasta el secretario de Estado de Hacienda ha sido imputado por el caso de las fuentes cuando era alcalde de Jaén.

Imputaciones de ayer y hoy. Además, la detención de Zaplana vuelve a hundir la imagen del aznarismo. De aquella época se vendió el milagro económico de España, la entrada en el euro, la modernización de España... Ya no se escuchan aplausos para aquellos ministros Rodrigo Rato, Ángel Acebes, Jaume Matas, Federico Trillo. Esa España de la burbuja y del pelotazo que ahora pasa por los juzgados a ritmo de tarjetas black o de ayudas a Nóos.

Solo quedan Mariano Rajoy y Javier Arenas en primera línea de aquella época. Hoy el presidente ha guardado silencio, se ha limitado en un acto a decir "muy bien, gracias" cuando le intentaban sonsacar algo sobre Zaplana. Los dos compartieron gabinete y Rajoy le confío la portavocía del PP tras perder el Gobierno en 2004. Entonces se convirtió en su ariete más agresivo, que disparaba al PSOE con la teoría de la conspiración y el 'España se rompe'. Luego los que rompieron fueron ellos dos tras el fracaso de 2008.

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El exceso valenciano

Y es que la historia de Zaplana también es la historia del exceso fallero del PP en la Comunidad Valenciana. Una novela de éxitos electorales, pero que escondía detrás megalomanía, comisiones y ansiosos empresarios con ansias de hacer dinero.

En actos y mítines se mezclaban políticos como Carlos Fabra, Rita Barberá, José Luis Olivas, Sonia Castedo, Francisco Camps, Eduardo Zaplana, Juan Cotino, Milagros Martínez 'La Perla', Alfonso Rus... con personajes como Francisco Correa, Álvaro Pérez 'El Bigotes' y los sobrinos de Cotino. Dos décadas de votos y de 'eriales' de corrupción. Hasta se ha reconocido en sede judicial esa financiación irregular del partido.

Hoy el PP valenciano recuerda con pavor aquellos años, pero a la vez se sabe hundido electoralmente. Todo ello con un gobierno autonómico ahora del PSOE y Compromís, que confía en volver a repetir la fórmula en 2019, y con un Ciudadanos al alza en las encuestas. Hoy desde Podemos, en alto, y algunos del PP por lo bajo, se ha intentado vincular la expansión de Ciudadanos con afines a Zaplana precisamente.

La calle Génova ha intentado frenar el daño de manera inmediata. Antes incluso de tomar la decisión, el coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, anunciaba en los pasillos del Congreso que lo iban a suspender de militancia. Se vuelve a la teoría que son cosas del pasado, que no tienen nada que ver con la actual dirección. Rajoy es experto en este tipo de intervención.

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Pero por mucho que se intente esconder, el PP es consciente de Zaplana es el segundo presidente de los cuatro que ha tenido en esa comunidad detenido y el tercero investigado por la Justicia. La Comunidad Valenciana era su gran símbolo, junto a Madrid, donde tampoco se salvan con las imputaciones de Ignacio González, Alberto Ruiz-Gallardón y Cristina Cifuentes. Sus grandes feudos son hoy paradigma de tramas corruptas.

En el caso Erial, la operación se ha desencadenado al detectarse la repatriación de parte de ese dinero que estaba oculto en paraísos fiscales. La Guardia Civil tiene ahora más material después de llevarse varias cajas con material de la casa de Zaplana, además se han requisado dos coches de alta gama.

La detención de Zaplana ha supuesto también el fin inmediato de su relación laboral con Telefónica, la empresa en la que recaló tras su salida de la política en 2008. Hoy sus compañeros del PP intentaban pasar de puntillas e incluso algunos no les sorprendía la detención. El portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, que siempre ha secundado la dura oposición, ha dicho que no se sentía decepcionado por Zaplana: "No tengo sentimientos de ese tipo".

Todo con el ritmo del venerado Julio Iglesias, al que Zaplana contrató para promocionar la Comunidad Valenciana: "soy un truhán, soy un señor..."

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