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08/06/2018 07:36 CEST | Actualizado 08/06/2018 15:00 CEST

El documental sobre moda que deberías ver aunque no te interese la moda

'McQueen' ofrece una perspectiva íntima de la vida y carrera del diseñador Alexander McQueen.

VÉRTIGO FILMS

Lee Alexander McQueen (1969-2010) pagó sus primeras colecciones con el dinero del paro, sus modelos desfilaban gratis y se rodeaba de sus amigos de confianza para dar vida al torrente de ideas que brotaban en su cabeza. Hoy, ocho años después de su muerte, su firma forma parte de Kering, uno de los conglomerados de lujo más importante del mundo, y viste a mujeres de la alta sociedad como Kate Middleton.

Los desfiles de Alexander McQueen siempre fueron lo menos parecido a seguir las reglas y el protocolo. Las únicas normas que acataba el diseñador británico nacido en el este de Londres eran las de su imaginación y sus vivencias personales, a las que recurría continuamente para nutrir sus colecciones. Él mismo decía que eran una especie de "exorcismo" para sus propios demonios. De todo esto y de su llegada a lo más alto habla el documental McQueen, dirigido por Ian Bonhôte y Peter Ettedgui, que se estrena en las salas españolas este viernes 8 de junio.

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Una cinta con testimonios de personas cercanas a McQueen como su hermana Janet o el que fuera su ayudante Sebastián Pons. Sus declaraciones trazan un relato sobre la personalidad del diseñador y sobre lo que sucede entre bambalinas. Además muestran la presión a la que están sometidos constantemente algunos creadores hasta que dicen basta. Alexander McQueen lo hizo el 11 de febrero de 2010, en la víspera del funeral de su madre. Con él se iba una de las mentes más creativas y también atormentadas de la moda, y una figura fundamental en la industria en los noventa y principios del siglo XXI.

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Lee, así lo llamaban los más cercanos, pasó de la promesa rebelde del Londres más obrero a estrella, innovador y revolucionario de la moda en grandes capitales como París. Su ascenso fue meteórico, pero se lo fue ganando paso a paso, colección tras colección. Desgranamos siete desfiles que marcaron que su trayectoria.

La violación de las tierras altas (Otoño/Invierno 1995)

McQueen reunió en el Museo de Historia Natural de Londres a cientos de periodistas y figuras importantes de la escena londinense que no querían perderse su desfile. En Violación de las tierras altas, el diseñador hizo referencia a su ascendencia escocesa, centrándose en la represión de Inglaterra a Escocia. Modelos con vestidos de tartán rasgado dejando el pecho a descubierto como recién salidas del campo de batalla desfilaban por la pasarela ante las miradas de shock de muchos asistentes.

Al día siguiente acaparó multitud de titulares que lo acusaban de misoginia, pero él respondió tajante: "Estaba cerca de mi hermana mayor que fue duramente golpeada por su esposo. Y cuando tienes ocho años y estás viendo a tu hermana estrangulada por su esposo, quien ahora está muerto gracias a Dios, todo lo que quieres hacer es lograr que las mujeres sean más fuertes. Quiero que la gente tema a las mujeres a las que visto". McQueen pretendía utilizar su pasarela como un altavoz para contar una realidad que existe pero que no siempre se muestra.

En busca del vellocino de oro (Primavera/Verano, Alta Costura, 1997)

Un jovencísimo Alexander McQueen tomó las riendas de Givenchy tras la corta pero intensa labor del también británico John Galliano en la firma. El estilo arriesgado de McQueen contrastaba con la norma de la casa francesa y muchos desearon verlo fracasar. El diseñador británico y su equipo pasaron de la ilusión desbordante de los comienzos al estrés y la presión. Durante su primer desfile, en la Escuela de Bellas Artes de París, McQueen presenta una colección que intentaba mezclar la tradición de la alta costura de Givenchy con su talento revolucionario.

Basada en la mitología, todas las prendas eran en blanco y dorado, y mención aparte merecen algunos tocados como el que lució Naomi Campbell haciendo referencia al Minotauro. Sin embargo la prensa especializada no vio con buenos ojos su debut y le dedicó titulares como: "Un desastre. Punto". La colección envejeció bien, y hace unos años algunas firmas se inspiraron muy literalmente en una de sus piezas.

It's a jungle out there (Otoño/Invierno 1997)

Fue su respuesta tras todas las críticas después de su primer desfile en Givenchy. Volvía el McQueen más transgresor, que reunió a los asistentes en el Borough Market de Londres, donde un coche se prendió fuego accidentalmente en medio del desfile. Lejos de arrugarse, las modelos siguieron desfilando con el maquillaje y los peinados que les otorgaban un aspecto felino inspirado en la novela La isla del Dr. Moreau, de H.G. Wells, que creaba humanoides a partir de animales.

Cuero, tejido vaquero y colores ácidos llenaron la pasarela a ritmo de música techno, impregnada de la sensualidad característica de McQueen, aunque en esta ocasión mucho más sutil.

N.13 (Primavera/Verano 1999)

Los robots se adentraron en la moda y McQueen presentaba una colección plagada de cinturones de piel, corsés y prendas que se inspiraban en las piezas ortopédicas del hospital Queen Mary de Londres, uno de los primeros en innovar en este campo tras las Primera Guerra Mundial. De hecho, la atleta y actriz Aimee Mullins, que sufrió la amputación de las dos piernas, fue una de sus modelos y desfiló con unas prótesis de madera que a simple vista parecían botas. "Tienen muchísima dignidad, y no hay mucha dignidad en la moda", comentó McQueen sobre las personas con discapacidad. "Simplemente quiero que se les trate como al resto", sentenció.

El desfile terminó con la modelo Shalom Harlow bailando sobre una plataforma circular mientras dos robots hacían lo mismo a la vez que pintaban con spray negro su vestido blanco. Esta sobrecogedora danza terminaba con la modelo mirando al público, y prácticamente desmayándose ante él. Una imagen grabada en la retina de todos los amantes de la moda y que hizo llorar por primera vez en un desfile al propio McQueen.

Voss (Primavera/Verano 2001)

En su desfile más ambicioso hasta la fecha, McQueen colocó una enorme caja con paredes de vidrio en medio del depósito de la estación londinense de autobuses de Victoria. Las modelos, encabezadas por Kate Moss, comenzaron a salir, pegándose contra los cristales, desorientadas, sin ver al público. Entre las 72 salidas de colección se podía observar el gusto del diseñador por las aves, y los vendajes que llevaban las modelos en la cabeza parecían los de algunos post operatorios o de hospitales psiquiátricos.

Una muestra de que aquello que a primera vista es feo o desagradable puede estar lleno de belleza, una máxima de McQueen a lo largo de su carrera. El diseñador londinense buscaba impactar y para terminar su espectáculo las paredes de otra caja que estaba dentro de la gran estructura de vidrio se desplomaron. Para sorpresa de todos apareció la escritora Michelle Olley, desnuda, conectada a un aparato de respiración y rodeada de polillas. "Soy lo que más temen: la grasa", declaró Olley haciendo referencia a los cánones de belleza de la industria de la moda.

La dame bleue (Primavera/Verano 2008)

Un homenaje a Isabella Blow, la que había sido su mentora en los inicios de su carrera. Pese a que la relación entre musa y genio se había enfriado en los últimos años, la muerte de Blow supuso un duro golpe para McQueen. El diseñador colaboró con Philip Tracey, diseñador de sombreros y el otro gran protegido de Blow, para dar forma a una colección que respiraba el estilo de su musa por los cuatro costados.

Imponentes tocados, aves, colores vivos y modelos desfilando con una actitud arrolladora. Las prendas eran una celebración de la capacidad de Blow de transformarse en un personaje diferente a través de su ropa.

Plato's Atlantis (Primavera/Verano 2010)

Una verdadera revolución. Así calificó el que sería el último desfile de McQueen en vida la prensa especializada. De nuevo unos robots apuntando a los asistentes, que comenzaron a ver sus caras en las enormes pantallas que se habían colocado para la ocasión. Después emergieron las modelos, vestidas con zapatos imposibles, con un maquillaje con rasgos anfibios y con una mezcla poderosa de estampados. Piel de serpiente, escamas, corales, medusas todo unido en armonía gracias a la tecnología y a la impresión digital en telas.

Un portento de innovación que muchos afirmaron fue la entrada definitiva del mundo digital en la moda, algo que satisfacía el deseo del diseñador de que todo fuera nuevo en ese desfile, incluso retransmitirlo en directo online, algo normativo en la actualidad. McQueen decía que su última colección debía ser la mejor, la más revolucionaria, y así fue. La crítica Suzy Menkes escribió en su día que había sido "la revolución más dramática de la moda del siglo XXI". Plato's Atlantis es historia de la moda, con mayúsculas.

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